ortés tenía una vida en la cárcel marcada por el aislamiento y la vigilancia especial. Vivía en un área restringida con apenas una decena de otros reclusos y estaba supervisado por funcionarios de prisión. El día de su fallecimiento tenía prevista una audiencia para vincularle con dos casos de sus víctimas, pero faltó a la cita por encontrarse en el hospital. La policía detalla que Cortés sufrió una “caída ocurrida en las primeras horas del día mientras dormía”. Su custodio le canalizó con el servicio médico para que le atendieran por la contusión. Varias horas después, a las 14:58, falleció en el Hospital General de Iztapalapa. La causa probable de la muerte está descrita en el documento como “intoxicación que derivó en fallo cardiaco”.
Cortés también estaba bajo tratamiento con “medicamento controlado supervisado por el Servicio Médico del Reclusorio Preventivo Varonil Oriente”. La abogada de sus dos últimas víctimas, la adolescente María José y su madre Cassandra, fue a verle a prisión en varias ocasiones y relata que el preso estaba tranquilo, que no parecía agresivo y que se dirigía a ella con educación. “Tengo mis dudas sobre si podría agredir porque cuando están en reclusión se desesperan. Al final del día es un asesino”, incide Erendali Trujillo en entrevista con este periódico.






