{"id":450172,"date":"2024-12-30T10:46:57","date_gmt":"2024-12-30T16:46:57","guid":{"rendered":"https:\/\/billieparkernoticias.com\/?p=450172"},"modified":"2024-12-30T10:46:57","modified_gmt":"2024-12-30T16:46:57","slug":"el-agujero-negro-de-la-frontera-las-dificultades-en-la-busqueda-de-migrantes","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/fronteraveracruz.com\/?p=450172","title":{"rendered":"El agujero negro de la frontera: Las dificultades en la b\u00fasqueda de migrantes ."},"content":{"rendered":"<p>*<em>En 2020, Bladis Mej\u00eda viaj\u00f3 desde Chiapas a Estados Unidos. Su rastro se perdi\u00f3 en el desierto de Sonora. Mientras voluntarios de organizaciones de derechos humanos recorren la zona fronteriza para rescatar a migrantes desaparecidos, el Proyecto Frontera del EAAF ha logrado identificar a decenas de ellos mediante la creaci\u00f3n de bancos de datos forenses<\/em><\/p>\n<p><strong>\/ Texto: Nora Belghaus \/ <\/strong><strong>Fotos: Helena Lea Manhartsberger \/<\/strong><\/p>\n<p>Bladis Mej\u00eda ha colocado en la cama del hotel los objetos que planea llevarse en su marcha por el desierto: un rollo de papel higi\u00e9nico, pa\u00f1uelos desechables, auriculares, gomina para el pelo, analg\u00e9sicos, ung\u00fcento Vick Vaporub, unos guantes con estampado de camuflaje. Se hace unas\u00a0<em>selfies<\/em>, fotograf\u00eda sus pertenencias, y env\u00eda las im\u00e1genes a su madre Cristina Saraoz Calvo.<\/p>\n<p>La noche del jueves 2 de abril de 2020, Bladis le escribe por WhatsApp desde la ciudad fronteriza de Sonoyta, en Sonora:<\/p>\n<p>\u201cMe dijo este vato que no encienda mi celular. As\u00ed que estar\u00e9 desconectado por cinco d\u00edas. As\u00ed que no te asustes\u201c.<\/p>\n<p>\u201cBueno, mi amor, pero si puedes me escribes\u201c, le responde su madre. \u201cHasta donde puedas. Por favor, cu\u00eddate mucho en el camino. Nosotros estaremos orando por ti, hijito\u201c.<\/p>\n<p>\u201cS\u00ed, mamita, est\u00e1 bien. No te preocupes por nada. Te prometo que estar\u00e9 bien\u201c.<\/p>\n<p>Es el \u00faltimo mensaje que Saraoz recibe de su hijo. Su rastro se pierde en el desierto de Sonora, que se extiende desde M\u00e9xico hasta Arizona.<\/p>\n<figure class=\"wp-block-image\"><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/lh7-rt.googleusercontent.com\/docsz\/AD_4nXd1VFU8N8wml6vYElXzSpTkUrKnO7kBj9uzZ2aWH4fuPPZk5nd24Krl3Ba3_y8m8ACm8I_NPxoTmAnv3He1rrZBT6KYTJoeBRq6vUfC-2NV9IENYOrpkgDkYhhDINAOquvmTfCXbDhuKiaABDSxMPA?key=pJxcxCqDfmgl9JZjCmtTILld\" alt=\"\" \/><\/figure>\n<p class=\"has-small-font-size\"><em>Fotograf\u00eda de Bladis Mej\u00eda incluida en el expediente de su desaparici\u00f3n, ocurrida en 2020, cuando ten\u00eda 21 a\u00f1os.<\/em><em>\u00a0<\/em><\/p>\n<p>Cuando Bladis parti\u00f3 desde el noroeste del pa\u00eds, en abril de 2020, ten\u00eda 21 a\u00f1os. Como decenas de miles de personas que viajaron desde distintos lugares de Am\u00e9rica Latina solo ese mes, su destino era Estados Unidos, donde encontrar\u00eda un trabajo asalariado, paz y la perspectiva de una vida mejor. Pero Bladis no disfrut\u00f3 de esa nueva vida. Para su madre se convirti\u00f3 en un \u201cdesaparecido\u201c.<\/p>\n<p>El Proyecto Migrantes Desaparecidos de la Organizaci\u00f3n Internacional para las Migraciones (OIM) de Naciones Unidas registra, en la regi\u00f3n de las Am\u00e9ricas, 9,952 personas fallecidas o desaparecidas en su camino hacia Estados Unidos desde 2014 hasta diciembre de 2024.\u00a0<a href=\"https:\/\/adondevanlosdesaparecidos.org\/2023\/07\/14\/desde-un-centenar-hasta-35000-las-cifras-de-la-desaparicion-de-migrantes\/\">Pero se cree que hay muchos m\u00e1s<\/a>. Algunos desaparecen cuando recorren Centroam\u00e9rica o cruzan el Caribe; otros, cuando ya llegaron a su destino, en Nuevo M\u00e9xico, Texas o Arizona.<\/p>\n<p>Un d\u00eda de noviembre de 2023, los estadounidenses Alizah Simon, de 27 a\u00f1os, y Bryce Peterson, de 32, suben a una\u00a0<em>pick up<\/em>\u00a0rumbo al desierto de Sonora, al que tamb\u00eden se dirig\u00eda Bladis. Avanzan durante kil\u00f3metros a lo largo de la l\u00ednea fronteriza, que se extiende hasta el horizonte. Bajo el calor del mediod\u00eda, cargan al hombro sus mochilas y marchan a trav\u00e9s del terreno polvoriento y lleno de maleza. Lleva cada uno 15 litros de agua en tres bidones y comida.