{"id":417755,"date":"2024-08-13T16:22:29","date_gmt":"2024-08-13T22:22:29","guid":{"rendered":"https:\/\/billieparkernoticias.com\/?p=417755"},"modified":"2024-08-13T16:22:29","modified_gmt":"2024-08-13T22:22:29","slug":"del-homosexual-misogino-a-la-marica-feminista","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/fronteraveracruz.com\/?p=417755","title":{"rendered":"Del homosexual mis\u00f3gino a la marica feminista."},"content":{"rendered":"<p>*<\/p>\n<p><span class=\"author-name\">Por Ariel Mart\u00ednez<\/span><sup>1*<\/sup><\/p>\n<p>Una cr\u00edtica de algunos aportes que la teor\u00eda psicoanal\u00edtica postula sobre la homosexualidad masculina.<\/p>\n<p>El presente art\u00edculo ofrece una cr\u00edtica de algunos aportes que la teor\u00eda psicoanal\u00edtica postula sobre la homosexualidad masculina. Se toma como concepto eje al complejo de Edipo para se\u00f1alar su funcionamiento mis\u00f3gino, no s\u00f3lo por el lugar de objeto al que son relegadas las madres dentro de la ret\u00f3rica psicoanal\u00edtica, sino porque configura un dispositivo de propagaci\u00f3n del repudio hacia lo femenino.<\/p>\n<p>Para ello se exponen aportes del pensamiento feminista, como recurso clave para develar el aspecto socio-hist\u00f3rico y pol\u00edtico que subyace a la pretensi\u00f3n universal de las explicaciones psicoanal\u00edticas. Asimismo se exploran marcos de referencia no psicoanal\u00edticos que retratan el v\u00ednculo del homosexual y su madre con otros sentidos no mis\u00f3ginos.<\/p>\n<p>Finalmente, a modo de imperativo \u00e9tico-pol\u00edtico, se propone la figura de la Marica como narrativa alternativa que cortocircuita los sentidos y los t\u00e9rminos a partir de los cuales el complejo de Edipo articula las identidades sexuales contempor\u00e1neas.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<div id=\"article-body\" class=\"body\">\n<div class=\"section\">\n<p class=\"sec\">Introducci\u00f3n<\/p>\n<p>Irving\u00a0<sup><a href=\"https:\/\/www.scielo.org.mx\/scielo.php?script=sci_arttext&amp;pid=S1870-11912019000100110#B6\">Bieber (1965)<\/a><\/sup>\u00a0ofreci\u00f3 una descripci\u00f3n poco atractiva, aunque ampliamente aceptada en el campo del psicoan\u00e1lisis, sobre las madres de ni\u00f1os<sup><a href=\"https:\/\/www.scielo.org.mx\/scielo.php?script=sci_arttext&amp;pid=S1870-11912019000100110#fn1\">1<\/a><\/sup>\u00a0homosexuales. Se\u00f1al\u00f3 que \u00e9stas se relacionan mediante una \u201cintimidad sobreexpuesta, posesividad, dominaci\u00f3n, sobreprotecci\u00f3n y desmasculinizaci\u00f3n [\u2026]. Como esposa, la madre del homosexual es casi siempre inadecuada con el rol esperable\u201d (<sup><a href=\"https:\/\/www.scielo.org.mx\/scielo.php?script=sci_arttext&amp;pid=S1870-11912019000100110#B6\">Bieber, 1965, p. 250<\/a><\/sup>). El autor nos advierte que estas madres extinguen la heterosexualidad del ni\u00f1o para satisfacer sus propias necesidades ps\u00edquicas y para protegerse del abandono a cambio de otra mujer. As\u00ed, la desmasculinizaci\u00f3n que realiza respecto del hijo le asegura su presencia continua.<\/p>\n<p>Una d\u00e9cada m\u00e1s tarde\u00a0<sup><a href=\"https:\/\/www.scielo.org.mx\/scielo.php?script=sci_arttext&amp;pid=S1870-11912019000100110#B7\">Bieber (1976)<\/a><\/sup>\u00a0despleg\u00f3 nuevas consideraciones sobre el lugar que la madre posee para el homosexual. Afirm\u00f3 que el apego emocional m\u00e1s profundo en la vida de los homosexuales son las mujeres, principalmente la madre. Para ellos, el sentimiento b\u00e1sico hacia la madre es de profundo amor y ternura. Cuando la madre de un homosexual muere, asegura, la reacci\u00f3n habitual de dolor y p\u00e9rdida se profundizan en afectos dif\u00edcilmente elaborables por los recursos ps\u00edquicos que conocemos.<\/p>\n<p>El viraje que sufren las ideas de este autor ilustra dos aproximaciones te\u00f3ricas que el psicoan\u00e1lisis ha realizado respecto a la homosexualidad masculina. En cualquier caso, el concepto fundamental empleado para tal fin ha sido el\u00a0<em>complejo de Edipo<\/em>, entendido como un hito constitutivo de la historia subjetiva estructural, universal y a-pol\u00edtico. En la trama de la teor\u00eda, el\u00a0<em>complejo de Edipo<\/em>\u00a0se compone de complejos v\u00ednculos tempranos en los que circulan\u00a0<em>identificaciones<\/em>\u00a0y\u00a0<em>elecciones de objeto.<\/em><sup><a href=\"https:\/\/www.scielo.org.mx\/scielo.php?script=sci_arttext&amp;pid=S1870-11912019000100110#fn2\">2<\/a><\/sup>\u00a0El particular interjuego entre ambos componentes consagra la homosexualidad o la heterosexualidad del sujeto.<\/p>\n<p>El presente trabajo se propone exponer la din\u00e1mica ed\u00edpica convencional que la teor\u00eda ofrece a la hora de explicar la configuraci\u00f3n de la homosexualidad masculina. Desde un prisma feminista nos interesa se\u00f1alar el lugar al que es relegada la madre -figura protag\u00f3nica, aunque denostada. Tambi\u00e9n interesa se\u00f1alar que la teor\u00eda existente en torno al\u00a0<em>complejo de Edipo<\/em>\u00a0describe la eficacia en que el orden social patriarcal produce varones homosexuales mis\u00f3ginos.<sup><a href=\"https:\/\/www.scielo.org.mx\/scielo.php?script=sci_arttext&amp;pid=S1870-11912019000100110#fn3\">3<\/a><\/sup>\u00a0Por ello se propone la figura de la\u00a0<em>Marica<\/em>\u00a0como alternativa de la identidad homosexual masculina y el lugar de su madre. Con esta propuesta se intenta depurar las impregnaciones patriarcales propias de la teor\u00eda psicoanal\u00edtica. Se argumenta que la\u00a0<em>Marica<\/em>\u00a0puede ser connotada como feminista. El homosexual que el\u00a0<em>complejo de Edipo<\/em>\u00a0arroja, en cambio, es intr\u00ednsecamente mis\u00f3gino.<\/p>\n<p>La figura de la\u00a0<em>Marica<\/em>\u00a0requiere una narrativa alternativa respecto al relato ed\u00edpico convencional. El posicionamiento adoptado que gu\u00eda este giro se alimenta del posfundacionalismo contempor\u00e1neo que entiende al\u00a0<em>complejo de Edipo<\/em>\u00a0como dispositivo de poder que contribuye a la producci\u00f3n del sujeto en torno a la matriz de inteligibilidad heterosexual (<sup><a href=\"https:\/\/www.scielo.org.mx\/scielo.php?script=sci_arttext&amp;pid=S1870-11912019000100110#B11\">Butler, 1993<\/a><\/sup>) y al dispositivo de g\u00e9nero (<sup><a href=\"https:\/\/www.scielo.org.mx\/scielo.php?script=sci_arttext&amp;pid=S1870-11912019000100110#B47\">Preciado, 2008<\/a><\/sup>). De ninguna forma estas pensadoras afirman la existencia de un fundamento estable para las identidades. Por tanto, ninguna localizaci\u00f3n subjetiva sexuada puede explicarse como efecto de una cristalizaci\u00f3n psicol\u00f3gica, producida en la temprana infancia, que opera como causa determinante. Sin embargo, la teor\u00eda configura un conglomerado de sentidos que producen de forma continua identidades hegem\u00f3nicas -heterosexuales u homosexuales-, despu\u00e9s de todo ambas forman parte de la taxonom\u00eda moderna (<sup><a href=\"https:\/\/www.scielo.org.mx\/scielo.php?script=sci_arttext&amp;pid=S1870-11912019000100110#B17\">Foucault, 2008<\/a><\/sup>).<\/p>\n<p>Entonces, este art\u00edculo se propone reflexionar sobre una narrativa alternativa, no como hito efectivamente acaecido que determina y explica la figura bajo examen (<em>Marica<\/em>), sino como relato disponible al que puedan acudir sujetos disidentes a la hora de significar su propia experiencia desde relatos pol\u00edticamente convenientes. Ninguna identidad es p\u00e9trea e inmodificable (<sup><a href=\"https:\/\/www.scielo.org.mx\/scielo.php?script=sci_arttext&amp;pid=S1870-11912019000100110#B9\">Butler, 1990<\/a><\/sup>). Continuos mecanismos operan de forma permanente a lo largo de todo el devenir del sujeto para mantener fijos los l\u00edmites identitarios. El relato ed\u00edpico es entendido como una pieza clave de estos mecanismos, en cuanto funciona como una narrativa socialmente legitimada. Estas narrativas se ofrecen como fundamentos necesarios de las subjetividades. La estrategia normativa -en la cual participa la teor\u00eda psicoanal\u00edtica- radica en una profunda naturalizaci\u00f3n que opera bajo la ficci\u00f3n de una realidad psicol\u00f3gica interna y sustancial que determina el\u00a0<em>ser<\/em>\u00a0del sujeto. En este contexto las narrativas alternativas exploradas en este art\u00edculo en torno a la\u00a0<em>Marica<\/em>\u00a0no deben entenderse como los intentos de delimitar hechos f\u00e1cticos que permiten explicar la constituci\u00f3n de una identidad sustancial. Por el contrario, partiendo de la noci\u00f3n butleriana de fundamentos contingentes (<sup><a href=\"https:\/\/www.scielo.org.mx\/scielo.php?script=sci_arttext&amp;pid=S1870-11912019000100110#B10\">Butler, 1992<\/a><\/sup>) se intenta construir una narrativa alternativa, y pol\u00edticamente conveniente, que auspicie como posible marco de subjetivaci\u00f3n disponible para una resignificaci\u00f3n de posicionamientos identitarios mis\u00f3ginos.