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Trump intensifica presión sobre Canadá: ¿riesgo para el T-MEC y México?

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El nuevo episodio de confrontación entre el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y el primer ministro canadiense, Mark Carney, ha encendido alertas en México sobre la estabilidad del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC). La amenaza de imponer aranceles del 100 por ciento a productos canadienses, sumada a la exclusión de Canadá de la Junta de Paz para Gaza, revela un giro hostil en la relación bilateral que podría tener repercusiones directas en el acuerdo comercial trilateral. Aunque la presidenta Claudia Sheinbaum ha minimizado el impacto del conflicto, expertos advierten que el uso del comercio como herramienta de presión política podría desestabilizar el pacto y afectar a México en múltiples frentes.

El T-MEC, vigente desde julio de 2020, ha sido el eje de la integración económica de América del Norte. México depende de este acuerdo para mantener acceso preferencial al mercado estadounidense, especialmente en sectores como el automotriz, agrícola y manufacturero. Cualquier alteración en el equilibrio entre los tres socios, ya sea por represalias unilaterales o por ruptura de confianza, puede traducirse en distorsiones de mercado, pérdida de competitividad y afectaciones a las cadenas de suministro.

El choque entre Trump y Carney se intensificó tras el Foro Económico Mundial en Davos, donde el primer ministro canadiense criticó el uso del comercio como arma política. Trump respondió con amenazas comerciales y una campaña de deslegitimación, acusando a Canadá de entregarse a China y anunciando sanciones inmediatas si se concreta un acuerdo bilateral entre Ottawa y Pekín. Esta postura no solo tensiona la relación bilateral, sino que pone en entredicho el principio de cooperación que sustenta el T-MEC.

Para México, los escenarios posibles ante esta escalada son diversos. En el mejor de los casos, el conflicto se mantiene en el plano retórico y no altera los mecanismos del tratado. En este escenario, México podría incluso beneficiarse temporalmente de una desviación de flujos comerciales desde Canadá hacia su territorio. Sin embargo, este efecto sería limitado y podría revertirse si Trump decide extender sus medidas punitivas a México, como ya lo ha hecho en el pasado con aranceles al acero, aluminio y vehículos.

Un segundo escenario contempla una ruptura parcial del T-MEC, con Estados Unidos suspendiendo beneficios a Canadá y presionando a México para alinearse con sus decisiones. Esto pondría a México en una posición incómoda, obligándolo a elegir entre la solidaridad con Canadá y la preservación de su acceso comercial. La fragmentación del acuerdo podría derivar en litigios, represalias cruzadas y pérdida de certidumbre para inversionistas.

El escenario más adverso sería una ruptura total del T-MEC, impulsada por una decisión unilateral de Trump. Aunque legalmente compleja, esta posibilidad no puede descartarse dada la historia de amenazas similares durante su primer mandato. En este caso, México enfrentaría una renegociación desde cero, con condiciones más duras y menor margen de maniobra. Sectores exportadores sufrirían impactos inmediatos, y la economía nacional podría resentir una caída en el crecimiento y el empleo.

La presidenta Sheinbaum ha reiterado que su gobierno trabajará para preservar el acuerdo, pero la volatilidad política en Washington y la radicalización del discurso de Trump obligan a México a prepararse para escenarios de alta incertidumbre. La diplomacia comercial deberá reforzarse, y el país tendrá que diversificar sus mercados y fortalecer su posición negociadora para enfrentar posibles turbulencias.

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