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de dos horas de caminata llegan a un barranco. Depositan en \u00e1rboles y cuevas los garrafones de agua, las latas de at\u00fan y frijoles, y las galletas. No More Deaths es la ONG para la que trabajan de forma voluntaria. Hay bl\u00edsteres de analg\u00e9sicos y latas vac\u00edas junto a la carretera; encuentran un zapato junto a un arbusto. Alguien ha cosido alrededor de la suela un pedazo ancho de alfombra. Los migrantes usan estos zapatos para no dejar huellas en la arena, \u201cpara que la patrulla fronteriza no pueda encontrarlos\u201c, dice Simon. A menudo han rescatado a personas deshidratadas y desorientadas que vagaban por el desierto.<\/p>\n<p>Una vez, durante un recorrido, Simon descubri\u00f3 un esqueleto humano debajo de un \u00e1rbol, a 100 metros del aparcamiento m\u00e1s cercano. Avis\u00f3 a la patrulla fronteriza, que se llev\u00f3 los restos. No sabe si fueron identificados. M\u00e1s tarde, alguien coloc\u00f3 una cruz amarilla de madera en el lugar y colg\u00f3 un rosario.<\/p>\n<p>Voluntarios como Simon, Peterson e integrantes de otros grupos humanitarios dan un poco de esperanza a familiares de personas desaparecidas como Saraoz.<\/p>\n<p>La madre de Bladis a\u00fan no sabe si el hijo que busca est\u00e1 vivo o muerto.<\/p>\n<figure class=\"wp-block-image\"><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/lh7-rt.googleusercontent.com\/docsz\/AD_4nXepakXSyuyakJnqdKJds5jx9rlvoW7ACtU-84EPJgJiwJIjpE0EJ9cdOhLy1mJzuEsfADApxdsACifTGSUcwbO6Jr5Xm29HJVjZU1Tb08VUpYddAz1hd9amVlMSmPiPa_-C8BHSlftq4K9_VygoVLI?key=pJxcxCqDfmgl9JZjCmtTILld\" alt=\"\" \/><\/figure>\n<p class=\"has-small-font-size\"><em>Rick, un voluntario, revisa una fuente de agua de la ONG Humane Borders en el parque Organ Pipe, en Arizona.<\/em><em>\u00a0<\/em><\/p>\n<p><strong>La oferta\u00a0<\/strong><\/p>\n<p>Tres a\u00f1os, siete meses y un d\u00eda despu\u00e9s de la desaparici\u00f3n de Bladis, en noviembre de 2023, Saraoz, de 44 a\u00f1os, hojea el expediente de su hijo en la mesa de su cocina, que contiene una copia de su \u00faltima\u00a0<em>selfie<\/em>. \u201cNada duele tanto como saber que tu hijo ha muerto\u201c, dice, \u201cpero no saberlo es igual de malo\u201c. Saraoz conoce muchas historias de desaparecidos en la frontera. Y sobre los muertos: fallecidos de sed en el desierto, ahogados en el R\u00edo Grande, o v\u00edctimas de la violencia de los c\u00e1rteles y de los traficantes de personas. A veces, sus cuerpos son encontrados en el r\u00edo o bajo los arbustos. Otros yacen enterrados en lugares desconocidos, sin que se conozca la verdad sobre su muerte.<\/p>\n<p>Saraoz vive con su hija Perla, de 11 a\u00f1os, y su hijo Ronay, de 23, y la pareja de este, en Emiliano Zapata, un pueblo de las monta\u00f1as de Chiapas, el estado m\u00e1s pobre de M\u00e9xico. Su marido, despu\u00e9s de un largo periodo enfermo, muri\u00f3 en octubre de 2022. Junto con Ronay, Saraoz puso una tortiller\u00eda en la casa vecina. Cristian, su hijo menor, de 21 a\u00f1os, emigr\u00f3 al norte del pa\u00eds para ganar dinero.<\/p>\n<figure class=\"wp-block-image\"><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/lh7-rt.googleusercontent.com\/docsz\/AD_4nXd6jlQ7QI25PBLnbBmJTU7PHwf5wRwHV8GTuwVHYttTIop4-IgZov2_z7qQkqLUD7hs0IN_Hzjm1rw4KA1opUi9tlr19BsrbpcsBg5o1yh-5znkdjloGG5BWy436LiQy2iBFX1k8eWxIeDOWGp4sA?key=pJxcxCqDfmgl9JZjCmtTILld\" alt=\"\" \/><\/figure>\n<p class=\"has-small-font-size\"><em>Perla, de once a\u00f1os, reza junto a su madre, Cristina Saraoz, por su hermano mayor desaparecido.<\/em><\/p>\n<p>Casi todas las paredes de su hogar est\u00e1n pintadas de diferentes colores. Un a\u00f1o despu\u00e9s de la desaparici\u00f3n de Bladis volvieron a pintar la casa, pero no su antigua habitaci\u00f3n. Su madre muestra la cabeza de puma dorada que Bladis dibuj\u00f3 en la pared: el logotipo de su club de f\u00fatbol favorito, los Pumas de la UNAM. Hace tiempo que Perla se mud\u00f3 al cuarto, con su osito y su perro de peluche.