<\/p>\n<p>Esta propuesta guarda especial relevancia no s\u00f3lo porque propone una actualizaci\u00f3n te\u00f3rica para el psicoan\u00e1lisis, ni porque entra\u00f1a una reflexi\u00f3n a nivel epistemol\u00f3gico sobre su objeto de estudio, sino porque asume el imperativo \u00e9tico-pol\u00edtico de transformar los marcos conceptuales con los que contamos para ampliar los m\u00e1rgenes de reconocimiento respecto de franjas poblacionales abyectas (<sup><a href=\"https:\/\/www.scielo.org.mx\/scielo.php?script=sci_arttext&amp;pid=S1870-11912019000100110#B11\">Butler, 1993<\/a><\/sup>) que caen por fuera de los marcos de inteligibilidad que nuestras teor\u00edas establecen.<\/p>\n<\/div>\n<div class=\"section\">\n<p class=\"sub-subsec\">El Edipo freudiano<\/p>\n<p>No es posible negar que las ideas de Sigmund Freud conforman un aporte significativo para el pensamiento contempor\u00e1neo (<sup><a href=\"https:\/\/www.scielo.org.mx\/scielo.php?script=sci_arttext&amp;pid=S1870-11912019000100110#B44\">Medlicott, 1976<\/a><\/sup>). Las formulaciones freudianas apelan al mito de Edipo para explicar el car\u00e1cter constitutivo y dram\u00e1tico de los v\u00ednculos tempranos que todo ni\u00f1o y ni\u00f1a atraviesa (<sup><a href=\"https:\/\/www.scielo.org.mx\/scielo.php?script=sci_arttext&amp;pid=S1870-11912019000100110#B18\">Frank, 1960<\/a><\/sup>). El\u00a0<em>complejo de Edipo<\/em>, entendido por algunos autores como raigambre de v\u00ednculos estructurantes, plagados de ambivalencias, acaecidos hist\u00f3ricamente y con fuerza determinante y alta eficacia ps\u00edquica (<sup><a href=\"https:\/\/www.scielo.org.mx\/scielo.php?script=sci_arttext&amp;pid=S1870-11912019000100110#B8\">Berenstein, 1976<\/a><\/sup>), tambi\u00e9n puede ser abordado como una imagen del desarrollo ps\u00edquico que explica c\u00f3mo las disposiciones libidinales y las identificaciones se ordenan, contingentemente, en la conformaci\u00f3n de un yo interno, coherente, monol\u00edtico, inmutable, permanente, capaz de actuar racional y voluntariamente respecto de s\u00ed mismo y de sus objetos (<sup><a href=\"https:\/\/www.scielo.org.mx\/scielo.php?script=sci_arttext&amp;pid=S1870-11912019000100110#B9\">Butler, 1990<\/a><\/sup>).<\/p>\n<p>En su correspondencia con Fliess,\u00a0<sup><a href=\"https:\/\/www.scielo.org.mx\/scielo.php?script=sci_arttext&amp;pid=S1870-11912019000100110#B35\">Freud (1979q)<\/a><\/sup>\u00a0escribi\u00f3 por primera vez sobre los impulsos hostiles y el deseo de muerte que los hijos dirigen contra sus padres. Posteriormente encontr\u00f3 en S\u00f3focles la narrativa para delimitar un evento humano universal, referido por primera vez en\u00a0<em>La interpretaci\u00f3n de los sue\u00f1os<\/em>\u00a0(1979a). All\u00ed Freud narra la relaci\u00f3n temprana entre padres e hijos en los t\u00e9rminos de la trama del\u00a0<em>Edipo rey<\/em>\u00a0de S\u00f3focles. A partir de aqu\u00ed Freud dedic\u00f3 un espacio significativo en su teor\u00eda al\u00a0<em>complejo de Edipo<\/em>, incluso, en uno de sus \u00faltimos trabajos, declar\u00f3 que \u201csi el psicoan\u00e1lisis no pudiera gloriarse de otro logro que haber descubierto el complejo de Edipo reprimido, esto solo ser\u00eda m\u00e9rito suficiente para que se lo clasificara entre las nuevas adquisiciones valiosas de la humanidad\u201d (<sup><a href=\"https:\/\/www.scielo.org.mx\/scielo.php?script=sci_arttext&amp;pid=S1870-11912019000100110#B33\">Freud, 1979o, p. 192<\/a><\/sup>). Y esta afirmaci\u00f3n cobra su peso cuando apreciamos la participaci\u00f3n del complejo de Edipo en la conformaci\u00f3n de instancias ps\u00edquicas y los v\u00ednculos libidinales que el yo establece con el mundo exterior.<\/p>\n<p>Freud expone un desarrollo libidinal, preed\u00edpico, cuya primera forma de organizaci\u00f3n involucra la oralidad. All\u00ed el ni\u00f1o se esfuerza por fusionarse y dominar el mundo a trav\u00e9s de un acto de incorporaci\u00f3n. La succi\u00f3n, en las tramas libidinales de la sexualidad infantil, no es un mero acto de alimentaci\u00f3n, sino un emblema de las relaciones entre el ni\u00f1o y el entorno. El ni\u00f1o no tiene clara conciencia de ser una entidad distinta, pero a\u00fan as\u00ed intenta incorporar y contener los objetos a su alrededor. Freud se\u00f1ala que \u201cen el estadio de organizaci\u00f3n oral de la libido, el apoderamiento amoroso coincide todav\u00eda con la aniquilaci\u00f3n del objeto\u201d (<sup><a href=\"https:\/\/www.scielo.org.mx\/scielo.php?script=sci_arttext&amp;pid=S1870-11912019000100110#B27\">Freud, 1979i, p. 52<\/a><\/sup>). Aunque la boca es el \u00f3rgano principal para esta actividad devoradora, en tanto zona er\u00f3gena es capaz de totalizar su presencia hasta tal punto que incluso los ojos que ven al mundo pueden cumplir esta funci\u00f3n.<\/p>\n<p>En la fase anal, por otra parte, el ni\u00f1o transforma su relaci\u00f3n con el mundo. Comienza a trazar l\u00edmites de s\u00ed, pero desea violarlos a trav\u00e9s de maniobras s\u00e1dicas. La independencia de los objetos es negada de forma agresiva mediante esfuerzos por controlar las cosas y, as\u00ed, posicionarse como \u00fanico hacedor de la realidad. La excreci\u00f3n de heces simula el nacimiento: \u201cla caca cobra el significado del hijo\u201d (<sup><a href=\"https:\/\/www.scielo.org.mx\/scielo.php?script=sci_arttext&amp;pid=S1870-11912019000100110#B35\">Freud, 1979h, p. 75<\/a><\/sup>). Los juegos de retenci\u00f3n y expulsi\u00f3n por el ano se acompa\u00f1an de la fantas\u00eda de crear cosas y luego disolverlas a voluntad. As\u00ed el ni\u00f1o adquiere un sentido megal\u00f3mano de s\u00ed mismo. A esta altura los objetos ya son reconocidos como externos, pero persiste la insistencia en auto-instalarse como el origen. En la transici\u00f3n de la oralidad a la analidad el ni\u00f1o cambia su deseo de incorporar el mundo por un deseo de engendrarlo, trueca su deseo primordial de ser uno con el mundo por un deseo de estar por encima de \u00e9l.<\/p>\n<p>Freud se\u00f1ala que tanto la fase anal como la oral son disposiciones libidinales auto-er\u00f3ticas, es decir, que en ellas el ni\u00f1o encuentra satisfacci\u00f3n libidinal en el propio cuerpo sin necesidad de otros. Esto explica la falsa sensaci\u00f3n de autosuficiencia y autonom\u00eda que recubre estas tempranas experiencias. En este momento, al que Freud denomina\u00a0<em>narcisismo primario<\/em>, s\u00f3lo el yo y el propio cuerpo es investido libidinalmente. No se dirige ninguna carga libidinal hacia objetos m\u00e1s all\u00e1 del yo, por ello ning\u00fan v\u00ednculo efectivo de dependencia o restricci\u00f3n respecto de los dem\u00e1s es experimentado bajo esos t\u00e9rminos. Este panorama libidinal cobra importancia al momento de dimensionar el valor del\u00a0<em>complejo de Edipo<\/em>\u00a0como s\u00edmbolo del l\u00edmite radical y de la finalizaci\u00f3n abrupta de las vivencias en torno a la ficci\u00f3n de unidad y omnipotencia.