El Festival del Mar 2026, realizado en Coatzacoalcos, atrajo a 125 mil asistentes durante sus tres días de actividades, generando una derrama económica de 48.5 millones de pesos y una ocupación hotelera del 75 por ciento. Este evento representa un impulso significativo para una ciudad que ha buscado revitalizar su economía y turismo.
Desde el 7 hasta el 9 de agosto, Coatzacoalcos se llenó de familias y visitantes que disfrutaron de un variado cartel artístico que incluyó a Nicho Hinojosa, Manuel Turizo, el tenor veracruzano Javier Camarena, Natalia Jiménez y Las Tres Grandes. Sin embargo, el impacto del festival va más allá de los espectáculos.
La actividad económica generada abarcó alrededor de 250 negocios, incluyendo hoteles, restaurantes y comercios locales, que se beneficiaron de la afluencia de visitantes. Esta dinámica resalta la importancia de eventos como este, que no solo se miden por la cantidad de asistentes, sino por el movimiento económico que generan en la comunidad.
El presidente municipal ha planteado el objetivo de devolver a Coatzacoalcos su liderazgo regional a través de actividades culturales y musicales que fomenten la convivencia y beneficien a los sectores productivos. La ocupación hotelera del 75 por ciento es un indicador clave, ya que cada habitación ocupada representa un flujo de visitantes que consumen y utilizan servicios locales.
El Festival del Mar debe convertirse en una tradición anual, una marca que atraiga a más visitantes de otras partes de Veracruz y del país. Para lograrlo, será fundamental mejorar cada edición, medir resultados y transparentar costos, así como evaluar el impacto en comerciantes y prestadores de servicios.
A pesar de los desafíos, como la reprogramación del concierto de La Arrolladora Banda El Limón debido a condiciones climáticas adversas, el evento demostró la voluntad de mantener el contacto con el público. Coatzacoalcos necesita empleo, inversión, turismo y cultura, y el Festival del Mar puede ser una pieza clave en este rompecabezas.
Con 125 mil asistentes y una derrama económica significativa, el festival no debe ser visto como un gasto, sino como una inversión en el futuro de la ciudad, que tiene mucho que ofrecer y que puede volver a mirar hacia el mar como un símbolo de identidad y oportunidad.
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