<\/p>\n<p>M\u00e1s tarde, Saraoz se sienta en la cocina bajo la p\u00e1lida luz de una bombilla LED. A su espalda, una estanter\u00eda rebosa de coloridos\u00a0<em>tupperware<\/em>; son de cuando los vend\u00eda en el barrio. En la esquina hay una jaula con un periquito. Perla pasa los dedos por los barrotes mientras su madre recuerda que en 1998, cuando naci\u00f3 Bladis, ten\u00eda 19 a\u00f1os. Adem\u00e1s de\u00a0<em>tupperware<\/em>, tambi\u00e9n vend\u00eda ropa americana por cat\u00e1logo. Su marido trabajaba como profesor. Los domingos iban a la iglesia que est\u00e1 enfrente, una congregaci\u00f3n de los adventistas del s\u00e9ptimo d\u00eda. Una vida sin grandes sobresaltos, pero \u201cno nos faltaba nada\u201c, dice.<\/p>\n<p>Cuando su marido enferm\u00f3 del ri\u00f1\u00f3n, necesitaba di\u00e1lisis todos los d\u00edas, pero segu\u00eda trabajando. En 2018, su hijo mayor, Bladis, se mud\u00f3 a la ciudad de Monterrey; encontr\u00f3 trabajo en una f\u00e1brica de asientos calefactables para autom\u00f3viles y enviaba a casa todo el dinero que pod\u00eda.<\/p>\n<p>En la Nochevieja de 2019, Bladis le regal\u00f3 a su madre un billete de avi\u00f3n; fue la primera vez que Saraoz viajaba a una gran ciudad. Madre e hijo sonr\u00eden en las\u00a0<em>selfies<\/em>\u00a0que se hicieron.<\/p>\n<p>Tres meses despu\u00e9s, en marzo de 2020, el padre empeor\u00f3 repentinamente y tuvo que ser hospitalizado varias semanas. El coronavirus hab\u00eda llegado al pa\u00eds. Los medicamentos escaseaban y eran caros. \u201cBladis no soportaba la incertidumbre, el miedo por su padre\u201c, dice Saraoz. Poco despu\u00e9s, su hijo le pregunt\u00f3: \u201cMamita, \u00bfqu\u00e9 te parece si me voy a Estados Unidos?\u201c. Ella se mostr\u00f3 esc\u00e9ptica: \u201c\u00bfQu\u00e9 quieres all\u00ed? \u00bfPor qu\u00e9 piensas eso?\u201c. Le cont\u00f3 que estaba en contacto por Facebook con un chico que conoci\u00f3 en la escuela. Ahora viv\u00eda en Estados Unidos y ganaba mucho dinero; le ofreci\u00f3 organizar el viaje y un trabajo como chofer. Solo ten\u00eda que pagar una parte de los gastos, el resto podr\u00eda cubrirlo cuando estuviera all\u00e1. As\u00ed podr\u00eda enviar m\u00e1s dinero a casa para la medicaci\u00f3n de su padre, mucho m\u00e1s.<\/p>\n<p>Al final, Saraoz le dio su bendici\u00f3n, pero con cierta inquietud. \u201cEstaba muy preocupada, pero \u00e9l lo deseaba tanto\u201d, cuenta.<\/p>\n<figure class=\"wp-block-image\"><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/lh7-rt.googleusercontent.com\/docsz\/AD_4nXcvy--oAixoI4_r7HDz1Mmu43eAZfBDV2fMbFZhh8REMYkfpNKEdjoABQccHg5JgVK4PKUaBQFm34wMOub9Qwj8ak1ImyGjOfU2g5CbyQd9UJdvqrbHdRP4NmQxV0teO9etATQnqNGRVYBJdWZEzq8?key=pJxcxCqDfmgl9JZjCmtTILld\" alt=\"\" \/><\/figure>\n<p class=\"has-small-font-size\"><em>El desierto de Sonora se extiende a ambos lados de la frontera de M\u00e9xico con Estados Unidos, donde abarca grandes \u00e1reas de los estados de Arizona y California.<\/em><em>\u00a0<\/em><\/p>\n<p><strong>El viaje\u00a0<\/strong><\/p>\n<p>El 27 de marzo de 2020, Bladis toma el autob\u00fas con destino a Sonoyta, una ciudad fronteriza del estado de Sonora. Llega el 31 de marzo. Pero antes de viajar al otro lado, a Arizona, tiene que hacer un primer pago. Pide dinero a su madre. Saraoz transfiere 7,000 pesos, prestados por un primo, a la cuenta de su hijo para que pueda cruzar la frontera. Bladis agrega una parte de sus ahorros a esa cantidad, pero Saraoz no sabe cu\u00e1nto.<\/p>\n<p>Dos d\u00edas despu\u00e9s, Bladis se encuentra con otros tres viajeros, una mujer y dos hombres, y con la persona que supuestamente los llevar\u00e1 al otro lado: el gu\u00eda y c\u00f3mplice del conocido de la escuela que lo convenci\u00f3 para que entrara ilegalmente a Estados Unidos. Bladis le entrega el dinero. Durante esos d\u00edas, mantiene a su madre informada casi cada hora; hablan por tel\u00e9fono y se escriben mensajes.<\/p>\n<p>Desde la habitaci\u00f3n del hotel, Bladis le env\u00eda una\u00a0<em>selfie<\/em>\u00a0y una foto de su equipaje. Y el \u00faltimo wasap. Luego comienza la espera para Saraoz. En los cuatro d\u00edas que siguen a esa noche, apenas come ni duerme, con los ojos pegados al celular. El 6 de abril no puede aguantar m\u00e1s. Bladis le hab\u00eda dado el n\u00famero de su antiguo compa\u00f1ero de colegio, y Saraoz le pregunta por WhatsApp y Facebook\u00a0 por el paradero de su hijo. Pero el coyote, el traficante, no contesta a sus preguntas o lo hace con monos\u00edlabos; le dice que tenga paciencia y que pronto le dar\u00e1 informaci\u00f3n.