Sheinbaum, primera presidenta de México, invita al papa León XIV en pleno fervor guadalupano
Ciudad de México, 12 de diciembre.— En medio de la peregrinación multitudinaria hacia la Basílica de Guadalupe, la presidenta Claudia Sheinbaum sostuvo una llamada telefónica con el papa León XIV para invitarlo formalmente a visitar México. El gesto, realizado en el 494 aniversario de la aparición de la Virgen en el Tepeyac, marca un hecho histórico: es la primera vez que una mujer presidenta extiende la invitación al pontífice en el día de mayor devoción nacional.
Sheinbaum subrayó que la presencia del papa en México reforzaría el vínculo espiritual con millones de fieles que cada diciembre abarrotan el santuario mariano más visitado del mundo. León XIV respondió con un mensaje de cercanía y bendiciones, recordando lo que ya había expresado en noviembre de 2025, cuando manifestó públicamente su intención de viajar a México como parte de una gira latinoamericana. “Yo encantado de viajar”, dijo entonces, aunque reconoció que la dificultad estaba en ajustar la agenda. En esa ocasión mencionó de manera especial su deseo de acudir al Tepeyac.
La eventual visita se inscribiría en una cronología marcada por tres papas que han pisado suelo mexicano. Juan Pablo II fue el primero en 1979, recibido por José López Portillo, y regresó en 1990 y 1993 con Carlos Salinas de Gortari, en 1999 con Ernesto Zedillo y en 2002 con Vicente Fox. Benedicto XVI visitó Guanajuato en marzo de 2012, recibido por Felipe Calderón. Francisco recorrió México en febrero de 2016, recibido por Enrique Peña Nieto, con actos en la Ciudad de México, Chiapas, Michoacán y Chihuahua. En total, México ha recibido siete visitas papales en 37 años, todas protagonizadas por hombres. La llegada de León XIV, de concretarse, sería la primera bajo el gobierno de una presidenta mexicana.
El llamado de Sheinbaum en pleno Día de la Virgen de Guadalupe busca proyectar una imagen de México como país anfitrión de la fe y del diálogo internacional, en un momento en que más de 13 millones de peregrinos colman el Tepeyac. La invitación adquiere así un carácter simbólico y viral, al enlazar la tradición guadalupana con la política contemporánea y la posibilidad de un nuevo capítulo en la relación entre el Vaticano y México.