<\/p>\n<p>Durante el despliegue del\u00a0<em>complejo de Edipo<\/em>\u00a0comienzan a consolidarse los procesos que configuran la identidad sexual. Bajo el reinado de una nueva fase -f\u00e1lica-, la sexualidad comienza a vincularse con los genitales. Ahora el yo sufre la herida narcisista ocasionada por el destronamiento de \u201cHis Majesty the Baby [su majestad el beb\u00e9]\u201d (<sup><a href=\"https:\/\/www.scielo.org.mx\/scielo.php?script=sci_arttext&amp;pid=S1870-11912019000100110#B23\">Freud, 1979e, p. 88<\/a><\/sup>) que aleja al ni\u00f1o de la pretendida completud y omnipotencia. Parad\u00f3jicamente, el\u00a0<em>complejo de Edipo<\/em>\u00a0comienza a instalar las exigencias de una identidad sexual que ordene el flujo pulsional indeterminado m\u00e1s pr\u00f3ximo al car\u00e1cter \u201cperverso polimorfo\u201d (<sup><a href=\"https:\/\/www.scielo.org.mx\/scielo.php?script=sci_arttext&amp;pid=S1870-11912019000100110#B20\">Freud, 1979b, p. 173<\/a><\/sup>) de la sexualidad infantil, para delinear el esbozo de las identidades coherentes y discretas que el Edipo impone. As\u00ed, uno de los logros adjudicados al\u00a0<em>complejo de Edipo<\/em>\u00a0en la formaci\u00f3n del sujeto refiere a la conformaci\u00f3n de una proto-identidad sexual. Como es ampliamente sabido, mientras el padre es el gran protagonista, pues funciona como modelo identificatorio para el ni\u00f1o, la madre adviene como objeto de amor que sella la heterosexualidad de aquel (<sup><a href=\"https:\/\/www.scielo.org.mx\/scielo.php?script=sci_arttext&amp;pid=S1870-11912019000100110#B4\">Benjamin, 1988<\/a><\/sup>,\u00a0<sup><a href=\"https:\/\/www.scielo.org.mx\/scielo.php?script=sci_arttext&amp;pid=S1870-11912019000100110#B5\">1995<\/a><\/sup>;\u00a0<sup><a href=\"https:\/\/www.scielo.org.mx\/scielo.php?script=sci_arttext&amp;pid=S1870-11912019000100110#B11\">Butler, 1993<\/a><\/sup>,\u00a0<sup><a href=\"https:\/\/www.scielo.org.mx\/scielo.php?script=sci_arttext&amp;pid=S1870-11912019000100110#B12\">1997<\/a><\/sup>;\u00a0<sup><a href=\"https:\/\/www.scielo.org.mx\/scielo.php?script=sci_arttext&amp;pid=S1870-11912019000100110#B13\">Chodorow, 2002<\/a><\/sup>).<\/p>\n<p>Como ya hemos sugerido, los flujos libidinales indudablemente presentes en la infancia preed\u00edpica adquieren otras valencias en el transcurso del\u00a0<em>complejo de Edipo<\/em>. Y el recorrido ofrecido hasta aqu\u00ed, que ha priorizado la vertiente libidinal del Edipo, debe atemperarse con algunas consideraciones respecto de las identificaciones. Pues, el\u00a0<em>complejo de Edipo<\/em>\u00a0cobra cabal relevancia para la subjetividad cuando advertimos su papel en la producci\u00f3n representaciones a partir de las cuales el yo se vincula con los otros. As\u00ed, el psicoan\u00e1lisis de las relaciones objetales nos muestra c\u00f3mo oscilamos entre las representaciones que forjamos del otro, imbuidas en la propia historia libidinal e identificatoria, y el otro, m\u00e1s all\u00e1 de la representaci\u00f3n, como centro aut\u00f3nomo de experiencia (<sup><a href=\"https:\/\/www.scielo.org.mx\/scielo.php?script=sci_arttext&amp;pid=S1870-11912019000100110#B5\">Benjamin, 1995<\/a><\/sup>). Se trata de un delicado equilibrio entre fusi\u00f3n y diferenciaci\u00f3n. A pesar de los profundos anhelos de autoafirmaci\u00f3n, debemos vincularnos con otros para ser reconocidos como sujetos y para satisfacer nuestras demandas libidinales y emocionales (<sup><a href=\"https:\/\/www.scielo.org.mx\/scielo.php?script=sci_arttext&amp;pid=S1870-11912019000100110#B4\">Benjamin, 1988<\/a><\/sup>). Estamos obligados a establecer v\u00ednculos con el mundo como parte del despliegue de nuestra escena ps\u00edquica. Somos dirigidos hacia los dem\u00e1s y, aunque nuestros apegos son una fuente de placer o dolor inyectan espesor ps\u00edquico a nuestro yo por medio de las identificaciones (<sup><a href=\"https:\/\/www.scielo.org.mx\/scielo.php?script=sci_arttext&amp;pid=S1870-11912019000100110#B12\">Butler, 1997<\/a><\/sup>).<\/p>\n<p>Para Freud la historia del yo es la historia de sus identificaciones con los objetos perdidos: \u201cel car\u00e1cter del yo es una sedimentaci\u00f3n de las investiduras de objeto resignadas, contiene la historia de estas elecciones de objeto\u201d (<sup><a href=\"https:\/\/www.scielo.org.mx\/scielo.php?script=sci_arttext&amp;pid=S1870-11912019000100110#B29\">Freud, 1979k, p. 31<\/a><\/sup>). A lo largo de su historia, el yo se identifica con referentes idealizados, los toma como modelos de\u00a0<em>ser<\/em>\u00a0y desea emularlos. En otras ocasiones se identifica con otros sujetos significativos perdidos como estrategia para preservarlos ps\u00edquicamente. En cualquier caso, la identificaci\u00f3n con otros configura un material para la conformaci\u00f3n del yo (<sup><a href=\"https:\/\/www.scielo.org.mx\/scielo.php?script=sci_arttext&amp;pid=S1870-11912019000100110#B28\">Freud, 1979j<\/a><\/sup>), tambi\u00e9n la fuente de un recurso que nos permite superar nuestro apego apasionado con alguien perdido (<sup><a href=\"https:\/\/www.scielo.org.mx\/scielo.php?script=sci_arttext&amp;pid=S1870-11912019000100110#B12\">Butler, 1997<\/a><\/sup>). Ya sea como din\u00e1mica que lanza al yo hacia el futuro, o preservaci\u00f3n y reelaboraci\u00f3n del pasado, la identificaci\u00f3n es fundamental para la construcci\u00f3n de nuestras identidades.<\/p>\n<p>Al menos en parte, las identificaciones en el marco del\u00a0<em>complejo de Edipo<\/em>\u00a0sirven para contener y organizar, bajo las exigencias de las identidades socio-sexuales, los flujos er\u00f3ticos m\u00faltiples e indeterminados. Por ellos el ni\u00f1o redefine la forma en que experimenta su lugar en el mundo, pues el Edipo enmarca tanto la primera elecci\u00f3n de objeto libidinal, as\u00ed como su completa p\u00e9rdida y renuncia. En el llamado per\u00edodo f\u00e1lico, el ni\u00f1o potencia la temprana atracci\u00f3n libidinal hacia su madre, el apego libidinal ya no se justifica por la nutrici\u00f3n sino por el erotismo que ella suscita. Como consecuencia de este lazo libidinal hacia la madre, la actitud del ni\u00f1o hacia su padre se impregna de una mezcla de amor y hostilidad. El ni\u00f1o freudiano compite con el padre amado y temido, y anhela poseer a la madre amada y temida. El ni\u00f1o puede soportar estos sentimientos ambivalentes, confusos y paralizantes hacia sus padres durante alg\u00fan tiempo antes de que exijan resoluci\u00f3n. El punto de inflexi\u00f3n, seg\u00fan Freud, ocurre cuando el ni\u00f1o ve los genitales del sexo femenino e imagina la posibilidad de perder su pene. As\u00ed, la competencia con el padre confiere al ni\u00f1o temores de castraci\u00f3n y culpa parricida. Los deseos de poseer a la madre m\u00e1s all\u00e1 de la barrera del incesto comienzan a ser refrenados por temores a ser destruido por la figura aterradora del padre. El miedo a la castraci\u00f3n, un acto que amenaza ser consumado en manos del padre, lo induce a renunciar y reprimir el deseo incestuoso hacia la madre, y a identificarse con la figura masculina todopoderosa que lo amenaza.<\/p>\n<p>La identificaci\u00f3n con el padre asegura la interiorizaci\u00f3n de la masculinidad como modelo a\u00a0<em>ser<\/em>, desde el cual se deriva, en el esquema freudiano, el despliegue de la elecci\u00f3n heterosexual de objeto. La madre no podr\u00e1 ser modelo identificatorio -alguien como quien el ni\u00f1o aspire llegar a\u00a0<em>ser<\/em>-, m\u00e1s bien la madre se configura como objeto de amor -alguien que el ni\u00f1o quiere\u00a0<em>tener<\/em>. La amenaza de castraci\u00f3n impone su renuncia como objeto incestuoso y, as\u00ed, el ni\u00f1o salda el precio que debe pagar por conservar el pene y, junto a \u00e9l, su masculinidad que desplegar\u00e1 bajo la consecuci\u00f3n de la heterosexualidad con otros objetos culturalmente habilitados -esto es:\u00a0<em>teniendo<\/em>\u00a0otras mujeres. Por otra parte, la identificaci\u00f3n con el padre inaugura otro aspecto que el\u00a0<em>complejo de Edipo<\/em>\u00a0explica: el supery\u00f3. La identificaci\u00f3n con el padre que marca el sepultamiento del\u00a0<em>complejo de Edipo<\/em>\u00a0genera un cambio ps\u00edquico estructural. Para Freud, la instituci\u00f3n del supery\u00f3 representa \u201clos rasgos m\u00e1s significativos del desarrollo del individuo y de la especie\u201d (<sup><a href=\"https:\/\/www.scielo.org.mx\/scielo.php?script=sci_arttext&amp;pid=S1870-11912019000100110#B29\">Freud, 1979k, p. 37<\/a><\/sup>).