<\/p>\n<p>El tono de Saraoz en los mensajes se vuelve m\u00e1s agudo, apela a su responsabilidad, le insta a que averig\u00fce m\u00e1s sobre la ruta del grupo a trav\u00e9s del gu\u00eda. En alg\u00fan momento, le responde que Bladis podr\u00eda estar atrapado en el desierto de Sonora en Arizona, en Growler Valley, un valle entre dos cadenas monta\u00f1osas. All\u00ed, solo algunas cuevas bajo las rocas proporcionan algo de sombra; alrededor crecen arbustos espinosos y cactus saguaro de nueve metros de altura. Despu\u00e9s, el contacto se interrumpe; el coyote la ha bloqueado.<\/p>\n<figure class=\"wp-block-image\"><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/lh7-rt.googleusercontent.com\/docsz\/AD_4nXd21qcLTzGns6VKuC-PdE8Ww0vtay7H1Kr6Nk0xkKxgUknRYb67Q024_pQdu7yTJl5UnWHjZrGZcGqO29K_UT5wwH4MmJFphWnhav5nLLmqJsiht47y__2Gdb08kaOfNiRZv6cdScNcGGkLhxEHUOU?key=pJxcxCqDfmgl9JZjCmtTILld\" alt=\"\" \/><\/figure>\n<p class=\"has-small-font-size\"><em>Tres j\u00f3venes guatemaltecos caminan hacia el centro de registro despu\u00e9s de atravesar la frontera en Ajo, Arizona.<\/em><\/p>\n<p><strong>Comienza la b\u00fasqueda<\/strong><\/p>\n<p>Ronay, el hermano menor de Bladis que vive con su madre, encuentra en internet dos organizaciones de derechos humanos que buscan a personas desaparecidas en la zona fronteriza de Estados Unidos. Le proporciona informaci\u00f3n sobre el coyote a uno de los grupos. El 21 de abril, 19 d\u00edas despu\u00e9s de la desaparici\u00f3n de Bladis, cinco hombres y una mujer salen en su busca. Son voluntarios de Samaritanos sin Fronteras, un grupo humanitario con sede en Ajo, Arizona, y de la ONG No More Deaths. Ajo es una peque\u00f1a ciudad del desierto de Sonora; los samaritanos, en su mayor\u00eda estadounidenses blancos jubilados, viajan regularmente a la regi\u00f3n fronteriza en busca de migrantes como Bladis que necesitan ayuda, han sido abandonados por los coyotes o est\u00e1n perdidos. Les dan agua y comida, curan peque\u00f1as heridas, y llaman a la patrulla fronteriza y a una ambulancia en caso de emergencia.<\/p>\n<p>Por la noche, env\u00edan las fotos de la b\u00fasqueda a Ronay. Los samaritanos parecen excursionistas, con mochilas, bastones de senderismo, sombreros y gafas de sol, llevan pantalones\u00a0<em>beige<\/em>\u00a0de monta\u00f1a y camisas blancas de manga larga. Est\u00e1n sobre un terreno pedregoso bajo un cielo despejado. Pero la esperanza de Ronay y su familia se desvanece. No lo han encontrado.<\/p>\n<p>A Cristina Saraoz le cuesta cada vez m\u00e1s levantarse por las ma\u00f1anas, ayudar a su marido con la di\u00e1lisis, llevar a su hija Perla al colegio. Los d\u00edas se convierten en semanas y meses. Abandona su negocio; se limita a hacer lo imprescindible. \u201cPerlita es mi fuerza\u201c, dice.<\/p>\n<p>En la primavera de 2021, un conocido le habla de Voces Mesoamericanas. Esta organizaci\u00f3n, que apoya a familias cuyos parientes han desaparecido en su camino a Estados Unidos, quiz\u00e1 pueda ayudarla. Poco despu\u00e9s de contactarla, Saraoz toma un minib\u00fas hacia San Crist\u00f3bal de las Casas, en Chiapas, donde la ONG tiene su oficina. Maricela Sandybell Reyes Gonz\u00e1lez, abogada, explica a Saraoz qu\u00e9 pasos pueden dar juntas. Juntas. Este es para ella un punto de inflexi\u00f3n: \u201cDesde entonces, no me he sentido tan sola con todo\u201c.<\/p>\n<figure class=\"wp-block-image\"><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/lh7-rt.googleusercontent.com\/docsz\/AD_4nXe5ffuJNPs1eD9LxpCOvEXJsblR6TVaK6ba-uOJJ_w7aRbM5hEucsLe91jkMSdw9FIKfRtgfYN82Kul4KuEYaFlDjXgjUgf3D3inXNBXr4GPD_OGfCXiDYNNdeFlNF8dodl3_Yy_OsentDiko2tyg?key=pJxcxCqDfmgl9JZjCmtTILld\" alt=\"\" \/><\/figure>\n<p class=\"has-small-font-size\"><em>Integrantes del colectivo Buscadoras de la Frontera Nogales realizan una b\u00fasqueda en campo.