La FIFA enfrenta una de sus crisis más significativas desde la Copa Mundial de 2026. La controversia se centra en una propuesta de su presidente, Gianni Infantino, para establecer una nueva estructura empresarial que permitiría la inversión privada en los derechos comerciales de sus principales competencias, incluida la Copa del Mundo.
El proyecto, denominado FIFA Forward Enterprise (FFE), busca crear una empresa que administre los activos comerciales de torneos como el Mundial y el Mundial de Clubes. Parte de esta nueva entidad se abriría a inversionistas privados, con el argumento de aumentar los ingresos y redistribuir mayores recursos entre las 211 asociaciones miembro de FIFA.
Según medios internacionales, la propuesta podría generar alrededor de 20 mil millones de dólares a través de la venta parcial de estos activos. FIFA asegura que los fondos fortalecerían los programas de desarrollo del futbol a nivel global.
Sin embargo, la Unión de Asociaciones Europeas de Futbol (UEFA) reaccionó de inmediato, emitiendo un fuerte pronunciamiento contra la gestión de Infantino. La UEFA advirtió que la propuesta “cruza una línea que las instituciones rectoras del futbol nunca deberían cruzar” y cuestionó la falta de transparencia sobre los inversionistas y la distribución de los recursos generados.
La Confederación de Norteamérica, Centroamérica y el Caribe de Futbol (Concacaf) también expresó su preocupación, señalando que conocieron la iniciativa a través de medios de comunicación y no por los canales oficiales de FIFA. La Federación Inglesa de Futbol (FA) manifestó reservas sobre la propuesta, pidiendo información adicional antes de tomar una decisión.
Las críticas aumentaron tras la revelación de que las asociaciones nacionales recibieron una carta de Infantino, otorgándoles hasta el 19 de septiembre para decidir si apoyan el proyecto. Este mensaje fue interpretado por algunos analistas como una presión para conseguir el respaldo de las federaciones.
Esta controversia se suma a otras críticas que la FIFA enfrentó durante el reciente Mundial, donde se cuestionó su gestión disciplinaria y el manejo de restricciones migratorias que afectaron a aficionados. Infantino, por su parte, defendió la organización del torneo en redes sociales, sugiriendo que sus críticos estaban “consumidos por el odio” y no pudieron apreciar lo que él consideró “el mejor espectáculo del mundo”.
Desde su llegada a la presidencia en 2016, Infantino ha prometido transformar la FIFA tras los escándalos de corrupción de su predecesor, Joseph Blatter. Sin embargo, su propuesta de abrir activos comerciales a la inversión privada ha generado una creciente división dentro del organismo.
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