El Gobierno colombiano ha oficializado la ruptura de relaciones diplomáticas con Irán, medida que entró en vigor el 19 de septiembre y fue anunciada esta semana por el Ministerio de Relaciones Exteriores. Esta decisión se enmarca en el nuevo enfoque de política exterior del presidente Abelardo de la Espriella, centrado en la seguridad nacional y la lucha contra el crimen transnacional.
La Cancillería colombiana argumentó que la decisión se basa en los “presuntos vínculos” del gobierno iraní con grupos terroristas y organizaciones narcoterroristas que, según Bogotá, representan una amenaza para su seguridad. Además, se mencionaron las violaciones de derechos humanos en Irán y los ataques recientes en Medio Oriente que, según Colombia, no están directamente relacionados con el conflicto en la región.
Otro factor que influyó en la decisión fue el bloqueo del estrecho de Ormuz, crucial para el transporte internacional de hidrocarburos. La Cancillería indicó que estos eventos han deteriorado la confianza entre ambos países y también criticó la obstrucción de las labores del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) en relación al programa nuclear iraní.
A pesar de la ruptura diplomática, Colombia aclaró que las relaciones consulares se mantendrán, cumpliendo con las Convenciones de Viena sobre Relaciones Diplomáticas y Consulares. La dirección de Protocolo de la Cancillería se encargará de informar a Irán sobre los procedimientos a seguir tras la terminación de los vínculos diplomáticos.
Las relaciones entre Colombia e Irán comenzaron el 28 de abril de 1975, y aunque han variado en su nivel de representación, ambos países han mantenido acuerdos en áreas como cultura y asuntos consulares. Durante el gobierno de Gustavo Petro, se mantuvieron los contactos bilaterales.
La ruptura se produce en un contexto de cambio en las prioridades internacionales del nuevo gobierno colombiano, que ha fortalecido sus lazos con Estados Unidos y restablecido relaciones con Israel, luego de que el gobierno anterior las suspendiera en mayo de 2024.
En respuesta, el embajador iraní en Colombia, Ahmed Reza Kheirmand, rechazó los argumentos de Bogotá, señalando que las acusaciones carecen de pruebas concretas y calificando la decisión como irresponsable. Irán también cuestionó la interpretación colombiana sobre los ataques en Medio Oriente, defendiendo sus acciones en el contexto de las operaciones militares de Estados Unidos e Israel.
Esta ruptura se produce en medio de una creciente tensión regional que afecta las rutas energéticas y la seguridad internacional, especialmente en el estrecho de Ormuz, vital para el transporte mundial de petróleo y gas.
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