<\/em><\/p>\n<p><strong>Las preguntas de los forenses<\/strong><\/p>\n<p>Ese mismo a\u00f1o, en abril, Saraoz sube al autob\u00fas por segunda vez, ahora junto a Ronay, Cristian y Perla. Son cuatro horas de descenso por el valle y poco menos de dos horas de subida por la sierra hasta llegar a San Crist\u00f3bal de las Casas. No es Reyes quien les espera, sino un equipo de antrop\u00f3logos de la Ciudad de M\u00e9xico. Est\u00e1n desde hace varios d\u00edas en la ciudad entrevistando a las familias de los desaparecidos.<\/p>\n<p>Una antrop\u00f3loga forense pregunta a Saraoz sobre la ropa que llevaba Bladis, sus marcas de nacimiento, radiograf\u00edas,\u00a0<em>piercings<\/em>, fracturas \u00f3seas. Recoge los datos\u00a0<em>ante mortem<\/em>\u00a0(AM): todo lo que pueda ayudar a la identificaci\u00f3n de cad\u00e1veres o esqueletos. Luego toma muestras de sangre y saliva de la madre y de los hijos para las pruebas de ADN.<\/p>\n<p>La entrevistadora forma parte del Equipo Argentino de Antropolog\u00eda Forense (EAAF), que colabora con Voces Mesoamericanas y tiene como objetivo reunir a las personas desaparecidas con sus familias. Fue fundado en 1984, poco despu\u00e9s de la vuelta de la democracia a Argentina; de 1976 a 1983, bajo la dictadura militar, alrededor de 30,000 hombres y mujeres fueron secuestrados, torturados y asesinados en ese pa\u00eds. Pasaron a la historia como los \u201cdesaparecidos\u201c. El EAAF se propuso recuperar e identificar a los muertos de las fosas clandestinas; desde su creaci\u00f3n, sus forenses han identificado a v\u00edctimas de la violencia en m\u00e1s de 50 pa\u00edses, desde Angola hasta Zimbabue, desde Bosnia hasta Vietnam.<\/p>\n<p>Uno de los miembros fundadores del EAAF es Mercedes Doretti, que ahora vive en Nueva York. En una entrevista por Zoom, esta mujer de 65 a\u00f1os habla sobre el\u00a0<a href=\"https:\/\/eaaf.org\/proyecto-frontera\/\">Proyecto Frontera<\/a>, que desde 2009 tiene la misi\u00f3n de crear estructuras en los pa\u00edses de origen de los migrantes, y el pa\u00eds de destino, Estados Unidos, mediante redes, intercambio de informaci\u00f3n, bases de datos compartidas que puedan utilizarse para identificar a quienes mueren en la frontera norte de M\u00e9xico. Doretti afirma: \u201cDesde un punto de vista puramente cient\u00edfico, el asunto es claro y sencillo. Pero el mayor reto es la coordinaci\u00f3n\u201c.<\/p>\n<p>Hay que visualizarlo as\u00ed: por un lado, est\u00e1n los cad\u00e1veres encontrados a lo largo de los m\u00e1s de 3,000 kil\u00f3metros de frontera de Estados Unidos con M\u00e9xico que son examinados por diversas instituciones forenses. Son los cuerpos de personas que, probablemente, quer\u00edan emigrar. En la mayor\u00eda de los casos, solo se hallan sus esqueletos, rara vez cuentan con alg\u00fan documento de identidad. Por otro lado, est\u00e1n las familias. Algunas residen en Estados Unidos, otras en su pa\u00eds de origen. La mayor\u00eda vive en la pobreza, a miles de kil\u00f3metros de la frontera estadounidense, y algunos tienen dificultades para leer y escribir.<\/p>\n<p>\u00bfC\u00f3mo unir estas dos partes? Los datos\u00a0<em>post mortem<\/em>\u00a0(PM) de los servicios forenses estadounidenses con los datos\u00a0<em>ante mortem<\/em>\u00a0(AM) de las familias, en caso de que los parientes hayan sido contactados por ONG como Voces Mesoamericanas o el EAAF.<\/p>\n<p>Falta un intercambio de datos entre Estados Unidos, M\u00e9xico y los dem\u00e1s pa\u00edses de origen para obtener, concentrar y hacer llegar la informaci\u00f3n a los destinatarios adecuados, explica Doretti. Por eso, en 2010, un a\u00f1o despu\u00e9s de su fundaci\u00f3n, el Proyecto Frontera empez\u00f3 a concentrar los datos. Se establecieron canales de contacto para las familias en varios lugares de M\u00e9xico y Centroam\u00e9rica, y se crearon bancos forenses con bases de datos estandarizadas, como el de Chiapas con Voces Mesoamericanas.<\/p>\n<p>Desde 2010 hasta junio de 2023, han sido identificadas 296 de 2,123 personas migrantes reportadas como desaparecidas al Proyecto Frontera, y sus restos entregados a sus familiares. Es una fracci\u00f3n de los cuerpos no identificados. Las oficinas forenses de Estados Unidos ya han enterrado, o conservan en un refrigerador mortuorio, a m\u00e1s de mil. Doretti y su equipo asumen una tarea que, en realidad, es responsabilidad de los pa\u00edses de origen y de Estados Unidos: el trabajo forense. Permiten que las personas sean enterradas con dignidad y que sus familiares puedan despedirlas. Su trabajo se financia con donaciones y no con el dinero de los contribuyentes.