<\/p>\n<p>El supery\u00f3 transmuta el di\u00e1logo constante y cr\u00edtico entre el yo y el padre ed\u00edpico en un di\u00e1logo interno: \u201cEn el lugar de la instancia parental aparece el supery\u00f3 que ahora observa al yo, lo gu\u00eda y lo amenaza, exactamente como antes lo hicieron los padres con el ni\u00f1o\u201d (<sup><a href=\"https:\/\/www.scielo.org.mx\/scielo.php?script=sci_arttext&amp;pid=S1870-11912019000100110#B35\">Freud, 1979p, p. 58<\/a><\/sup>). Para esto el supery\u00f3 utiliza las pulsiones s\u00e1dicas y cultiva sentimientos como la verg\u00fcenza y la culpa. Estos sentimientos se entrelazan con la compleja temporalidad ps\u00edquica organizada en varias capas (<sup><a href=\"https:\/\/www.scielo.org.mx\/scielo.php?script=sci_arttext&amp;pid=S1870-11912019000100110#B35\">Freud, 1979q<\/a><\/sup>). As\u00ed, llegamos a lamentar en el presente sucesos del pasado. Damos forma al presente a trav\u00e9s de nuestros mayores traumas acaecidos en el pasado, aunque tambi\u00e9n es posible actualizar el pasado a trav\u00e9s de vivencias actuales. La particularidad de lo ps\u00edquico, sus diferentes espacios y legalidades, producen un laberinto temporal y afectivo configurado y puesto a rodar en el per\u00edodo ed\u00edpico. Debido a esto la angustia persiste luego de franquear el Edipo: \u201cUna desdicha que amenazaba desde afuera -p\u00e9rdida de amor y castigo de parte de la autoridad externa- se ha trocado en una desdicha interior permanente, la tensi\u00f3n de la conciencia de culpa\u201d (<sup><a href=\"https:\/\/www.scielo.org.mx\/scielo.php?script=sci_arttext&amp;pid=S1870-11912019000100110#B32\">Freud, 1979n, p. 123<\/a><\/sup>).<\/p>\n<p>El legado del\u00a0<em>complejo de Edipo<\/em>\u00a0genera, mediante un oscuro proceso, aquello necesario para que el sujeto perdure en sus identidades bajo la convicci\u00f3n de permanencia inamovible. Freud sugiere que la voz paterna internalizada censura s\u00e1dicamente al yo y genera sentimientos de culpa. A pesar de que este conflicto interno, que como hemos dicho, encuentra su origen en la historia sexual del ni\u00f1o -especialmente en su deseo de eliminar al padre y avanzar sobre el dominio de su primer objeto sexual: la madre- permanece impregnando los sucesivos v\u00ednculos del sujeto. Cuando Freud afirma que \u201cNo sin buen fundamento el hecho de mamar el ni\u00f1o del pecho de su madre se vuelve paradigm\u00e1tico para todo v\u00ednculo de amor. El hallazgo [encuentro] de objeto es propiamente un reencuentro\u201d (<sup><a href=\"https:\/\/www.scielo.org.mx\/scielo.php?script=sci_arttext&amp;pid=S1870-11912019000100110#B20\">Freud, 1979b, p. 203<\/a><\/sup>), se refiere a que claramente el sepultamiento del complejo de Edipo no destierra de la escena ps\u00edquica los deseos incestuosos, que deber\u00e1n coexistir, inconscientemente, con la culpa por haber sido agente de deseo parricidas hacia el padre.<\/p>\n<p>El establecimiento del supery\u00f3 simboliza la independencia y autonom\u00eda del ni\u00f1o, aunque pagando el precio de ser habitado por una intrincada moral que extrae su fuerza de los deseos er\u00f3ticos inconscientes. Este sadismo vuelto hacia el propio yo del ni\u00f1o, ahora culposo, es la pieza fundamental para la preservaci\u00f3n del orden socio-cultural y sus identidades. El ni\u00f1o mantiene a raya sus propios deseos en funci\u00f3n de las reglas de la sociedad. Las identidades sexuales que el\u00a0<em>complejo de Edipo<\/em>\u00a0produce permiten la obtenci\u00f3n de una individualidad cercada por categor\u00edas socialmente establecidas. La asunci\u00f3n de alguna de las identidades sexuales socialmente disponibles supone que el ni\u00f1o se ha subyugado ante las restricciones constitutivas (<sup><a href=\"https:\/\/www.scielo.org.mx\/scielo.php?script=sci_arttext&amp;pid=S1870-11912019000100110#B11\">Butler, 1993<\/a><\/sup>) que imponen las normas sociales y, as\u00ed, ha resignado la pretensi\u00f3n preed\u00edpica de incorporar, engendrar y dominar er\u00f3ticamente al mundo.<\/p>\n<p>Lo que comenz\u00f3 como un episodio sexual dentro de la familia y la posterior introyecci\u00f3n de un otro pr\u00f3ximo y significativo, concluye con la formaci\u00f3n de una voz social an\u00f3nima y severa en el interior. Esta voz rumiadora, cuya introyecci\u00f3n es totalmente involuntaria, y cuyo dominio esta fuera del alcance de la consciencia, ejerce poder sobre el yo durante toda la vida. El supery\u00f3<\/p>\n<blockquote><p>\u2026conserva a lo largo de la vida su car\u00e1cter de origen, proveniente del complejo paterno: la facultad de contraponerse al yo y dominarlo. Es el monumento recordatorio de la endeblez y dependencia en que el yo se encontr\u00f3 en el pasado, y mantiene su imperio aun sobre el yo maduro. As\u00ed como el ni\u00f1o estaba compelido a obedecer a sus progenitores, de la misma manera el yo se somete al imperativo categ\u00f3rico de su supery\u00f3 (<sup><a href=\"https:\/\/www.scielo.org.mx\/scielo.php?script=sci_arttext&amp;pid=S1870-11912019000100110#B35\">Freud, 1979k p. 49<\/a><\/sup>).<\/p><\/blockquote>\n<\/div>\n<div class=\"section\"><a name=\"idp178816\"><\/a><\/p>\n<p class=\"sub-subsec\">De Edipo a Orestes: psicoan\u00e1lisis y homosexualidad masculina<\/p>\n<p>Bajo la preocupaci\u00f3n de encontrar las claves psicoanal\u00edticas que permitan explicar la homosexualidad masculina, varios autores han recurrido al artefacto conceptual disponible a la hora de dar cuenta de la cristalizaci\u00f3n de los posicionamientos sexuados: el\u00a0<em>complejo de Edipo<\/em>. En un texto cl\u00e1sico, Richard\u00a0<sup><a href=\"https:\/\/www.scielo.org.mx\/scielo.php?script=sci_arttext&amp;pid=S1870-11912019000100110#B40\">Isay (1990)<\/a><\/sup>\u00a0afirma la existencia de la homosexualidad en la ni\u00f1ez, y enfatiza la presencia de fantas\u00edas homoer\u00f3ticas durante el\u00a0<em>complejo de Edipo<\/em>\u00a0a partir de las cuales algunos ni\u00f1os eligen como objeto de amor a su padre. Pero Scott\u00a0<sup><a href=\"https:\/\/www.scielo.org.mx\/scielo.php?script=sci_arttext&amp;pid=S1870-11912019000100110#B37\">Goldsmith (1995<\/a><\/sup>, 2001) va m\u00e1s lejos y formula una etapa del desarrollo ed\u00edpico espec\u00edfica para el ni\u00f1o homosexual, durante la cual el padre se configura como el principal objeto de amor del ni\u00f1o y, al mismo tiempo, la madre como la principal rival con quien compite por el afecto del padre. As\u00ed, el ni\u00f1o homosexual debe lidiar y dominar sus sentimientos amorosos y er\u00f3ticos hacia el padre y la ira y agresi\u00f3n hacia la madre, de qui\u00e9n se temen represalias.<\/p>\n<p><sup><a href=\"https:\/\/www.scielo.org.mx\/scielo.php?script=sci_arttext&amp;pid=S1870-11912019000100110#B37\">Goldsmith (1995)<\/a><\/sup>\u00a0no opta por la tragedia de Edipo para dar cuenta de la producci\u00f3n del ni\u00f1o homosexual. En su lugar, apela a la figura de Orestes, quien asesina a su madre para vengar la muerte de su padre. Seg\u00fan el autor, esta es la naturaleza esencial del drama del ni\u00f1o homosexual. La particularidad de estos afectos hacia el padre y hacia la madre ya ha sido propuesta como\u00a0<em>complejo de Edipo negativo<\/em>\u00a0para los ni\u00f1os y\u00a0<em>complejo de Edipo positivo<\/em>\u00a0en las ni\u00f1as heterosexuales, donde padre y madre son asignados bajo los roles de objeto de amor y rival respectivamente.<\/p>\n<p>A pesar de que las denominaciones utilizadas hasta el momento parecen describir el mismo reparto identificatorio y libidinal, Goldsmith enfatiza la existencia de dos diferencias significativas para el caso espec\u00edfico de los varones homosexuales. En primer lugar, para los varones heterosexuales, cuyo drama puede ser explicado bajo los t\u00e9rminos del Edipo negativo, el conflicto ed\u00edpico es secundario y marca la pincelada afectiva que torna ambivalente y bisexual la corriente identificatoria y er\u00f3tica dominante propia del Edipo positivo. Para los ni\u00f1os homosexuales esta constelaci\u00f3n particular que rivaliza con la madre y erotiza al padre es dominante, no s\u00f3lo una contracara d\u00e9bil de la corriente heterosexual preponderante. Por lo tanto, el contexto ed\u00edpico no alcanza para explicar la matriz primaria que direcciona tempranamente al deseo en el desarrollo psicosexual del var\u00f3n homosexual.