Keiko Fujimori asumirá la presidencia de Perú el 28 de julio, convirtiéndose en la novena presidenta del país en la última década. Su victoria, obtenida con una diferencia de 49,641 votos, menos del 1%, refleja un país polarizado y un contexto de inestabilidad política. La futura presidenta, hija del expresidente Alberto Fujimori, ya está organizando la transición de mando, estableciendo la Oficina de la Presidenta Electa para facilitar el proceso.
La elección de Fujimori se dio 22 días después de la segunda vuelta electoral, en medio de denuncias de fraude. A pesar de que el voto extranjero favoreció a la derecha, el resultado evidencia una sociedad dividida, especialmente entre las regiones andinas y la costa norte, lo que será crucial para su gobierno.
Durante la proclamación, Fujimori expresó: “Hoy comienza una nueva etapa para el Perú, una etapa de responsabilidad, de diálogo y de resultados”. Sin embargo, el politólogo Fabián Calla Suárez advierte que el negacionismo ha sido un pilar del fujimorismo, lo que podría obstaculizar una reconciliación con sectores que han criticado el legado de su padre.
Para muchos peruanos, la llegada de Fujimori representa una oportunidad de recuperar la estabilidad tras años de crisis política. Sin embargo, Calla Suárez señala que la idea de estabilidad es ambigua, cuestionando a qué tipo de estabilidad se refieren. La gobernabilidad de Fujimori dependerá de su capacidad para formar alianzas en el Congreso y de la reacción de la población.
Luis Valverde Ramos, otro analista político, menciona que la presidenta electa enfrenta un “pasivo político” debido a la resistencia que genera el fujimorismo en parte de la población. No obstante, considera que la desconfianza podría disminuir si su administración logra resultados positivos en temas de seguridad y economía, así como en la respuesta al fenómeno de El Niño que afecta al litoral capitalino.
Valverde Ramos concluye que la gobernabilidad de Fujimori será un desafío, dado el contexto político y social en el que asume el poder. La expectativa es que su administración busque un equilibrio que permita gobernar, aunque las limitaciones podrían dificultar su capacidad para implementar sus propuestas.
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