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La violencia en Zacatecas y su impacto en la población

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La violencia en Zacatecas y su impacto en la población

La reciente explosión de un coche-bomba en Ojocaliente, Zacatecas, ha dejado a la población conmocionada. Este pequeño municipio, con una población de 44 mil habitantes, fue escenario de un ataque que dejó 11 personas heridas, entre ellas dos policías y tres menores, además de causar daños a aproximadamente 70 inmuebles. Las clases se suspendieron y la feria municipal fue cancelada.

Los efectos de este tipo de eventos no solo son físicos. La Organización Mundial de la Salud advierte que presenciar situaciones traumáticas puede desencadenar ansiedad, depresión o estrés postraumático. Aunque no todos los habitantes desarrollarán trastornos, la experiencia de vivir una explosión y la violencia cotidiana son factores de riesgo.

Antes de este ataque, el miedo ya era palpable en Zacatecas. De acuerdo con la Encuesta Nacional de Victimización y Percepción sobre Seguridad Pública 2025 del Inegi, el 87.3% de los adultos en el estado se sienten inseguros. En este contexto, las declaraciones del coordinador de los diputados de Morena, Ricardo Monreal, quien afirmó que la situación es “normal” en el combate al crimen, resultaron indignantes para quienes viven el día a día en medio de la violencia.

El gobernador David Monreal, en el cargo desde septiembre de 2021, ha afirmado que los homicidios han disminuido significativamente, con una reducción del 71.1% en el promedio diario de homicidios dolosos entre 2024 y 2025. Sin embargo, esta cifra contrasta con la realidad de un estado que ha visto un aumento en los ataques con explosivos y un incremento en la violencia general.

Cifras del gobierno estatal indican que en 2024 se registró un evento relacionado con explosivos, en 2025 fueron seis, y en lo que va de 2026 ya se han contabilizado diez. Recientemente, entre el 27 y el 30 de agosto, se produjeron tres ataques en Tabasco, Villa García y Ojocaliente, atribuidos al Cártel Jalisco Nueva Generación, en represalia por la detención de uno de sus miembros.

Zacatecas continúa siendo un territorio disputado por grupos criminales, lo que plantea la pregunta sobre qué significa realmente “pacificar” el estado. La reducción de homicidios no se traduce en una mejora de la seguridad cuando los ataques con explosivos aumentan y las comunidades viven bajo la amenaza del crimen organizado.

La paz no se puede medir solo en estadísticas; se refleja en la vida cotidiana de los ciudadanos, en la apertura de comercios, la continuidad de las clases y la estabilidad de las familias. La explosión en Ojocaliente ha puesto de manifiesto la desconexión entre las cifras oficiales y la realidad que enfrentan los zacatecanos, haciendo que calificar estos eventos como “normales” resulte ofensivo.

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