<\/p>\n<figure class=\"wp-block-image\"><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/lh7-rt.googleusercontent.com\/docsz\/AD_4nXdEsUUKccTAbQ6pXtyyX40CH6iYi-7rvSaRMaJp1_ZPgYADQfjF4i4OItiBwcgLJQh0jw2fr5-0DCEvPM12a6V2Gf7KBIDTOPY-pusJgkVtHsuTPYWkpvBgD0r9RpLNmJRgWlKvmoU44L34h0q9IUE?key=pJxcxCqDfmgl9JZjCmtTILld\" alt=\"\" \/><\/figure>\n<p class=\"has-small-font-size\"><em>Cuerpos de personas sin identificar permanecen en un refrigerador mortuorio en la oficina forense de Tucson.\u00a0\u00a0<\/em><\/p>\n<p><strong>Posibles destinos<\/strong><\/p>\n<p>Cuando Cristina Saraoz se sienta a la mesa de su cocina en noviembre de 2023, piensa en voz alta qu\u00e9 podr\u00eda haberle ocurrido a Bladis: quiz\u00e1 est\u00e9 en la c\u00e1rcel. Porque el gu\u00eda le dio drogas, la polic\u00eda lo atrap\u00f3 con ellas, y ahora lleva mucho tiempo en prisi\u00f3n y no puede ponerse en contacto con ella porque no se lo permiten o porque el gu\u00eda le ha quitado el celular. Tal vez lo tiene cautivo un c\u00e1rtel de la droga. O traficantes de personas en Estados Unidos que lo obligan a trabajar como esclavo.<\/p>\n<p>No son suposiciones infundadas, hay noticias de casos as\u00ed. Pero los a\u00f1os transcurridos y los informes de las ONG sobre los destinos mortales en la regi\u00f3n fronteriza sugieren que Bladis ya no est\u00e1 vivo. Los miembros de las organizaciones humanitarias que lo han buscado y un m\u00e9dico forense consultado tambi\u00e9n creen que probablemente est\u00e9 muerto. Sospechan que perdi\u00f3 a su grupo o fue abandonado. Tal vez sus restos ya fueron encontrados por un grupo de b\u00fasqueda o un agente de la patrulla fronteriza, pero no ha sido identificado. Saraoz no piensa as\u00ed, al menos no en voz alta.<\/p>\n<p>Si Bladis sufri\u00f3 ese destino, su cuerpo, o lo que qued\u00f3 de \u00e9l, debi\u00f3 estar en alg\u00fan momento en la mesa de autopsias de Bruce Anderson, el forense del condado de Pima, en Arizona, que abarca la zona donde se cree que desapareci\u00f3. Un 15 de noviembre, este hombre alto de 68 a\u00f1os, est\u00e1 inclinado con su bata blanca sobre la brillante superficie de acero inoxidable de una mesa en la que clasifica los huesos del caso 23-3893. La sala no tiene ventanas, el aire es fresco, la luz es potente y huele a putrefacci\u00f3n. Ha sacado los huesos de una bolsa blanca para cad\u00e1veres, que tambi\u00e9n contiene una gran bola de pelo negro. Con dedos \u00e1giles, mueve sobre la mesa los huesos peque\u00f1os y grandes hasta formar un esqueleto casi completo, incluido el cr\u00e1neo.<\/p>\n<p>\u201cLos huesos todav\u00eda tienen un color amarillento y est\u00e1n grasientos, lo que indica que pasaron entre cuatro y diez semanas antes de que el cuerpo fuera encontrado\u201c, dice, y enumera: \u201cFaltan dos costillas y una peque\u00f1a parte del coxis; probablemente, los lobos esteparios o los buitres arrancaron partes del cuerpo y se las llevaron. El cr\u00e1neo tiene los p\u00f3mulos altos y planos, lo que indica un origen ind\u00edgena\u201c. Falta la cintura de los pantalones que se hallaron con el esqueleto; fue arrancada. \u201cVemos esto a menudo. Quiz\u00e1 la persona cosi\u00f3 dinero, lo escondi\u00f3, y alguien se lo rob\u00f3\u201c. Todo esto, junto con su ubicaci\u00f3n en la regi\u00f3n fronteriza, sugiere que la persona era migrante.<\/p>\n<figure class=\"wp-block-image\"><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/lh7-rt.googleusercontent.com\/docsz\/AD_4nXeOmpFVGX-L-oOhQ4l_o4Q7jAoyVib2PfuUpO-QFOJxmqH9T5jle8cGLIcu-jOKlkJfAdrNKSMnUWBPJ4lXj2Umu-cGpzu1E7KThFbPmWvtC7QvxUA_qvxHfQMBfP9_86bltOw1gdN47L5Mp1jAZv4?key=pJxcxCqDfmgl9JZjCmtTILld\" alt=\"\" \/><\/figure>\n<p class=\"has-small-font-size\"><em>El forense del condado de Pima, Bruce Anderson, examina los huesos de una adolescente. Se desconoce su identidad.