La legitimidad de las instituciones electorales enfrenta un grave cuestionamiento. El Instituto Nacional Electoral (INE) es criticado por su supuesta falta de acción ante violaciones a la ley, mientras que el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF) es señalado por decisiones polémicas que lo acercan al oficialismo. Esta situación genera desconfianza en un proceso electoral que, de por sí, ya se ve marcado por la violencia política, con más de 51 incidentes reportados en lo que va del año, lo que podría convertirlo en el más violento de la historia reciente.
Además, se observa una crisis en el principio de igualdad en la competencia democrática. La democracia liberal exige que los participantes tengan condiciones equitativas; sin embargo, la disparidad entre el bloque oficialista y la oposición plantea serias dudas sobre la libertad del proceso electoral. La confusión entre los recursos del Estado y la maquinaria partidista genera inquietud sobre la justicia del resultado.
La preocupación no radica únicamente en quién ganará, sino en que la ciudadanía perciba el proceso como justo, lo que es fundamental para mantener el vínculo entre gobernantes y gobernados. En general, la sociedad mexicana se siente agotada, dolida y escéptica.
Tres preocupaciones principales destacan en el ánimo colectivo: la persistente inseguridad, el aumento de la carestía que afecta los ingresos familiares y la creciente desconfianza hacia las instituciones de justicia, que son vistas más como herramientas de venganza que de equidad.
Existe una desconexión entre las expectativas de cambio que prometió la Cuarta Transformación y la realidad cotidiana, caracterizada por servicios de salud saturados, escasez de medicamentos y una violencia que se vuelve habitual. Esto a menudo se traduce en apatía y cinismo, con tres de cada cuatro mexicanos considerando que el número de partidos es excesivo y deseando un sistema más compacto.
Este malestar refleja una crisis en la representación. La ciudadanía no busca más opciones, sino mayor credibilidad. La aparición de ocho partidos en la boleta de 2027, dos de ellos recientes, coincide con un clamor social por menos ruido y más responsabilidad. La política parece desajustada respecto a las necesidades de la vida cotidiana, y la población no solo evalúa resultados, sino también la lógica del poder: ¿para quién y para qué gobiernan quienes están en el mando?
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