<\/p>\n<p>En segundo lugar, lo que diferencia el contexto ed\u00edpico de la ni\u00f1a heterosexual con respecto al ni\u00f1o homosexual tiene que ver con las expectativas de los padres. Goldsmith atribuye importancia al modo en que ellos participan en el drama ed\u00edpico. Del mismo modo que Robert\u00a0<sup><a href=\"https:\/\/www.scielo.org.mx\/scielo.php?script=sci_arttext&amp;pid=S1870-11912019000100110#B52\">Stoller (1964)<\/a><\/sup>\u00a0destaca el rol central que tiene para la conformaci\u00f3n de la identidad de g\u00e9nero la forma en que el ni\u00f1o es identificado por quienes se encuentran a cargo de la crianza, Scott Goldsmith se\u00f1ala la forma en que los padres alientan a los ni\u00f1os y ni\u00f1as heterosexuales a desarrollar v\u00ednculos er\u00f3ticos con el sexo opuesto. Para los ni\u00f1os heterosexuales, por ejemplo, la competencia y la identificaci\u00f3n con el padre del mismo sexo se fomentan y ratifican impl\u00edcita y expl\u00edcitamente. As\u00ed, las sanciones sobre el comportamiento de los ni\u00f1os, y el propio comportamiento de los padres, constituye y respalda la vida intraps\u00edquica del ni\u00f1o. Entonces, la fuerza de las expectativas de los padres hace que el drama ed\u00edpico del ni\u00f1o heterosexual trascienda el conflicto interno cuando encuentra resonancias en su contexto vincular m\u00e1s cercano. Esto no sucede con el hijo homosexual, quien no encuentra terreno claramente marcado y seguro de resonancia en el que pueda circular, intersubjetivamente, su deseo.<\/p>\n<p><sup><a href=\"https:\/\/www.scielo.org.mx\/scielo.php?script=sci_arttext&amp;pid=S1870-11912019000100110#B36\">Goldsmith (2001)<\/a><\/sup>\u00a0asume que la mayor\u00eda de los ni\u00f1os homosexuales son criados por padres heterosexuales que desconocen, niegan o temen la homosexualidad de su hijo durante la primera infancia. Desde all\u00ed, el autor nota que el universo en el que el ni\u00f1o homosexual despliega su particular drama es frustrante. En primer lugar, el padre no participa en una relaci\u00f3n afectiva pr\u00f3xima que sintonice con el erotismo que el ni\u00f1o le infunde, m\u00e1s bien act\u00faa de manera involuntaria y competitiva, o retrocede ante los sentimientos er\u00f3ticos de su hijo. En segundo lugar, Goldsmith afirma que el ni\u00f1o homosexual tiene sentimientos competitivos y agresivos hacia su madre, quien probablemente sea emocional y f\u00edsicamente sensible respecto a un ni\u00f1o que no solo no est\u00e1 interesado er\u00f3ticamente en ella, sino que tambi\u00e9n la significa como una competidora y, consecuentemente, como una potencial hacedora de represalias por los anhelos que lo involucran con el padre.<\/p>\n<p>En un contexto vincular emocionalmente disonante, el ni\u00f1o homosexual filtra las actitudes y vicisitudes del comportamiento de su madre con la misma lente que utiliza para proyectar sus propios impulsos agresivos. Entonces, consciente o no, la madre que Goldsmith describe se presenta a los ojos del ni\u00f1o homosexual como maligna, intrusiva y agresiva, fundamentalmente porque el comportamiento de la madre es incongruente con la vida emocional interna del ni\u00f1o. Goldsmith deja claro que los sentimientos hacia ambos padres no son rec\u00edprocos ni corroborados, el ni\u00f1o homosexual se encuentra en una desventaja considerable al intentar elaborar la intensidad y la ambivalencia de estos sentimientos. La expresi\u00f3n tanto del deseo hacia el padre como de la agresi\u00f3n hacia la madre dar\u00eda lugar a un rotundo rechazo y alejamiento por parte del padre y a represalias efectivas por parte de la madre.<\/p>\n<p>Consecuentemente\u00a0<sup><a href=\"https:\/\/www.scielo.org.mx\/scielo.php?script=sci_arttext&amp;pid=S1870-11912019000100110#B36\">Goldsmith (2001)<\/a><\/sup>\u00a0describe al ni\u00f1o homosexual como un agente doble. Al igual que\u00a0<sup><a href=\"https:\/\/www.scielo.org.mx\/scielo.php?script=sci_arttext&amp;pid=S1870-11912019000100110#B53\">Stoller (1968)<\/a><\/sup>, Goldsmith reconoce que la anatom\u00eda crea un conjunto de expectativas que involucran la orientaci\u00f3n sexual, incongruentes con la vida intraps\u00edquica del ni\u00f1o homosexual. Como \u00e9ste no puede realizar cambios significativos en su entorno vincular, es conminado a ocultar sus anhelos homoer\u00f3ticos hacia el padre, tambi\u00e9n sus sentimientos agresivos y competitivos con la madre y, aclara el autor, con las mujeres en su conjunto. Finalmente, el ni\u00f1o homosexual se vuelve doble agente porque se presenta como un ni\u00f1o que expresa impulsos opuestos. Experimenta un conjunto de sentimientos al tiempo que promulga otros. Como forma cabal del despliegue de esta duplicidad, el ni\u00f1o act\u00faa roles de g\u00e9nero estereotipados de la masculinidad. El conflicto se redobla cuando esta escenificaci\u00f3n no le ofrece la oportunidad de integrar su identidad de g\u00e9nero con su sexualidad de una manera convincente y aut\u00e9ntica.<sup><a href=\"https:\/\/www.scielo.org.mx\/scielo.php?script=sci_arttext&amp;pid=S1870-11912019000100110#fn4\">4<\/a><\/sup>\u00a0Seg\u00fan Goldsmith, el ni\u00f1o homosexual se transforma en un impostor en sus intentos de identificarse con cualquiera de los g\u00e9neros, puesto que, en sentido estricto, los roles de g\u00e9nero estereotipados de la feminidad tampoco le ofrecen un soporte de autenticidad a su sexualidad.<\/p>\n<p>Esta advertencia final de Goldsmith sugiere que el ni\u00f1o homosexual intenta encontrar un sitio entre las formas hegem\u00f3nicas en que se escenifica tanto la masculinidad como la feminidad.<sup><a href=\"https:\/\/www.scielo.org.mx\/scielo.php?script=sci_arttext&amp;pid=S1870-11912019000100110#fn5\">5<\/a><\/sup>\u00a0Robert\u00a0<sup><a href=\"https:\/\/www.scielo.org.mx\/scielo.php?script=sci_arttext&amp;pid=S1870-11912019000100110#B53\">Stoller (1968)<\/a><\/sup>\u00a0ha notado que el proceso mediante el cual se conforma la masculinidad involucra la relaci\u00f3n del ni\u00f1o con su madre y con la feminidad en general. La separaci\u00f3n y la ruptura con la madre son fundamentales para el desarrollo del sentido de la masculinidad. Stoller afirma que<\/p>\n<blockquote><p>\u2026para que la masculinidad se desarrolle, cada ni\u00f1o debe erigir barreras intraps\u00edquicas que eviten el deseo de mantener el sentido de ser uno con la madre [\u2026] El comportamiento que las sociedades definen como apropiadamente masculino est\u00e1 plagado de formas de esta maniobra defensiva: [\u2026] miedo a manifestar y, por lo tanto, revelar que uno posee atributos \u2018femeninos\u2019 [\u2026]; miedo a ser deseado por un hombre. Por lo tanto, los hombres encuentran amistad con los hombres, pero tambi\u00e9n odian a los homosexuales. El primer objetivo de ser un hombre es: no ser mujer (<sup><a href=\"https:\/\/www.scielo.org.mx\/scielo.php?script=sci_arttext&amp;pid=S1870-11912019000100110#B54\">Stoller, 1985, p. 182<\/a><\/sup>).<\/p><\/blockquote>\n<p>El ni\u00f1o homosexual permanece identificado a su madre. Esto ocurre porque se identifica con aspectos de su madre que forman parte de su repertorio y despliegue er\u00f3tico. Por lo tanto, el ni\u00f1o homosexual no se ajusta completamente al proceso de desidentificaci\u00f3n respecto de la madre descripto como fundamento de la masculinidad (<sup><a href=\"https:\/\/www.scielo.org.mx\/scielo.php?script=sci_arttext&amp;pid=S1870-11912019000100110#B38\">Greenson, 1968<\/a><\/sup>). Entonces, la separaci\u00f3n por desidentificaci\u00f3n no es una ruta completamente satisfactoria para la formaci\u00f3n de su identidad de g\u00e9nero. Como tal, la premisa\u00a0<em>no ser mujer<\/em>\u00a0que, seg\u00fan Stoller, marca el camino hacia la masculinidad hegem\u00f3nica no opera absolutamente para el ni\u00f1o homosexual. Por otra parte, acceder plenamente a la feminidad tambi\u00e9n resulta problem\u00e1tico. La proximidad por identificaci\u00f3n con la madre como v\u00eda de formaci\u00f3n de la identidad de g\u00e9nero femenina est\u00e1 prohibida debido a las restricciones que imponen las diferencias anat\u00f3micas como destino leg\u00edtimo de identificaci\u00f3n gen\u00e9rica.<sup><a href=\"https:\/\/www.scielo.org.mx\/scielo.php?script=sci_arttext&amp;pid=S1870-11912019000100110#fn6\">6<\/a><\/sup>\u00a0El ni\u00f1o homosexual retrocede ante la amenaza de castigo que se activan ante cualquier intento de cruzar los l\u00edmites de lo culturalmente esperable de acuerdo con su sexo y, tal vez, es por ello que su identidad no se resuelve en una localizaci\u00f3n identitaria transgen\u00e9rica.