La frase atribuida a Joseph Goebbels, “Una mentira repetida mil veces se convierte en verdad para las masas”, resuena con fuerza en el discurso político actual. Este concepto, utilizado por el propagandista de Adolf Hitler, fue clave para convencer al pueblo alemán de su supremacía y de la creación de un Tercer Reich que perduraría mil años.
Históricamente, el Primer Reich, que existió entre 800 y 1806, y el Segundo Reich, de 1871 a 1918, sentaron las bases de una narrativa que Goebbels perfeccionó, fundamentándose en la psicología de masas y en los estudios de Sigmund Freud. Su estrategia se centraba en la calidad de las mentiras que se difundían, asegurándose de que fueran plausibles y difíciles de desmentir.
Un claro ejemplo de su manipulación fue la afirmación de la superioridad de la raza aria, que se sustentaba en la realidad de que Alemania era una de las naciones más poderosas de su tiempo. Otra de las falacias más peligrosas fue la justificación del exterminio de los judíos, en parte alimentada por la percepción de su éxito económico.
En contraste, en la actualidad, las afirmaciones de que el sistema de salud en México es superior al de Dinamarca o que la inseguridad está bajo control, parecen ser burdas distorsiones de la realidad. Regiones como Sinaloa, Guanajuato y Chiapas enfrentan niveles de violencia alarmantes, lo que contradice la narrativa oficial.
Goebbels enfatizaba la necesidad de construir un discurso creíble, algo que, según algunos críticos, parece faltar en la administración actual. La inteligencia para crear una narrativa efectiva es fundamental, y su ausencia podría ser un desafío para el futuro del país.
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