El 31 de octubre se conmemora el Día de las Brujas, conocido como Halloween, y en esta ocasión se celebra la figura de la bruja desde una perspectiva diferente. Tradicionalmente, la imagen de la bruja evoca a una mujer malvada, con sombrero puntiagudo, escoba y un gato negro. Sin embargo, esta visión es el resultado de una manipulación mediática con fines comerciales.
Históricamente, las mujeres que fabricaban y vendían cerveza eran muy valoradas, utilizando calderos para su elaboración. La escoba servía para mantener el lugar limpio y el gato, para ahuyentar roedores. Esta apreciación cambió con el descubrimiento del lúpulo por la abadesa Hildegarda de Bingen, lo que llevó a los monjes a monopolizar el negocio y a desprestigiar a las mujeres involucradas, transformándolas en figuras grotescas y, eventualmente, en víctimas de torturas y quemas.
Además, muchas de estas mujeres eran expertas en herbolaria, lo que les permitía curar y asistir partos, representando una competencia para los médicos de la época. Desde el feminismo, se busca reivindicar la figura de la bruja como un símbolo de rebeldía y resistencia. La psiquiatra junguiana Jean Shinoda Bolen propone redefinir el término ‘anciana’, destacando que ser bruja implica un logro interior en la etapa madura de la vida.
En su obra ‘Las brujas no se quejan’, Bolen describe 13 cualidades que caracterizan a estas mujeres: no se quejan, son atrevidas, tienen habilidades con las plantas, confían en sus instintos, meditan a su manera, defienden lo que les importa, toman decisiones desde el corazón, dicen la verdad con compasión, escuchan su cuerpo, improvisan, ríen juntas y disfrutan de lo positivo.
Por ello, este 31 de octubre se celebrará la figura de la aprendiz de bruja, invitando a todos a unirse a esta reivindicación.
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