El terremoto de magnitud 7.4 que sacudió el occidente de Colombia el lunes 10 de agosto ha provocado la muerte de al menos 254 personas, según el último informe de Reuters. Los equipos de emergencia siguen trabajando entre los escombros y en áreas bajo vigilancia por posibles réplicas.
El número de víctimas ha aumentado rápidamente a medida que los rescatistas acceden a lugares previamente inalcanzables. Las autoridades advierten que el saldo podría cambiar a medida que se revisen las comunidades afectadas, especialmente en zonas rurales.
El sismo se registró a las 7:34 de la mañana con epicentro en San José del Palmar, Chocó, a una profundidad inicial de 96 kilómetros. Este movimiento telúrico ha causado daños significativos en ciudades como Cali y Pereira, donde se reportan 95 y 101 fallecidos, respectivamente. Las labores de evaluación y rescate continúan en ambas localidades.
La situación en el Chocó es crítica, con problemas de comunicación y dificultades para trasladar equipos de rescate y suministros. Las comunidades rurales e indígenas cercanas al epicentro son las más vulnerables.
Las autoridades han implementado restricciones de movilidad en Cali para facilitar el trabajo de emergencia y prevenir saqueos en áreas afectadas. Además, la infraestructura sanitaria ha enfrentado una fuerte presión, con centros médicos atendiendo un alto número de heridos y algunos inmuebles dañados.
El aeropuerto internacional Matecaña en Pereira se encuentra cerrado tras sufrir daños y reportar víctimas. La emergencia se complica aún más por la actividad del volcán Puracé, que ha emitido ceniza y gases, obligando a suspender operaciones en el aeropuerto Guillermo León Valencia de Popayán.
Las réplicas del sismo han sido constantes y perceptibles, lo que ha llevado a las autoridades a mantener precauciones adicionales. Equipos de emergencia están desplegados en todo el país, priorizando la búsqueda de sobrevivientes y la atención médica a los afectados.
El presidente Abelardo de la Espriella ha declarado la emergencia nacional y se ha trasladado a las zonas impactadas para supervisar la respuesta del gobierno. Su administración enfrenta un desafío significativo apenas días después de asumir el poder, mientras se reorganizan recursos para atender la crisis.
La magnitud de la tragedia ha atraído la atención internacional, con varios gobiernos ofreciendo asistencia. A medida que se contabilizan las víctimas y se identifican cuerpos, los rescatistas mantienen la esperanza de encontrar sobrevivientes entre los escombros.
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