El Síndrome de Ovario Poliquístico (SOP) ha sido uno de los diagnósticos más frecuentes entre mujeres que enfrentan problemas como trastornos menstruales y dolor crónico. Aunque su descripción inicial se remonta a 1935, fue solo un siglo después que la medicina reconoció que las alteraciones iban más allá de los quistes, proponiendo el cambio de nombre a síndrome ovárico metabólico poliendocrino (SOMP).
Este cambio de nomenclatura pone de manifiesto una larga historia de sesgo en la ciencia médica, que tradicionalmente ha centrado sus estudios en el cuerpo masculino. Durante siglos, los datos obtenidos se basaron en investigaciones realizadas mayormente por hombres, lo que ha generado una brecha significativa en el diagnóstico y tratamiento de enfermedades en mujeres.
Las mujeres han sido excluidas de numerosos ensayos clínicos debido a preocupaciones sobre variaciones hormonales y embarazos, lo que ha llevado a generalizar resultados obtenidos en hombres. Aunque ha habido avances en la inclusión de mujeres en la investigación médica, persiste un rezago en el estudio de enfermedades que afectan de manera diferente a ambos sexos o que son exclusivas del femenino.
Un claro ejemplo es la enfermedad cardiovascular, donde las mujeres pueden presentar síntomas distintos durante un infarto, lo que causa diagnósticos tardíos. Este fenómeno ha sido denominado el “síndrome de Yentl”, que critica la tendencia de considerar graves las enfermedades en mujeres solo cuando se manifiestan de la misma forma que en hombres.
Asimismo, el dolor se procesa de manera diferente entre sexos, lo que subraya la importancia de considerar las diferencias biológicas al desarrollar tratamientos. Las enfermedades ginecológicas, como la endometriosis, también evidencian esta deuda, ya que pueden tardar años en ser diagnosticadas.
Reconocer estas desigualdades no implica que la medicina ignore a las mujeres, sino que refleja los contextos sociales que han predominado en la investigación. Afortunadamente, el cambio ya está en marcha; más instituciones están comenzando a incluir el sexo como variable en sus estudios. Sin embargo, corregir décadas de sesgo requiere un enfoque integral que incluya financiamiento y una revisión de los paradigmas establecidos en la formación médica, así como la implementación de la perspectiva de género.
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