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Ritual de limpieza de huesos en Pomuch: tradición y transformación

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Ritual de limpieza de huesos en Pomuch: tradición y transformación

La limpieza de huesos en Pomuch, Campeche, es un ritual que fusiona elementos de la cultura maya con prácticas católicas y nuevas formas de interacción con el patrimonio. Este proceso histórico ha permitido que la tradición evolucione, generando un espacio de reflexión sobre su visibilidad en la esfera pública.

En 2017, este ritual fue reconocido como patrimonio cultural del estado de Campeche, bajo el nombre de «La limpieza de los santos restos, ritual funerario de la comunidad maya de Pomuch». Este reconocimiento ha contribuido a aumentar la visibilidad de la práctica y a promoverla como parte integral de la cultura regional.

La Dra. María Fernanda Apipilhuasco Miranda, en su estudio “Entre festivales y huesos. La politización de los rituales mortuorios en México”, examina cómo la patrimonialización ha impactado a Pomuch. El colectivo local Maya Kin, fundado en 2006, busca preservar y difundir las costumbres del lugar, lo que ha llevado a un mayor apoyo gubernamental y a la organización de un festival cultural desde 2022, coordinado por la Autoridad del Patrimonio Cultural del Estado de Campeche. Este evento, que se celebra alrededor del 31 de octubre, incluye actividades culturales, gastronomía y el Paseo de los Pixanes, promoviendo la identidad local y generando oportunidades económicas.

Sin embargo, la Dra. Apipilhuasco Miranda advierte que la limpieza de huesos es una práctica íntima que no debe confundirse con el festival, un evento público. Aunque ambos están interrelacionados, el festival no abarca la totalidad de las experiencias familiares ni los significados que se asocian al ritual.

La creciente visibilidad de la tradición plantea interrogantes sobre su representación. Para algunos, es una oportunidad de compartir su cultura; para otros, un medio de generar ingresos. La clave radica en quién decide cómo se presenta la tradición y cuáles son los límites entre compartir y convertirla en un espectáculo.

A pesar del impulso turístico, la Dra. Apipilhuasco Miranda señala que la práctica ritual no ha cambiado significativamente. La presencia de visitantes no altera la forma en que las familias viven su conexión con los difuntos. Además, el cementerio es un lugar sagrado donde se mantienen los vínculos afectivos, lo que exige un respeto por la intimidad de las familias.

La responsabilidad de este respeto no recae únicamente en los visitantes, sino también en las instituciones que promueven el ritual. Es fundamental mantener un diálogo con la comunidad para que la difusión cultural respete los significados que las familias atribuyen a sus prácticas. La conservación del patrimonio debe ir más allá de festivales y turismo, considerando las diversas opiniones de la comunidad y las condiciones que permiten a las familias continuar con sus costumbres.

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