Las ciudades reflejan su historia a través de sus edificios. En el malecón de Veracruz, dos monumentos ilustran las desigualdades del poder: uno olvidado y otro intocable. La gobernadora Rocío Nahle García y el secretario de Gobierno, Ricardo Ahued Bardahuil, han decidido solicitar a Petróleos Mexicanos la entrega de la antigua Torre de Pemex para su rehabilitación y reintegración al patrimonio estatal.
Este anuncio es significativo, ya que rompe con la tradición de permitir que los edificios públicos se deterioren mientras se proclama progreso. La Torre de Pemex, diseñada por el arquitecto español Enrique Segarra, ha sido parte del paisaje veracruzano durante décadas. Originalmente sede del Banco Nacional de México, luego albergó oficinas de Pemex, y hoy se encuentra vacía, víctima del abandono institucional.
El valor de este inmueble va más allá de su estructura. Segarra consideraba que un edificio es una expresión cultural y un reflejo de la historia de un pueblo. Por ello, su rescate implica recuperar la memoria urbana de Veracruz.
No obstante, surge una pregunta crucial: ¿por qué algunos edificios son prioridad para el poder y otros parecen estar protegidos por la impunidad? A menos de cien metros de la Torre de Pemex, se encuentra la Torre Yunes, símbolo de los privilegios políticos en Veracruz. Esta construcción permanece intacta, desafiando a gobiernos y autoridades.
El presidente Andrés Manuel López Obrador había prometido revisar la Torre Yunes y evaluar la remoción de los pisos construidos sin autorización, pero esa promesa no se ha cumplido. La torre sigue en pie, evidenciando la selectividad de la ley en México.
Mientras un ciudadano común enfrenta sanciones por invadir la vía pública, los políticos parecen estar exentos de las mismas reglas. Esta situación socava la credibilidad del Estado. El rescate de la Torre de Pemex representa una oportunidad para que el Gobierno de Veracruz demuestre que los espacios públicos pueden ser recuperados para el bien común.
Sin embargo, este esfuerzo será insuficiente si no se aborda la situación de la Torre Yunes. La ley debe aplicarse de manera equitativa, sin distinciones entre edificios. La autoridad no puede recuperar su legitimidad solo a través de restauraciones, mientras mantiene intactos los símbolos de la impunidad.
Veracruz necesita rescatar su patrimonio arquitectónico, pero también la certeza de que la ley se aplica por igual a todos, sin importar su influencia. La Torre de Pemex se ha deteriorado por abandono, mientras que la Torre Yunes se mantiene erguida, reflejando la resistencia de los privilegios políticos y la impunidad.
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