<\/p>\n<\/div>\n<div class=\"section\"><a name=\"idp237776\"><\/a><\/p>\n<p class=\"sub-subsec\">Feminismo radical: patriarcado y las mujeres como destino objetal<\/p>\n<p>El t\u00e9rmino\u00a0<em>patriarcado<\/em>\u00a0es frecuentemente utilizado para designar el problema social estructural, y no psicol\u00f3gico, identificado por el feminismo. Su sentido premoderno, el \u2018gobierno del padre\u2019, refiere a la dominaci\u00f3n paterna retratada en la historia, el mito y la literatura occidental. Esto implica lucha entre varones por el ascenso a lugares de poder ocupados por otros varones. Este sentido inscribe al patriarcado como un asunto de varones, en el que las mujeres s\u00f3lo forman parte derivativamente como objetos del poder disputado en el \u00e1mbito p\u00fablico. El patriarcado ha sido resemantizado por Kate\u00a0<sup><a href=\"https:\/\/www.scielo.org.mx\/scielo.php?script=sci_arttext&amp;pid=S1870-11912019000100110#B45\">Millett (1995)<\/a><\/sup>, quien identifica claramente el problema del feminismo como la sujeci\u00f3n de las mujeres en manos de los varones. La autora se\u00f1ala la monopolizaci\u00f3n masculina de\u00a0<em>lo humano<\/em>\u00a0e indica la supremac\u00eda masculina como el problema principal para la situaci\u00f3n de las mujeres. Millett se\u00f1ala que<\/p>\n<blockquote><p>\u2026si uno toma el gobierno patriarcal como la instituci\u00f3n por la cual la mitad de la poblaci\u00f3n que es femenina est\u00e1 controlada por esa mitad que es masculino, los principios del patriarcado parecen ser dobles: el masculino dominar\u00e1 a la hembra, el anciano dominar\u00e1 a los m\u00e1s j\u00f3venes (Millett, 1970, p. 25).<\/p><\/blockquote>\n<p>Otras pensadoras, como Ti-Grace\u00a0<sup><a href=\"https:\/\/www.scielo.org.mx\/scielo.php?script=sci_arttext&amp;pid=S1870-11912019000100110#B1\">Atkinson (1974)<\/a><\/sup>, no utilizaron el t\u00e9rmino\u00a0<em>patriarcado<\/em>, sino\u00a0<em>sistema de clase sexual<\/em>\u00a0para identificar el problema de la dominaci\u00f3n de las mujeres en manos de los varones. Atkinson se\u00f1ala que las mujeres son una clase de naturaleza pol\u00edtica oprimida por la clase de los varones. As\u00ed enfatiza la existencia de las mujeres como corolarios de los varones. Para Anne\u00a0<sup><a href=\"https:\/\/www.scielo.org.mx\/scielo.php?script=sci_arttext&amp;pid=S1870-11912019000100110#B41\">Koedt, Ellen Levine y Anita Rapone (1973)<\/a><\/sup>\u00a0el feminismo radical signific\u00f3 la lucha por la eliminaci\u00f3n total de los roles sexuales. Estos roles sexuales fueron definidos como construcciones pol\u00edticas masculinas que sirven para garantizar el poder y el estatus superior de los varones. El\u00a0<em>sistema de rol sexual<\/em>\u00a0niega a las mujeres el acceso a todo su potencial humano, pues en \u00e9l las mujeres son socializadas para aceptar las restricciones impuestas. El feminismo puso en primer plano las relaciones de poder involucradas y su v\u00ednculo con la opresi\u00f3n. La noci\u00f3n de\u00a0<em>clase sexual<\/em>\u00a0refleja en mejor medida esta dimensi\u00f3n de poder implicada, por ello es que Ti-Grace Atkinson identifica como principio central del feminismo radical que las mujeres son la clase pol\u00edtica m\u00e1s grande en la historia, tambi\u00e9n el primer grupo oprimido y el m\u00e1s fundamental.<\/p>\n<p>Atkinson afirma que la dominaci\u00f3n de la clase de las mujeres constituye la unidad funcional clave de nuestro orden social que impregna todas nuestras instituciones, valores sociales, econ\u00f3micos y pol\u00edticos (<sup><a href=\"https:\/\/www.scielo.org.mx\/scielo.php?script=sci_arttext&amp;pid=S1870-11912019000100110#B1\">Atkinson, 1974<\/a><\/sup>). Instituciones como el matrimonio, la maternidad, la familia, las relaciones sexuales, el amor, han sido creadas por varones para consolidar sus roles como opresores. Atkinson insisti\u00f3 en que la \u00fanica forma en que las mujeres pod\u00edan poner fin a su opresi\u00f3n era neg\u00e1ndose a participar en tales instituciones. Las primeras feministas radicales eran claras acerca de la naturaleza y ubicaci\u00f3n del problema al que se dirig\u00eda el feminismo: el poder, la dominaci\u00f3n y la supremac\u00eda masculina, los roles y las clases sexuales, y la heterosexualidad como sistema pol\u00edtico.<\/p>\n<p>Varias intelectuales pertenecientes al campo del feminismo se han interesado en el psicoan\u00e1lisis. El espectro conceptual de la teor\u00eda psicoanal\u00edtica ofreci\u00f3 herramientas para comprender los mecanismos y los efectos de la subordinaci\u00f3n ps\u00edquica, describiendo el complejo de reacciones emocionales de pasividad, sumisi\u00f3n y masoquismo que garantizan la subordinaci\u00f3n de las mujeres. La mirada feminista, sin embargo, se enfrent\u00f3 a un escollo a la hora de llevar hasta sus \u00faltimas consecuencias la potencia explicativa del psicoan\u00e1lisis: la pretensi\u00f3n universal de los postulados que comprometen la estructura y los mecanismos del inconsciente. Desde all\u00ed surge el interrogante: \u00bflas estructuras y mecanismos ps\u00edquicos que participan en la subordinaci\u00f3n de las mujeres forma parte de un desenlace universal? \u00bfO debemos pensar c\u00f3mo la realidad ps\u00edquica se escenifica en el contexto de un orden social patriarcal?<\/p>\n<p>En su publicaci\u00f3n,\u00a0<em>Psicoan\u00e1lisis y feminismo,<\/em>\u00a0Juliet\u00a0<sup><a href=\"https:\/\/www.scielo.org.mx\/scielo.php?script=sci_arttext&amp;pid=S1870-11912019000100110#B46\">Mitchell (1982)<\/a><\/sup>\u00a0argument\u00f3 a favor del psicoan\u00e1lisis como teor\u00eda que permite explorar la construcci\u00f3n de la identidad sexual dentro de la ideolog\u00eda patriarcal. El patriarcado, en su concepci\u00f3n, constituye una ideolog\u00eda m\u00e1s que un per\u00edodo hist\u00f3rico real. Se trata de un conjunto de relaciones y representaciones culturales en plena sinton\u00eda con la sexualidad reproductiva. La ideolog\u00eda patriarcal enreda la diferencia anat\u00f3mica entre varones y mujeres convirti\u00e9ndola en la base de una jerarqu\u00eda y, as\u00ed, las fuerzas ideol\u00f3gicas constri\u00f1en la construcci\u00f3n de las identidades. Mitchell explica el gran alcance del dominio de las mujeres en manos de los varones, propio del patriarcado, a partir de una reinterpretaci\u00f3n del lugar de la salida exog\u00e1mica en la teor\u00eda de\u00a0<sup><a href=\"https:\/\/www.scielo.org.mx\/scielo.php?script=sci_arttext&amp;pid=S1870-11912019000100110#B43\">Levi-Strauss (1969)<\/a><\/sup>. Esta autora sugiere que el intercambio de mujeres, que Levi-Strauss describe como el fundamento de las relaciones de parentesco, implica formas de dominio pol\u00edtico y social sobre las mujeres.<\/p>\n<p>Juliet Mitchell afirma que la prohibici\u00f3n del incesto y la consecuente estructura exog\u00e1mica del parentesco forman parte del proceso que produce la subjetividad sexuada. Como objetos de intercambio, las mujeres se someten al dominio intersubjetivo de los varones. Como hemos se\u00f1alado, el propio Freud ofrece elementos sobre la construcci\u00f3n de la identidad sexual que muestran c\u00f3mo se internalizan estas formas de dominaci\u00f3n. Si las estructuras elementales del parentesco se organizan en torno al intercambio y tr\u00e1fico de mujeres (<sup><a href=\"https:\/\/www.scielo.org.mx\/scielo.php?script=sci_arttext&amp;pid=S1870-11912019000100110#B50\">Rubin, 1975<\/a><\/sup>), el\u00a0<em>complejo de Edipo<\/em>\u00a0no puede permanecer ajeno a esa din\u00e1mica simb\u00f3lica. De hecho, los desarrollos expuestos anteriormente, que ubican a la madre como objeto amenazante de repudio, as\u00ed lo confirman. Los varones poseen el falo y la ansiedad de castraci\u00f3n no es ajena a su subjetividad sexuada. El parentesco y el control de las relaciones reproductivas que se producen en ese marco son una respuesta al control de tal ansiedad. La autora insiste en la irreductibilidad del inconsciente y el efecto de la entrada en la cultura sobre la sexualidad. Por lo tanto, concluye que el falo ha sido el t\u00e9rmino central en la organizaci\u00f3n sexual.