El decimoquinto aniversario de Morena se convirtió en un espacio para reflexionar sobre su papel como principal fuerza política del país. Durante el evento en el Auditorio Nacional, se enfatizó la importancia de cuidar la unidad del partido y mantener las alianzas con el Partido del Trabajo y el Partido Verde, ante la creciente preocupación por las disputas internas.
Ariadna Montiel, durante su intervención, destacó que Morena cuenta con aproximadamente 12 millones de militantes, consolidándose como una de las organizaciones políticas más grandes de América Latina. Sin embargo, advirtió que los cargos públicos no deben distanciar a los líderes de las causas sociales, ya que el partido enfrenta el riesgo de burocratización y divisiones internas.
Alfonso Durazo también hizo hincapié en la necesidad de mantener unida la coalición con el PT y el PVEM, advirtiendo que las disputas por candidaturas pueden beneficiar a la oposición. La unidad se presenta como una necesidad electoral, pero también como un llamado a la disciplina política, donde se espera que los grupos inconformes acepten las decisiones del partido.
La ausencia de Andrés Manuel López Obrador fue notable, aunque su legado se hizo presente a través de videos que recordaron momentos clave de su carrera. Su decisión de no participar activamente en la vida del partido se interpreta como un intento de mantener una distancia formal.
Por otro lado, la falta de Claudia Sheinbaum en el evento fue justificada por la dirigencia, que argumentó que su papel es gobernar para todos los mexicanos. Su presencia indirecta a través de videos y consignas sugiere que aún no ha asumido completamente el liderazgo del partido.
La ausencia de Rocío Nahle, gobernadora de Veracruz, también generó especulaciones. Mientras se celebraba el aniversario, participaba en actividades de supervisión en su estado, lo que podría interpretarse como una decisión de priorizar su agenda local o como un intento de mantener autonomía frente a la dirigencia federal.
Finalmente, la asistencia de Andrés Manuel López Beltrán, hijo del expresidente, aunque en un lugar menos destacado, fue bien recibida por la militancia, lo que refleja la conexión emocional que aún existe con el legado de López Obrador.
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