La confianza de los ciudadanos en los partidos políticos y, por ende, en las encuestas, se sitúa en solo el 34%, según datos de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo (OCDE). Este organismo, con sede en Francia, señala que diversos factores han erosionado la credibilidad de estos sondeos, especialmente aquellos que se basan en probabilísticas y se realizan de manera aleatoria.
Las encuestas telefónicas y digitales, aunque son más rápidas y económicas, enfrentan un alto sesgo de cobertura y tasas de rechazo que pueden llegar hasta el 68%. Por otro lado, las llamadas “Push polls” son más bien mensajes propagandísticos disfrazados de encuestas, diseñados para influir en la opinión pública en lugar de medirla.
Históricamente, en México, existe una resistencia significativa a revelar preferencias políticas ante desconocidos, especialmente en contextos de polarización. Además, los indecisos o aquellos que cambian de opinión en el último momento pueden desviar los resultados de manera considerable.
A pesar de que el Instituto Nacional Electoral (INE) exige la publicación de la ficha técnica, el patrocinador y el margen de error, la supervisión sobre estas encuestas es limitada. Muchas circulan sin estar debidamente registradas. La primera encuestadora en México, Mitowsky, fue fundada por Roy Campos en los años noventa y tuvo un impacto notable en el mercado.
El informe de la OCDE, que agrupa a 38 países y al que México se adhirió en 1994, aclara que las encuestas son herramientas útiles, pero no deben considerarse profecías. Estas indican tendencias y no resultados exactos, y su margen de error puede ampliarse por sesgos metodológicos y el voto oculto.
La percepción social sobre las encuestas es cada vez más escéptica. Se les otorga credibilidad cuando coinciden con las opiniones populares y se desacreditan cuando no. En un entorno donde la libertad de expresión se siente amenazada, las respuestas pueden diferir significativamente de las intenciones reales. Por lo tanto, aunque una encuesta esté bien elaborada y registrada, su confiabilidad es relativa y su valor puede ser meramente orientativo.
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