La propaganda política a menudo busca convencer, pero también puede intentar borrar la memoria colectiva. El PRI, con mensajes como “Basta ya de la simulación democrática” y “Por la defensa de nuestra democracia y nuestras libertades”, parece construir su imagen sobre un olvido intencionado de su propia historia.
Es sorprendente que el partido que dominó el régimen político más prolongado de México se presente como víctima de un autoritarismo que él mismo ayudó a forjar. Durante más de setenta años, el PRI controló prácticamente todos los espacios de poder, incluidos los órganos electorales y gran parte de los medios de comunicación, y ahora intenta posicionarse como el defensor de las libertades.
La historia no desaparece. Al hablar de libertad de expresión, el PRI ignora que bajo sus gobiernos, periodistas fueron perseguidos, censurados y asesinados. Las voces críticas eran silenciadas a través de la presión económica y la violencia. Muchos medios desaparecieron por incomodar al poder presidencial.
Hoy, México experimenta un nivel de crítica política sin precedentes. Las redes sociales, programas de televisión y columnas periodísticas son espacios donde el presidente y otros funcionarios son objeto de descalificaciones que no habrían sido toleradas en el pasado priista.
El PRI también afirma defender la democracia, pero ¿cuál democracia? ¿La de los fraudes electorales de 1988? Durante décadas, el país no conoció una competencia democrática genuina, sino un sistema que garantizaba la continuidad del partido en el poder. Mario Vargas Llosa lo describió como “la dictadura perfecta”, un régimen con instituciones democráticas pero controladas por un solo partido.
La propuesta del PRI de ser una “oposición responsable” resulta poco creíble. La responsabilidad política implica construir acuerdos en beneficio del interés general, no utilizar el Congreso para preservar cuotas de poder. La actuación del PRI frecuentemente responde a conveniencias políticas, lo que se traduce en un oportunismo que desdibuja su compromiso con la democracia.
Además, el llamado a avanzar en libertades es cuestionable, dado que los gobiernos priistas utilizaron el aparato del Estado para controlar la vida política y económica del país. Durante esos años, se consolidaron fortunas al amparo del poder público, y la corrupción se convirtió en un modelo político.
Aunque México enfrenta problemas como la inseguridad y la corrupción, la crítica pierde credibilidad cuando proviene de quienes fueron parte de los vicios que ahora denuncian. La democracia necesita memoria, porque sin ella, cualquier campaña puede intentar convertir a los responsables de la simulación en sus supuestos salvadores.
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