La presidenta Claudia Sheinbaum se posiciona como defensora de figuras cuestionadas, como Rubén Rocha Moya y Adán Augusto López, así como de familiares del exmandatario Andrés Manuel López Obrador. Estos personajes, que operan en la penumbra del poder, parecen moverse con impunidad, disfrutando de recursos provenientes de negocios favorecidos por su cercanía al gobierno federal.
Estos individuos cargan con un pesado legado: fraudes, redes corruptas y, lo más alarmante, el eco de homicidios que han silenciado a aquellos que conocían demasiado. Estas voces incómodas han sido eliminadas del círculo cercano, donde se decide qué información se divulga y cuál se oculta.
De esta forma, México reafirma la célebre frase de Giovanni Lampedusa en su obra El Gatopardo: “Que todo cambie para que todo siga igual”. Aunque las circunstancias aparenten transformarse, las estructuras de poder y privilegio se mantienen inalterables, como rocas que desafían la corriente de un río que parece fluir de manera diferente.
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