<\/p>\n<p>Jessica\u00a0<sup><a href=\"https:\/\/www.scielo.org.mx\/scielo.php?script=sci_arttext&amp;pid=S1870-11912019000100110#B4\">Benjamin (1988)<\/a><\/sup>\u00a0vincula la inferiorizaci\u00f3n de las mujeres en el orden social imperante -relegadas al estatuto de objetos intercambiados en manos de varones- con la estructura complementaria que el Edipo perpet\u00faa. El complejo de Edipo no es sim\u00e9trico para la ni\u00f1a y el ni\u00f1o. Para el ni\u00f1o el complejo de Edipo es un factor constante y creciente. Los v\u00ednculos er\u00f3ticos que se establecen desde su sexualidad f\u00e1lica, activa, se apoyan en fantas\u00edas que involucran a la madre. El padre rivaliza con la relaci\u00f3n libidinal que el ni\u00f1o establece con su madre, y esgrime una amenaza de castraci\u00f3n coincidente con la comprensi\u00f3n de la diferencia sexual anat\u00f3mica del ni\u00f1o. En este contexto, el ni\u00f1o es obligado a optar entre la madre -objeto de amor incestuoso- y una parte corporal de mucha estima narcisista. El ni\u00f1o freudiano elige la posesi\u00f3n del pene. Para la ni\u00f1a el proceso es diferente. Ella tambi\u00e9n est\u00e1 ligada libidinalmente a la madre, por ello atraviesa el complejo de castraci\u00f3n antes que el complejo de Edipo. El descubrimiento de la diferencia anat\u00f3mica entre los sexos, y la amenaza que representa para su imagen narcisista, la obliga a renunciar a la madre y a recurrir al padre. La castraci\u00f3n, bajo la forma de envidia del pene, estructura el deseo y la sexualidad heterosexual reproductiva de la ni\u00f1a.<\/p>\n<p>Rosalind\u00a0<sup><a href=\"https:\/\/www.scielo.org.mx\/scielo.php?script=sci_arttext&amp;pid=S1870-11912019000100110#B14\">Coward (1980)<\/a><\/sup>\u00a0advierte que, en la l\u00f3gica ed\u00edpica freudiana, la masculinidad y la feminidad aparecen naturalizadas, es decir ajenas al proceso que configura las disposiciones (hetero)sexuales. Al respecto, para Freud, la centralidad del\u00a0<em>complejo de castraci\u00f3n<\/em>\u00a0-en tanto representaci\u00f3n f\u00edsica de la diferencia anat\u00f3mica entre los sexos- subyace a la masculinidad y a la feminidad, y, en todo caso, la identidad sexual muestra enlaces precarios con aquellos posicionamientos al evidenciar cu\u00e1n poco se corresponden esas representaciones con los varones y las mujeres.<\/p>\n<p>Seg\u00fan Freud, como la ni\u00f1a no puede ser emasculada, puesto que no tiene pene, su formaci\u00f3n psicol\u00f3gica es radicalmente diferente a la del ni\u00f1o. Esto puede representar una amenaza para la estabilidad del orden social. En el caso de la ni\u00f1a: \u201cexcluida la angustia de castraci\u00f3n, est\u00e1 ausente tambi\u00e9n un poderoso motivo para instituir el supery\u00f3 e interrumpir la organizaci\u00f3n genital infantil\u201d (<sup><a href=\"https:\/\/www.scielo.org.mx\/scielo.php?script=sci_arttext&amp;pid=S1870-11912019000100110#B30\">Freud, 1979l, p. 186<\/a><\/sup>). En otra ocasi\u00f3n Freud expresa una postura similar, nos dice:<\/p>\n<blockquote><p>Uno titubea en decirlo, pero no es posible defenderse de la idea de que el nivel de lo \u00e9ticamente normal es otro en el caso de la mujer. El supery\u00f3 nunca deviene tan implacable, tan impersonal, tan independiente de sus or\u00edgenes afectivos como lo exigimos en el caso del var\u00f3n (<sup><a href=\"https:\/\/www.scielo.org.mx\/scielo.php?script=sci_arttext&amp;pid=S1870-11912019000100110#B31\">Freud, 1979m, p. 276<\/a><\/sup>).<\/p><\/blockquote>\n<p>La normalizaci\u00f3n y socializaci\u00f3n de las mujeres son, seg\u00fan Freud, m\u00e1s contingentes y reversibles. La falta de la experiencia ed\u00edpica completa de las mujeres, afirma Freud, tambi\u00e9n las hace menos dispuestas a la sublimaci\u00f3n. \u201cEl trabajo de cultura se ha ido convirtiendo cada vez m\u00e1s en asunto de los varones, a quienes plantea tareas de creciente dificultad, constri\u00f1\u00e9ndolos a sublimaciones pulsionales a cuya altura las mujeres no han llegado\u201d (<sup><a href=\"https:\/\/www.scielo.org.mx\/scielo.php?script=sci_arttext&amp;pid=S1870-11912019000100110#B32\">Freud, 1979n, p. 101<\/a><\/sup>). Los varones invierten su libido en el trabajo de la civilizaci\u00f3n y la mujer menos interesada en tal trabajo, \u201cse ve empujada a un segundo plano por las exigencias de la cultura y entra en una relaci\u00f3n de hostilidad con ella\u201d (<sup><a href=\"https:\/\/www.scielo.org.mx\/scielo.php?script=sci_arttext&amp;pid=S1870-11912019000100110#B32\">Freud, 1979n, p. 101<\/a><\/sup>). Las divisiones entre los sexos, sin embargo, parecen no ser tan n\u00edtidas: \u201ctodos los individuos humanos, a consecuencia de su disposici\u00f3n (constitucional) bisexual, y de la herencia cruzada, re\u00fanen en s\u00ed caracteres masculinos y femeninos, de suerte que la masculinidad y feminidad puras siguen siendo construcciones te\u00f3ricas de contenido incierto\u201d (<sup><a href=\"https:\/\/www.scielo.org.mx\/scielo.php?script=sci_arttext&amp;pid=S1870-11912019000100110#B32\">Freud, 1979n, p. 276<\/a><\/sup>). La feminidad (incluso cuando no es una cualidad limitada al sexo femenino como tal) se convierte en el s\u00edmbolo de un sentido m\u00e1s d\u00e9bil de la justicia. El psicoan\u00e1lisis afirma que, para preservar el orden social, la feminidad debe estar dominada por la masculinidad dentro de cada psique.<\/p>\n<p>Nancy\u00a0<sup><a href=\"https:\/\/www.scielo.org.mx\/scielo.php?script=sci_arttext&amp;pid=S1870-11912019000100110#B13\">Chodorow (2002)<\/a><\/sup>\u00a0ha notado que existe una diferencia en las actitudes que las madres tienen respecto a sus hijos en funci\u00f3n de c\u00f3mo interpretan la diferencia entre los sexos. Esto incide en el proceso de formaci\u00f3n de la identidad de g\u00e9nero. Para Chodorow las madres tienden a experimentar a sus hijas como m\u00e1s semejantes a ellas, como una continuaci\u00f3n de s\u00ed mismas. La contracara de esta actitud resulta en una identificaci\u00f3n con la madre por la cual las ni\u00f1as se perciben como similares a sus madres. De este modo, la experiencia del apego temprano se encuentra impregnada por las actitudes diferenciales de acuerdo al sexo de la ni\u00f1a o ni\u00f1o y, consecuentemente, configura una clave ineludible para la formaci\u00f3n de la identidad de g\u00e9nero. Chodorow explicita la particularidad en que las madres experimentan a sus hijos, varones, como opuestos, y ellos, al definirse como varones, separan a sus madres de s\u00ed mismos, cortando as\u00ed su amor primario y su sentido de un nexo primario. En consecuencia, el desarrollo masculino conlleva una individuaci\u00f3n m\u00e1s enf\u00e1tica y una reafirmaci\u00f3n m\u00e1s defensiva de los l\u00edmites del yo. Los l\u00edmites de la masculinidad y del sentido de ser var\u00f3n deben ser contundentes y vigilados bajo defensas r\u00edgidas contra la amenaza de la madre y lo femenino en general.<\/p>\n<p>La teor\u00eda psicoanal\u00edtica ha sido articulada bajo el horizonte hist\u00f3rico patriarcal. Como tal, las herramientas conceptuales que esta teor\u00eda esgrime para explicar el car\u00e1cter universal en que se produce la subjetividad y se articulan las identidades, tanto de g\u00e9nero como sexuales, deben ser contempladas a la luz de la cr\u00edtica social feminista. La teor\u00eda psicoanal\u00edtica es acertada en tanto diagn\u00f3stico de situaci\u00f3n, pues nos muestra la forma en que las estructuras sociales propagan identidades normativas que reproducen posicionamientos hegem\u00f3nicos. En este sentido cobra especial relevancia la b\u00fasqueda de otras narrativas, no mis\u00f3ginas, que nos permitan pensar posicionamientos sexualmente disidentes y un sitio alternativo para las madres que haga justicia a su lugar como sujeto y no como mero objeto de intercambio, control y repudio.<\/p>\n<\/div>\n<div class=\"section\"><a name=\"idp302880\"><\/a><\/p>\n<p class=\"sub-subsec\">Hacia otra narrativa en torno a la madre<\/p>\n<p>La ret\u00f3rica psicoanal\u00edtica presenta un escenario en donde la posesividad materna marca la identificaci\u00f3n que entrampa al ni\u00f1o en el deseo devorador de su madre: el arreglo perfecto, seg\u00fan el psicoan\u00e1lisis, para la producci\u00f3n del hijo homosexual. La narrativa ed\u00edpica entra\u00f1a un futuro anterior impl\u00edcito e implacable en el que el ni\u00f1o homosexual, demasiado prendido del deseo de su madre, se tornar\u00e1, ineludiblemente, una versi\u00f3n fallida de su madre. No es dif\u00edcil detectar la forma en que la narrativa de un ni\u00f1o homosexual capturado por el deseo simbi\u00f3tico de la madre, en tanto ficci\u00f3n labrada por la heteronorma psicoanal\u00edtica, no es ajena a fines homof\u00f3bicos y mis\u00f3ginos que explican la homosexualidad de un var\u00f3n como el fracaso de su madre.