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4 Las voces que rompieron el silencio: Sochil Martin y Sharim Guzmán contra el poder religioso

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Durante décadas, las víctimas de abuso sexual en La Luz del Mundo fueron silenciadas por el poder espiritual, el miedo al castigo eterno y la complicidad institucional. Pero dos voces lograron romper ese pacto de silencio: Sochil Martin y Sharim Guzmán. Ambos sobrevivientes, ambos exmiembros del círculo íntimo de Naasón Joaquín García, ambos convertidos en referentes éticos de la denuncia pública.

Sus testimonios no solo permitieron la condena de Naasón en Estados Unidos. También revelaron la dimensión transnacional del abuso, el uso de la fe como herramienta de sometimiento y la infiltración política de una estructura religiosa que operó como empresa criminal.

Sochil Martin: “La Luz del Mundo no es una iglesia, es un cártel”

En entrevista con Aristegui en Vivo, Sochil Martin declaró que la organización funciona como un grupo criminal, con una estructura de control, abuso sexual y manipulación política que ha operado durante casi cien años. Relató cómo fue sometida desde niña a desplazamientos forzados, separación familiar y obligaciones económicas impuestas por la iglesia. A los doce años, comenzó a ser preparada para “bailar” en ropa interior frente a Naasón, en lo que ella describe como un patrón generacional de abuso normalizado en su familia.

Los actos de violencia ocurrieron tanto en Estados Unidos como en Guadalajara, en oficinas, templos y residencias vinculadas a la organización. Sochil denunció que muchas víctimas nunca pudieron ver justicia porque se quitaron la vida o les fue arrebatada. También criticó la desinformación promovida por líderes como Silem García, quien públicamente la llamó mentirosa y negó la existencia de denuncias, pese a que varios de los implicados ya han sido arrestados o están prófugos.

Sharim Guzmán: “Aún falta más. Que no se sigan aprovechando de los gobiernos”

Sharim Guzmán, esposo de Sochil y vocero de un grupo de víctimas, celebró la detención de Eva García de Joaquín, pero advirtió que aún faltan miembros del clan por ser investigados. En entrevista con Vanguardia, exigió que el gobierno mexicano actúe con firmeza y deje de proteger a una institución que ha sido denunciada por múltiples exmiembros. “Seguimos esperando que llegue una completa justicia. Que podamos un día ver que esa institución no sigue aprovechándose de los miembros y tampoco de los gobiernos”.

Ambos han participado en documentales como “Detrás del Velo” en HBO Max y en entrevistas en medios internacionales, donde han relatado cómo fueron vigilados, hostigados y perseguidos por la organización. “Nos estaban vigilando las 24 horas. Si no hubiera sido por los federales, ya nos hubieran eliminado”, dijo Sochil, al denunciar que ministros, abogados y familiares fueron utilizados para monitorear a las denunciantes y recabar información sobre sus familias.

Una estrategia de control emocional y político

En el podcast Herejes, Guzmán explicó cómo fue elegido para casarse con Sochil como parte de una estrategia institucional para encubrir el abuso sexual que ella sufría. Ambos formaban parte del círculo más cercano de Naasón, y fueron testigos de cómo se captaba a menores para satisfacer al líder y luego se les encargaba atraer a nuevas niñas. La iglesia, según sus testimonios, operaba como una maquinaria de control emocional, económico y político, con ramificaciones en el Congreso mexicano y en gobiernos estatales.

Justicia transnacional y exigencia de reparación

Las denuncias de Sochil y Sharim han sido fundamentales para que Estados Unidos desmantelara judicialmente la red criminal de La Luz del Mundo. Pero en México, la impunidad persiste. La Fiscalía General de la República no ha judicializado ninguna denuncia, y los vínculos legislativos con Morena y Humanismo Mexicano siguen intactos.

Las voces que rompieron el silencio no solo exigen justicia. Exigen reparación, garantías de no repetición y ruptura del pacto político que ha protegido a una organización acusada de crímenes atroces. Su valentía es memoria viva. Su denuncia, una llamada urgente a la ética institucional.