Cada minuto, 38 toneladas de alimentos son desechadas en México, una cifra alarmante que pone de manifiesto una grave falla en el sistema alimentario del país. Mientras 28 millones de mexicanos enfrentan carencia alimentaria, se desperdician más de 30 millones de toneladas de comida al año en supermercados, restaurantes y hogares.
Gran parte de este desperdicio proviene de productos que son perfectamente comestibles, pero que se descartan por criterios comerciales, estándares estéticos o fallas logísticas. Según la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat), el problema se presenta en toda la cadena de suministro, desde la producción agrícola hasta el consumidor final.
Los agricultores pierden cosechas enteras por la falta de compradores o por no cumplir con los estándares de exportación. En los supermercados, se desechan productos cercanos a su fecha de caducidad o con empaques dañados. En los hogares, el exceso de compras y la falta de planificación llevan a que se tire comida innecesariamente.
La Red de Bancos de Alimentos de México (Red BAMX) ha recuperado más de 180 millones de kilos de excedentes al año, beneficiando a 2.5 millones de personas. Sin embargo, esta cifra representa solo una pequeña parte del total de desperdicio.
Para abordar esta crisis, se proponen varias soluciones. Primero, es necesario fortalecer la Red BAMX, expandiendo su cobertura a más municipios y ofreciendo incentivos fiscales a empresas que donen alimentos. Segundo, se requiere una Ley Federal de Aprovechamiento de Alimentos que proteja a los donantes y establezca metas de reducción de desperdicio.
Además, se pueden implementar incentivos económicos, como descuentos en productos próximos a caducar, y crear una certificación “Cero Desperdicio” para empresas que cumplan con metas de reducción. También es fundamental fomentar la educación sobre el desperdicio alimentario desde la escuela y promover cambios culturales en los hábitos de consumo.
La tecnología puede jugar un papel clave en la reducción del desperdicio, mediante sistemas de inventario en tiempo real y aplicaciones que conecten donantes con bancos de alimentos.
Desde el hogar, los ciudadanos pueden contribuir planificando sus compras y utilizando métodos como el FIFO (First In, First Out) para organizar sus despensas. El desperdicio de alimentos no solo representa una tragedia humanitaria, sino también un desastre económico y ambiental, generando pérdidas de más de 100 millones de pesos al año.
El “Pacto por la Comida” de BAMX busca reducir el desperdicio en un 50% en la próxima década, una meta ambiciosa pero alcanzable si se combinan regulación, incentivos, educación y tecnología. La cuestión no es si México puede permitirse actuar, sino si puede permitirse no hacerlo, mientras millones de mexicanos siguen sin acceso a alimentos.
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