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La historia de Venancio y la selección española

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La historia de Venancio y la selección española

Después de años de historia futbolística, un gallego fue finalmente nominado para representar a la selección nacional de España. Este hecho generó gran emoción en Galicia, especialmente porque el partido se llevaría a cabo contra la selección de Portugal, que contaba con Cristiano Ronaldo, en el Estadio de Riazor, en La Coruña.

El día del esperado encuentro, el estadio estaba lleno de aficionados que querían ver a uno de los suyos jugar con la selección, la misma que ha ganado la Copa del Mundo en dos ocasiones. Todo estaba listo para el inicio del partido, cuando se escuchó por el altavoz del estadio un anuncio alarmante: “De acuerdo con las reglas de la selección nacional española, no podrá jugar quien no haya completado al menos tres años de primaria”.

Los aficionados, convencidos de que el jugador gallego no cumplía con este requisito, comenzaron a gritar: “Denle otra oportunidad. Denle otra oportunidad”. Ante el clamor popular, se hizo un nuevo anuncio: “Si un jugador no ha completado los tres años de primaria, podrá participar si responde correctamente a una pregunta de aritmética”.

El jugador, llamado Venancio, fue llamado al centro del campo y el árbitro le preguntó: —¿Cuánto es 7 más 6? Venancio, tras pensarlo un momento, respondió: —¿Doce? La multitud, en respuesta, volvió a gritar: “Denle otra oportunidad. Denle otra oportunidad”.

El árbitro, ante la insistencia del público, decidió hacerle otra pregunta: —¿Cuánto es 8 por 3? Venancio, con una sonrisa, contestó: —24. Nuevamente, el estadio estalló en su grito original: “¡Denle otra oportunidad!”.

Este relato, aunque humorístico, refleja cómo a veces la multitud puede tener una percepción errónea sobre las capacidades de sus representantes, ya sea por desconocimiento o incredulidad. Esto se asemeja a la situación de quienes se identifican con la izquierda y tienden a ver solo aspectos negativos en las acciones de aquellos que no comparten su ideología. Reconocer que existen diferentes perspectivas es fundamental para la convivencia y el respeto mutuo.

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