Veracruz

Experiencia personal con el cáncer y la política en Veracruz

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Experiencia personal con el cáncer y la política en Veracruz

En mayo de 2022, tras realizarme una mastografía de seguimiento por un fibroadenoma, el doctor Castán me recomendó su extracción debido a su comportamiento complejo. Aterrorizada, consulté a mi ginecólogo, quien me sugirió un costoso procedimiento en el Hospital Inglés de México, pero sin factura. Tras una angustiosa búsqueda de información, una prima psiquiatra me puso en contacto con el doctor David Cantú del Centro Nacional de Cancerología. Él revisó mis estudios y me tranquilizó al decirme que no tenía cáncer diagnosticado y que debía evitar pagar los 600 mil pesos a Chonito.

Gracias a su recomendación, llegué al doctor Raúl Enrique Guzmán, quien me brindó la esperanza necesaria para enfrentar la situación. El día de la cirugía, que se realizó en el hospital Ángeles de Xalapa, fue una experiencia rápida y sin dolor, pero la espera de ocho días para los resultados del patólogo fue aterradora. El miedo al cáncer es uno de los peores temores que se pueden experimentar.

Finalmente, el patólogo confirmó que el fibroadenoma era benigno. Mi vida cambió radicalmente; adopté nuevos hábitos y una nueva perspectiva. Recordé un evento del 16 de enero de 2017, cuando un exgobernador veracruzano denunció que el gobierno de Javier Duarte de Ochoa había suministrado agua destilada en lugar de medicamentos oncológicos a niños del CECAN. La indignación pública fue palpable, aunque posteriormente se desmintió la acusación, lo que llevó a una exhaustiva investigación que afectó la reputación de muchos médicos.

Desde entonces, he comprendido que la política puede ser tan antigua como el oficio más viejo del mundo, y a veces, quienes la ejercen logran ensuciarla aún más. Aunque no sé si son activistas, su energía para hacer política es innegable. Nos leemos el lunes.

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