Un devastador terremoto de magnitud 7.4 sacudió el occidente de Colombia el 10 de agosto, dejando un saldo trágico de al menos 73 fallecidos y múltiples heridos. El epicentro se localizó cerca de San José del Palmar, en el departamento del Chocó, y el movimiento se sintió en gran parte del país, así como en Ecuador y Panamá.
Las ciudades de Pereira, Cali y Manizales reportaron severos daños, con el colapso de numerosos edificios y afectaciones en la infraestructura pública y hospitales. Las labores de rescate continúan y las cifras de víctimas podrían aumentar a medida que se evalúan los daños.
Desde Estados Unidos, el secretario de Estado, Marco Rubio, manifestó que el gobierno está monitoreando la situación y dispuesto a ofrecer apoyo humanitario. “Washington está monitoreando de cerca el gran terremoto que golpeó Colombia y está listo para apoyar al pueblo de Colombia”, escribió en redes sociales.
La presidenta de México, Claudia Sheinbaum, también expresó su solidaridad y aseguró que el Gobierno mexicano está preparado para brindar asistencia si las autoridades colombianas lo requieren.
El presidente de El Salvador, Nayib Bukele, ofreció enviar equipos de rescate y médicos, destacando que su gobierno está listo para actuar en caso de que se solicite ayuda. “Nuestras oraciones están con las familias de quienes perdieron la vida”, comentó Bukele.
Ecuador, a través de su presidente Daniel Noboa, ofreció equipos especializados para las labores de rescate, incluyendo un equipo USAR con rescatistas y perros entrenados. Otros países de la región, como Guatemala, Costa Rica y Honduras, también han manifestado su apoyo a Colombia en este momento crítico.
Brasil y Venezuela, aunque aún lidiando con sus propios desafíos, también han ofrecido asistencia. La magnitud del desastre ha llevado a las autoridades colombianas a instar a la población a mantenerse alejada de estructuras dañadas y a estar alerta ante posibles réplicas.
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