<\/em><em>\u00a0<\/em><\/p>\n<p>Anderson examina el cr\u00e1neo. Adem\u00e1s de las huellas dactilares, que no se pueden tomar cuando se trata de restos \u00f3seos, los dientes de una persona son especialmente importantes para su identificaci\u00f3n. Utiliza un aparato de rayos X port\u00e1til para irradiar los dientes. Las im\u00e1genes aparecen en un monitor, y Anderson las se\u00f1ala con el dedo: \u201cDos conductos radiculares est\u00e1n curvados. Si hubiera radiograf\u00edas dentales, ser\u00eda f\u00e1cil identificar a la persona. Pero la gente pobre rara vez va al dentista\u201c.<\/p>\n<p>Descubre una muela del juicio en la dentadura, su corona es a\u00fan muy peque\u00f1a. Anderson mide su circunferencia y luego se dirige hacia una ilustraci\u00f3n que cuelga en la pared, a su lado. Es la llamada tabla de crecimiento, que muestra el tama\u00f1o de los dientes en los diferentes grupos de edad. \u201cEdad dental: entre 15 y 19 a\u00f1os\u201c. Luego se\u00f1ala unas l\u00edneas en el cr\u00e1neo, las placas de crecimiento; tambi\u00e9n las encuentra en las articulaciones de las rodillas. A\u00fan son visibles, es decir, no est\u00e1n completamente cerradas y osificadas. Ahora, Anderson puede decir con m\u00e1s precisi\u00f3n: \u201cEsta persona no ten\u00eda m\u00e1s de 15, m\u00e1ximo 16 a\u00f1os\u201c. Por la pelvis, puede establecer que es el esqueleto de una mujer. Y no med\u00eda m\u00e1s de 1,46 metros. Con un suspiro, dice: \u201cHac\u00eda mucho tiempo que no ten\u00eda a alguien tan joven tumbado aqu\u00ed\u201c.<\/p>\n<p>As\u00ed que el caso 23-3893 es una adolescente con el pelo hasta la cintura. Eso es todo lo que Anderson puede decir de ella. Para poder darle un nombre, habr\u00eda que comparar los datos PM de Estados Unidos con los datos AM de los bancos forenses de personas desaparecidas del Proyecto Frontera. Si su familia envi\u00f3 sus datos, ser\u00eda r\u00e1pido hallar una posible coincidencia. La familia tendr\u00eda certeza sobre el destino de su hija, hermana o prima desaparecida. Pero hay un problema.<\/p>\n<p>Para identificar un cuerpo o un esqueleto, con el fin de garantizar que una familia no est\u00e1 enterrando a un extra\u00f1o, es necesario un cotejo de ADN. En Estados Unidos, el coste del an\u00e1lisis de ADN de un indocumentado que cruza la frontera (UBC, por sus siglas en ingl\u00e9s:\u00a0<em>Undocumented Border Crosser<\/em>), un inmigrante ilegal, es de 3,000 a 5,000 d\u00f3lares, dice Anderson. El precio es alto porque los laboratorios privados tienen que realizar los an\u00e1lisis. La raz\u00f3n: el FBI puede acceder a los datos de los laboratorios estatales. El Estado no se hace cargo de los gastos, dice Anderson, y a\u00f1ade: \u201cNuestro condado es uno de los m\u00e1s liberales de Arizona, pero si se supiera que se est\u00e1 identificando a inmigrantes muertos con el dinero de los contribuyentes, arder\u00edan las calles. Aqu\u00ed se les considera ciudadanos de segunda clase\u201c.<\/p>\n<p>Como las familias de las personas fallecidas no suelen poder reunir el dinero, las ONG y las fundaciones ayudan con donaciones. Pero estas han disminuido en los \u00faltimos a\u00f1os. Actualmente, hay entre 200 y 300 restos de presuntos UBC almacenados en cajas en la oficina del forense del condado de Pima. Desde 2019 se acumulan muestras de dientes y huesos de personas desconocidas, cuyas familias pueden haber proporcionado una muestra de ADN y est\u00e1n esperando a que sea cotejada.<\/p>\n<figure class=\"wp-block-image\"><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/lh7-rt.googleusercontent.com\/docsz\/AD_4nXfO55zu38Aw85vgy7plDIYh2COB1mKJ7yN2PGpFLfaOqarZVi-pmEVyzHiFKOKl4k0t0Gjnx5x3Umz3AptkIF6xgzDLTm9HX0odUd3DLqx85DZA_top2hupXQNvD4E6-Hf4JoDUqAh7wtmXY1ceXA?key=pJxcxCqDfmgl9JZjCmtTILld\" alt=\"\" \/><\/figure>\n<p class=\"has-small-font-size\"><em>Las tumbas que albergan a personas no identificadas en el cementerio municipal de Tucson fueron pintadas por estudiantes.