La exposición “Danzas de la vida y la muerte. Genealogías reversivas” se inaugurará el 17 de octubre en el Espacio de Experimentación Sonora del Museo Universitario Arte Contemporáneo (MUAC). Esta muestra rinde homenaje a la pianista, compositora y pedagoga mexicana Alida Vázquez Ayala (1923-2015), buscando reparar una deuda histórica con su legado.
Alida Vázquez, quien emigró a Nueva York en 1948 tras estudiar en el Conservatorio Nacional de Música de México, desarrolló un lenguaje musical que fusionó su identidad mexicana con corrientes como el atonalismo y la música electrónica. Su carrera como compositora comenzó a los 43 años, en un entorno donde las redes de colaboración fueron vitales para su proceso creativo.
La exposición incluye cuatro versiones contemporáneas de su obra, realizadas por las compositoras Teresa Díaz de Cossío, Olivia Block, Debit y Lea Bertucci. Estas reinterpretaciones no solo homenajean a Vázquez, sino que también imaginan un escenario donde su influencia perdura en las nuevas generaciones de compositoras. Las piezas exploran la estructura y timbre de “Danzas de la vida y la muerte”, utilizando una variedad de instrumentos y técnicas.
La curaduría está a cargo de Teresa Díaz de Cossío y Guillermo García Pérez, y marca la primera presentación de esta obra en México, adaptada al sistema multicanal del museo. Sin embargo, la trayectoria de Vázquez ha estado marcada por un olvido dentro del canon musical mexicano, evidenciado por la falta de un archivo sistemático que reúna sus partituras y documentos.
Una parte significativa de su historia ha sido preservada gracias a su amistad con la pianista y musicóloga Esperanza Pulido, quien guardó las cartas que intercambiaron a lo largo de los años. Estas cartas ofrecen una visión íntima de la vida cotidiana de Vázquez y su proceso creativo, revelando detalles sobre su rutina diaria y su trabajo en el Columbia-Princeton Electronic Music Center, donde estudió a los 54 años.
“Danzas de la vida y la muerte” representa un momento crucial en la carrera de Alida, concebida para medios electrónicos y en colaboración con la coreógrafa estadounidense Claudia Gitelman. La obra se estrenó el 5 de febrero de 1980 en Nueva York y se considera un laboratorio creativo que aborda los desafíos de la composición para la danza contemporánea.
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