La Fontana di Trevi se ha convertido en un escenario icónico para los turistas, quienes pagan dos euros por ingresar, eligen una moneda y buscan el ángulo perfecto para Instagram. Sin embargo, la experiencia puede convertirse en una pesadilla si el celular se queda sin batería o no hay señal. La falta de publicaciones puede hacer que el viaje pierda su sentido, generando la pregunta: ¿realmente disfrutamos si no lo compartimos?
En la actualidad, el deseo de viralizar nuestras experiencias ha reemplazado la desconexión. Durante el verano, las redes sociales están saturadas de imágenes de playas, destinos exóticos y eventos, lo que hace que la originalidad sea cada vez más difícil de encontrar.
Las ciudades que destacan por su estética, como Dubái, generan más de 3.4 millones de búsquedas mensuales en Google y tienen más de 147 millones de etiquetas en Instagram. Hace una década, pocos conocían el Burj Khalifa, pero hoy es un símbolo del turismo visual.
La percepción del valor ha cambiado. Un chocolate de Dubái, por ejemplo, logró ventas de 22 millones de dólares en un trimestre, agotando las reservas de pistache a nivel mundial. ¿Pagarías 100 dólares por un postre si no pudieras compartirlo en redes sociales? La respuesta apunta a que el valor radica en la relevancia digital.
El algoritmo ha tomado el lugar de las agencias de viajes, y las redes sociales son los nuevos escaparates. La riqueza ya no se mide solo por el saldo bancario, sino por las experiencias compartidas y las colaboraciones con marcas. Estudios indican que la iluminación en restaurantes se diseña para ser atractiva en fotos, mientras que museos reservan espacios para promover sus exposiciones.
La tradición de lanzar una moneda en la Fontana di Trevi ha evolucionado en una coreografía: pararse de espaldas, lanzar la moneda y esperar que garantice el regreso a Roma. Este ritual genera cerca de 1.5 millones de euros anuales que se donan a Cáritas. El gobierno justifica el cobro de entrada como un control para evitar aglomeraciones de turistas buscando el video perfecto.
En 2026, es pertinente cuestionar si el deseo de lanzar la moneda es realmente por la esperanza de volver a Roma o si, en el fondo, se trata de no pasar desapercibidos en el constante scroll de las redes.
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