<\/em><\/p>\n<p><strong>Un rayo de esperanza<\/strong><\/p>\n<p>\u00bfPodr\u00eda Bladis ser una de las personas no identificadas cuyos restos est\u00e1n en la oficina del forense del condado de Pima? Bruce Anderson abre la puerta de su despacho. Una habitaci\u00f3n peque\u00f1a, una estanter\u00eda llena de libros en cada pared, un escritorio con una computadora en el centro y archivos apilados encima, abajo y al lado, en el suelo. Enciende el ordenador y abre una base de datos. \u00bfQu\u00e9 dice Anderson sobre la hip\u00f3tesis de la madre de Bladis de que su hijo haya sido detenido por la patrulla fronteriza con droga en el equipaje y condenado a una larga pena de prisi\u00f3n? No lo cree muy probable. El c\u00f3nsul mexicano est\u00e1 regularmente en contacto con la patrulla fronteriza y se entera pronto de esos casos. Bladis tambi\u00e9n habr\u00eda tenido la oportunidad de llamar a su familia desde la c\u00e1rcel durante los a\u00f1os transcurridos. El nombre de Bladis, adem\u00e1s, es inusual, y seguramente lo recordar\u00eda si el c\u00f3nsul mexicano lo hubiera denunciado.<\/p>\n<p>Anderson anota ahora los n\u00fameros de los casos de cad\u00e1veres masculinos desconocidos encontrados en Growler Valley, donde desapareci\u00f3 Bladis, desde el 2 de abril de 2020. El mapa en que se registran estos n\u00fameros, el llamado \u201cmapa de la muerte\u201c, es de acceso p\u00fablico; las organizaciones humanitarias y los agentes fronterizos pueden introducir tambi\u00e9n los lugares donde se han encontrado cuerpos.<\/p>\n<p>Anderson quiere examinar m\u00e1s de cerca los casos. Promete proporcionar informaci\u00f3n pronto, pero ahora tiene que seguir trabajando. Quiere hervir los huesos de la ni\u00f1a para que pierdan el olor y puedan almacenarse en uno de los grandes remolques que hay frente a la oficina del forense, en lugar de en refrigeradores mortuorios.<\/p>\n<p><img fetchpriority=\"high\" decoding=\"async\" src=\"https:\/\/lh7-rt.googleusercontent.com\/docsz\/AD_4nXcPEvY947-YpCymxGH3J10BI62hNAuivknjUcliX3DtpXQDykjoCR5I-4RonEZOamyE42y8m22zNeJoG3EiaUW6wETmmBa2KlslIW0VKTimsZJxRAcK41ixftsF7064qnOCAPJPF41KUM-kaCrVSg?key=pJxcxCqDfmgl9JZjCmtTILld\" width=\"627\" height=\"418\" \/><\/p>\n<p class=\"has-small-font-size\"><em>\u201cNo te preocupes por nada. Te prometo que estar\u00e9 bien\u201c, fue el \u00faltimo mensaje que Saraoz recibi\u00f3 de su hijo Bladis. Su rastro se perdi\u00f3 en Growler Valley, en Arizona.<\/em><\/p>\n<p>Esa misma tarde llega la respuesta: negativa. Las pertenencias que Bladis fotografi\u00f3 para su madre en la cama del hotel antes de su desaparici\u00f3n no se encontraban en ninguna de las fotos de la base de datos\u00a0<em>post mortem<\/em>.<\/p>\n<p>El 16 de diciembre, otro grupo de b\u00fasqueda parti\u00f3 hacia Growler Valley. Esta vez a la parte norte, que pertenece a una base militar de las Fuerzas A\u00e9reas estadounidenses. Es una zona que rara vez se explora porque hay que presentar una solicitud de permiso con varias semanas de antelaci\u00f3n, lo que supone un gasto adicional para las organizaciones sin \u00e1nimo de lucro.<\/p>\n<p>Cuando Saraoz se enter\u00f3, de repente volvi\u00f3 a tener esperanza, dice.<\/p>\n<p>El 22 de diciembre recibi\u00f3 el mensaje: no hab\u00edan encontrado a su hijo.<\/p>\n<p><strong><em>Este reportaje apareci\u00f3 en la revista GEO el 14 de junio de 2024. Es publicado por A d\u00f3nde van los desaparecidos con la autorizaci\u00f3n de sus autoras. Lea\u00a0<\/em><\/strong><a href=\"https:\/\/www.geo.de\/wissen\/ihr-sohn-verschwand-an-der-toedlichsten-landgrenze-der-welt--die-verzweifelte-suche-einer-mutter-34786014.html\"><strong><em>aqu\u00ed<\/em><\/strong><\/a><strong><em>\u00a0el texto en alem\u00e1n.<\/em><\/strong><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><em>**Foto de portada: En S\u00e1sabe, Arizona, una camioneta con agua y comida circula junto al muro fronterizo en direcci\u00f3n al desierto de Sonora.<\/em><\/p>\n<p class=\"has-text-align-center\"><a href=\"https:\/\/adondevanlosdesaparecidos.org\/\"><strong><em>www.adondevanlosdesaparecidos.org<\/em><\/strong><\/a><strong><em>\u00a0es un sitio de investigaci\u00f3n y memoria sobre las l\u00f3gicas de la desaparici\u00f3n en M\u00e9xico. Este material puede ser libremente reproducido, siempre y cuando se respete el cr\u00e9dito de la persona autora y de A d\u00f3nde van los desaparecidos (<\/em><\/strong><a href=\"https:\/\/twitter.com\/desaparecerenmx\"><strong><em>@DesaparecerEnMx<\/em><\/strong><\/a><strong><em>).<\/em><\/strong><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>*En 2020, Bladis Mej\u00eda viaj\u00f3 desde Chiapas a Estados Unidos. Su rastro se perdi\u00f3 en el desierto de Sonora. 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