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Desigualdad en el trabajo: el peso del cuidado en mujeres

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Desigualdad en el trabajo: el peso del cuidado en mujeres

El colectivo Caring Men realizó una intervención en estatuas de Alemania, añadiendo mochilas y cangureras para resaltar el impacto que tiene el trabajo de cuidado en las trayectorias profesionales de las mujeres. Esta acción busca cuestionar si figuras históricas hubieran alcanzado su reconocimiento si hubiesen asumido las responsabilidades de cuidado que enfrentan las mujeres en la actualidad.

En México, las cifras son alarmantes: las mujeres dedican más de 40 horas a la semana al trabajo no remunerado, mientras que los hombres apenas alcanzan las 15 horas. En contraste, en países nórdicos de la OCDE, las mujeres trabajan 30 horas en tareas no remuneradas y los hombres 24. Según el Inegi, las labores domésticas representan el 24.3% del PIB nacional, superando a muchos sectores económicos.

Este desequilibrio plantea interrogantes sobre la valoración del trabajo de cuidado. La solución no solo radica en reconocer esta carga, sino en implementar un marco regulatorio que fomente el trabajo remoto, lo que podría facilitar la conciliación entre la vida laboral y las responsabilidades familiares. La SCJN ha comenzado a abordar este tema, pero se requieren acciones más concretas.

A pesar de que el regreso a las oficinas ha sido la norma tras la pandemia, las estadísticas muestran un cambio en las expectativas laborales, especialmente entre las generaciones más jóvenes. Para la generación Z, el trabajo remoto es una condición no negociable, y el 72% de los millennials preferiría renunciar antes que volver a un esquema de oficina tradicional. Este cambio generacional puede aliviar la carga que enfrentan muchas mujeres en el hogar.

Las nuevas formas de trabajo, como las ventas por redes sociales y el emprendimiento, están permitiendo que muchas mujeres contribuyan a la economía mientras cuidan de sus familias. Sin embargo, es crucial que estas actividades no queden relegadas a la informalidad.

El consenso es claro: es necesario integrar a las mujeres jóvenes en el mercado laboral formal, donde puedan acceder a prestaciones y seguridad social. La pregunta es si podemos encontrar un equilibrio que permita a las mujeres gestionar sus hogares y desarrollar sus carreras profesionales al mismo tiempo.

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