La situación actual de la administración de Andrés Manuel López Obrador y su partido, Morena, se asemeja a una historia que circula en Tabasco sobre una anciana que, al ser preguntada por la salud de su enfermo, respondió que ya podía comer de todo, revelando que estaba desahuciado. Esta anécdota refleja la percepción de que la 4T ha perdido su rumbo.
A pesar de su papel como pionero en la transición democrática, López Obrador también ha sido criticado por socavarla. La falta de respeto a la ley ha llevado a un clima de incertidumbre, donde el Poder Judicial es objeto de burla y el Legislativo se ha convertido en un espacio para insultos y pleitos. La titular del Ejecutivo intenta, sin éxito, aclarar la situación.
El discurso de la presidenta, que afirma que “por encima de cualquier nombre, de cualquier grupo y de cualquier interés particular, está el pueblo y la nación”, debería ir acompañado de acciones concretas. Es fundamental que se prioricen las instituciones sobre los individuos que las dirigen.
Para lograr un cambio real, es necesario un pacto de concordia que trascienda los compromisos partidistas. Aristóteles ya señalaba que la concordia se logra cuando los ciudadanos están de acuerdo en lo que les conviene y actúan en conjunto.
Además, se requiere una renovación del aparato gubernamental, recuperando el profesionalismo y la dignidad del servicio civil. Los cargos públicos no deben ser utilizados para recompensar lealtades, sino para cumplir con el deber.
Es urgente restaurar la imparcialidad de los órganos electorales y corregir el rumbo de la administración pública, lo que exige una voluntad firme y un liderazgo ético-político sólido.
Por último, si se realizara una encuesta imparcial sobre si Claudia Sheinbaum es presidenta por mérito propio o por designación, es probable que la respuesta sea clara. El reto es convencer a la población de que hay un liderazgo adecuado al frente del país, superando el debate entre la ley y el sentido común.
Información vía fuente original



