El personal médico y de enfermería del IMSS, que durante la pandemia fue aclamado como “héroe”, ahora enfrenta serias carencias en medicamentos e insumos. La situación se agrava con hospitales saturados y una propuesta salarial de apenas 2.9 por ciento, insuficiente para contrarrestar el aumento del costo de vida. La consulta a cerca de 495 mil trabajadores del IMSS no solo es una votación sindical, sino una prueba de confianza entre el gobierno y quienes sostienen el sistema de salud.
Las quejas sobre la falta de medicamentos y material básico son comunes en hospitales y centros de salud de IMSS-Bienestar. Los trabajadores han denunciado escasez de jeringas, gasas, suturas y analgésicos, entre otros insumos esenciales para la atención de pacientes.
El problema es estructural, ya que el catálogo de medicamentos se redujo de 2,753 a 1,929 claves, y se ha informado que los hospitales de segundo nivel del IMSS-Bienestar solo trabajarían con 871 claves autorizadas. Aunque las autoridades argumentan que esto es parte de una racionalización del abasto, médicos y pacientes enfrentan menos opciones terapéuticas y un mayor riesgo de que las recetas no puedan ser surtidas.
La presidenta Claudia Sheinbaum ha admitido fallas en el suministro, atribuyéndolas a incumplimientos de proveedores y problemas de distribución. Sin embargo, esto no sustituye la necesidad de soluciones concretas, como hospitales con inventarios adecuados y un sistema de seguimiento de insumos.
La propuesta de aumento salarial incluye un incremento de 2.9 por ciento al salario tabular, 3.9 por ciento en una prestación de apoyo para renta y 200 pesos para despensa, lo que representa un aumento global de 6.8 por ciento. Sin embargo, los trabajadores lo consideran insuficiente, ya que el aumento directo al salario equivale a aproximadamente 180 pesos.
La incongruencia es evidente. En 2020 y 2021, el personal de salud recibió homenajes y aplausos, pero hoy, al exigir mejores condiciones laborales y un salario justo, se les ofrece una propuesta que consideran inadecuada.
El descontento no se limita al IMSS, ya que trabajadores del ISSSTE, Pemex, el Sistema de Transporte Colectivo Metro y del sector eléctrico también han alzado la voz. Esto refleja una molestia más amplia entre los trabajadores del Estado por salarios que no se ajustan al costo de vida y condiciones laborales inadecuadas.
El gobierno enfrenta un riesgo tanto político como operativo. Políticamente, puede consolidar un frente de inconformidad en sectores clave; operativamente, el deterioro en áreas como hospitales y transporte impacta de inmediato a millones de personas.
La consulta entre los trabajadores del IMSS, que se lleva a cabo en 670 centros laborales, tendrá tres posibles resultados. Si se aprueba, el gobierno podrá presentar el aumento como un acuerdo, pero no resolverá el desabasto ni la percepción de desatención. Si se rechaza, el gobierno enfrentará una demanda salarial más fuerte y la obligación de negociar una propuesta más seria.
La respuesta del gobierno no puede limitarse a solicitar paciencia. Debe ofrecer un plan claro que incluya compromisos como garantizar el abasto y permitir la auditoría social para que los trabajadores participen en la revisión de carencias sin temor a represalias.
El personal de salud no busca ser llamado héroe nuevamente, sino que exige condiciones dignas para ejercer su profesión. La consulta del 14 de octubre representa una oportunidad para corregir el rumbo, pero si el gobierno continúa con incrementos simbólicos y promesas vacías, lo que hoy es una protesta laboral podría convertirse en una crisis de confianza hacia el sistema público de salud.
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