La insatisfacción social se manifiesta en un contexto donde algunos ciudadanos sienten que sus voces son ignoradas. Mariana Garcés señala que el resentimiento hacia quienes han obstaculizado el progreso es una de las patologías de las promesas incumplidas. En este sentido, el oficialismo enfrenta el reto de silenciar a los disidentes, pero las estrategias parecen escasas. La pregunta que surge es cómo restaurar un clima de temor sin transgredir la ley.
La judicialización de la política, también conocida como lawfare, se ha convertido en una herramienta utilizada por el poder. Antonio Scurati, al relatar la consolidación de la dictadura de Mussolini, advierte que el poder se define como exclusivo y excluyente, buscando eliminar a los opositores en lugar de dialogar con ellos.
El actual régimen parece alejarse de la deliberación civilizada, cerrando espacios y legislando de manera personalizada. Esta tendencia recuerda a los gobernantes del pasado, donde algunos, como Juárez y Díaz, lograron convencer a través de relaciones humanas, mientras que otros, como Obregón y Calles, optaron por silenciar a sus críticos.
Lázaro Cárdenas destacó por resolver conflictos sin derramamiento de sangre, consolidando su autoridad. La historia del PRI muestra que la estabilidad política se basa en la resistencia que apoya, un concepto que parece desvanecerse en la actualidad.
La confusión política en México ha persistido desde la era de Lombardo Toledano y Sánchez Navarro, generando simulación y oportunismo. La democracia requiere acuerdos fundamentales y una conciencia cívica que promueva el respeto y el bien común.
Las elecciones de 1988 y 2006 dejaron huellas de desconfianza, y los indicadores actuales son alarmantes. La actitud del partido en el poder, que busca mantener su mayoría a toda costa, es un signo de alerta en un momento de alto riesgo para la democracia en el país.
Información vía fuente original



