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Crisis en la UNAM y su impacto político

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Crisis en la UNAM y su impacto político

La reciente controversia por el examen de admisión en línea de la UNAM ha puesto a la universidad en una situación delicada. Tras la publicación de los resultados el 17 de julio, se observó un aumento inesperado en el porcentaje de aspirantes que lograron más de 100 aciertos, que pasó del histórico 3.5% al 16.3%. En la carrera de Medicina, los puntajes altos saltaron del 9% al 29.3%.

Este fenómeno no se debió a una mejora en la educación, sino a una anomalía que llevó al rector Leonardo Lomelí Vanegas a formar una comisión técnica de 16 expertos y a suspender las inscripciones. Las sospechas apuntan a trampas masivas facilitadas por inteligencia artificial y la venta de respuestas a través de plataformas como TikTok y WhatsApp.

El escándalo también pone en tela de juicio a Territorium Life, la empresa encargada de la plataforma del examen, que había sido contratada sin licitación pública. Esta compañía ya tenía antecedentes problemáticos en Colombia, donde fue criticada por retrasos y penalizaciones en su trabajo. A pesar de esto, ha acumulado contratos por más de 218 millones de pesos con diversas instituciones públicas en México.

La situación plantea interrogantes sobre la necesidad del gobierno de la 4T de crear un escenario de crisis. Aunque no hay pruebas concluyentes de un sabotaje orquestado, el contexto sugiere que la administración federal podría haber aprovechado las vulnerabilidades tecnológicas de la UNAM.

Durante el 27 al 29 de julio, la presidenta Claudia Sheinbaum abordó el tema en tres conferencias matutinas, un hecho inusual para un asunto que debería ser autónomo. Su mensaje, aunque respetuoso, criticó la falta de preparación de la universidad, alineándose con una narrativa que busca debilitar la imagen de la UNAM.

Este patrón de presión sobre la universidad no es nuevo. Desde recortes presupuestales hasta intentos de reforma, el gobierno ha mostrado interés en transformar la autonomía de la UNAM. Aunque no hay evidencia de un plan de sabotaje, la conveniencia de la crisis para el gobierno es innegable, sugiriendo un posible intento de desprestigio hacia la máxima casa de estudios.

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