<\/p>\n<p>Los significados que el psicoan\u00e1lisis despliega en torno al v\u00ednculo de los hombres homosexuales con sus madres son un diagn\u00f3stico de la heterosexualidad obligatoria (<sup><a href=\"https:\/\/www.scielo.org.mx\/scielo.php?script=sci_arttext&amp;pid=S1870-11912019000100110#B49\">Rich, 1980<\/a><\/sup>). En ese contexto los varones homosexuales tienen que negociar sus identidades imbuidos en la ficci\u00f3n que enfrenta al hijo con su madre. Eve\u00a0<sup><a href=\"https:\/\/www.scielo.org.mx\/scielo.php?script=sci_arttext&amp;pid=S1870-11912019000100110#B51\">Sedgwick (1998)<\/a><\/sup>\u00a0identific\u00f3 que el tropo de la madre omnipotente, inconsciente y desconocida subyace a las producciones culturales y te\u00f3ricas del siglo veinte que involucran la homosexualidad masculina. Sedwick identifica la alusi\u00f3n incompleta a la figura de la madre como estrategia para atribuirle un poder extremo o incluso m\u00e1ximo, poder sobre el que no tiene ning\u00fan control cognitivo. Basta como ejemplo la alusi\u00f3n a la madre presente en uno de los relatos de Edward Morgan Forster al que Sedwick echa mano, donde el protagonista del relato se encuentra ps\u00edquicamente asediado por una<\/p>\n<blockquote><p>\u2026madre, completamente ciega en el centro de la tela de ara\u00f1a que ella misma hab\u00eda tejido; [\u2026] con filamentos en los que quedar enganchado. No hab\u00eda manera de razonar con ella o acerca de ella; no entend\u00eda nada, pero lo controlaba todo (<sup><a href=\"https:\/\/www.scielo.org.mx\/scielo.php?script=sci_arttext&amp;pid=S1870-11912019000100110#B51\">Sedgwick, 1998, p. 248<\/a><\/sup>).<\/p><\/blockquote>\n<p>Sedgwick se\u00f1ala la paradoja de una centralidad extra\u00f1amente perif\u00e9rica de la madre en las narrativas psicoanal\u00edticas, sobre todo si notamos la insistencia homof\u00f3bica popularizada por fuentes psicoanal\u00edticas que culpan y responsabilizan a las madres de la producci\u00f3n inconsciente de la homosexualidad de sus hijos. La centralidad de la madre s\u00f3lo cuenta cuando se trata de encontrar la causa de aquellas identidades que forman parte del polo patologizado de los binarios que organizan la\u00a0<em>epistemolog\u00eda del armario<\/em>.<\/p>\n<p>Guy\u00a0<sup><a href=\"https:\/\/www.scielo.org.mx\/scielo.php?script=sci_arttext&amp;pid=S1870-11912019000100110#B39\">Hocquenghem en\u00a0<em>El deseo homosexual<\/em>\u00a0(2009)<\/a><\/sup>\u00a0se\u00f1ala que \u201cla homosexualidad es esencialmente neur\u00f3tica; esta neurosis est\u00e1 ligada al odio hacia la mujer\u201d (<sup><a href=\"https:\/\/www.scielo.org.mx\/scielo.php?script=sci_arttext&amp;pid=S1870-11912019000100110#B39\">Hocquenghem, 2009, p. 54<\/a><\/sup>), los resortes de tal posicionamiento, asegura, hunden sus ra\u00edces en el interjuego entre la amenaza de castraci\u00f3n y el falo en el marco de lo que el autor denomina la\u00a0<em>edipizaci\u00f3n de la homosexualidad<\/em>. Hocquenghem explica c\u00f3mo Edipo es necesario para el control identitatrio eficaz de la libido, en este contexto la identidad homosexual supone la imposici\u00f3n de un relato normativo que ordena bajo t\u00e9rminos inteligibles otras formas no normativas de la sexualidad. La responsabilizaci\u00f3n del deseo materno respecto a la homosexualidad del hijo resulta una de las manifestaciones del Edipo. Incluso nos ofrece, cr\u00edticamente, material circulante en su \u00e9poca que sostiene c\u00f3mo \u201cdemasiadas madres desean, en su ser m\u00e1s profundo, que sus hijos sean homosexuales\u201d (<sup><a href=\"https:\/\/www.scielo.org.mx\/scielo.php?script=sci_arttext&amp;pid=S1870-11912019000100110#B39\">Hocquenghem, 2009, p. 59<\/a><\/sup>).<\/p>\n<blockquote><p>Freud ha indicado que<\/p><\/blockquote>\n<blockquote><p>\u2026ciertas personas, se\u00f1aladamente aquellas cuyo desarrollo libidinal experiment\u00f3 una perturbaci\u00f3n (como es el caso de los perversos y los homosexuales), no eligen su posterior objeto de amor seg\u00fan el modelo de la madre, sino seg\u00fan el de su persona propia (<sup><a href=\"https:\/\/www.scielo.org.mx\/scielo.php?script=sci_arttext&amp;pid=S1870-11912019000100110#B23\">Freud, 1979e, p. 85<\/a><\/sup>).<\/p><\/blockquote>\n<p>En esta direcci\u00f3n, se\u00f1ala Hocquenghem que en este modelo que edipiza el deseo homosexual bajo identidades socialmente convenientes, la identidad homosexual, al igual que la mujer, supone un narcisismo esencial. Y el homosexual hereda algunas de sus cualidades. Este aporte freudiano se vincula con la identificaci\u00f3n del ni\u00f1o homosexual con su madre. En su escrito sobre Leonardo da Vinci, Freud adjudica la homosexualidad del artista a que en sus primeros a\u00f1os de vida estuvo al cuidado de su madre. De acuerdo con las teor\u00edas sexuales infantiles que Freud propone, la premisa universal del falo refiere a la creencia de que todos, incluida la madre, poseen falo; pues \u201chubo un tiempo, en efecto, en que el genital masculino estuvo unido a la figuraci\u00f3n de la madre\u201d (<sup><a href=\"https:\/\/www.scielo.org.mx\/scielo.php?script=sci_arttext&amp;pid=S1870-11912019000100110#B21\">Freud, 1979c, p. 88<\/a><\/sup>). Al respecto Freud dice que, para Leonardo da Vinci,<\/p>\n<blockquote><p>\u2026la atracci\u00f3n er\u00f3tica que part\u00eda de la persona de la madre culmin\u00f3 pronto en la a\u00f1oranza de sus genitales, que \u00e9l ten\u00eda por un pene. Con el discernimiento, adquirido s\u00f3lo m\u00e1s tarde, de que la mujer no posee pene, esa a\u00f1oranza a menudo se vuelca s\u00fabitamente a su contrario, deja sitio a un horror que en la pubertad puede convertirse en causa [\u2026] de la misoginia, de la homosexualidad duradera (<sup><a href=\"https:\/\/www.scielo.org.mx\/scielo.php?script=sci_arttext&amp;pid=S1870-11912019000100110#B21\">Freud, 1979c, p. 90<\/a><\/sup>).<\/p><\/blockquote>\n<p>Freud menciona que el rasgo m\u00e1s llamativo de Leonardo da Vinci<\/p>\n<blockquote><p>\u2026era que mudaba el mamar del pecho materno en un ser-amamantado, vale decir, en pasividad y, de este modo, en una situaci\u00f3n de inequ\u00edvoco car\u00e1cter homosexual. Si tenemos presente la probabilidad hist\u00f3rica de que Leonardo se haya comportado en su vida como una persona de sentir homosexual, nos vemos llevados a preguntarnos si esta fantas\u00eda no apunta a un v\u00ednculo causal entre la relaci\u00f3n infantil de Leonardo con su madre y su posterior homosexualidad manifiesta (<sup><a href=\"https:\/\/www.scielo.org.mx\/scielo.php?script=sci_arttext&amp;pid=S1870-11912019000100110#B21\">Freud, 1979c, p. 92<\/a><\/sup>).<\/p><\/blockquote>\n<p>En\u00a0<em>Sol negro<\/em>\u00a0Julia\u00a0<sup><a href=\"https:\/\/www.scielo.org.mx\/scielo.php?script=sci_arttext&amp;pid=S1870-11912019000100110#B42\">Kristeva (1997)<\/a><\/sup>\u00a0afirma que \u201cel matricidio es nuestra necesidad vital\u201d (<sup><a href=\"https:\/\/www.scielo.org.mx\/scielo.php?script=sci_arttext&amp;pid=S1870-11912019000100110#B42\">Kristeva, 1997, p. 30<\/a><\/sup>). Ella argumenta que una mujer y su madre se encuentran vinculadas melanc\u00f3licamente. La pulsi\u00f3n matricida se trueca en su inversi\u00f3n sobre el yo, \u201cintroyectado el objeto materno, en lugar del matricidio, sobreviene la condena [\u2026] melanc\u00f3lica del yo\u201d (<sup><a href=\"https:\/\/www.scielo.org.mx\/scielo.php?script=sci_arttext&amp;pid=S1870-11912019000100110#B42\">Kristeva, 1997, p. 30<\/a><\/sup>). Para una mujer \u201cla identificaci\u00f3n especular con la madre y tambi\u00e9n la introyecci\u00f3n del cuerpo y del yo materno son m\u00e1s inmediatos\u201d (<sup><a href=\"https:\/\/www.scielo.org.mx\/scielo.php?script=sci_arttext&amp;pid=S1870-11912019000100110#B42\">Kristeva, 1997, p. 31<\/a><\/sup>), por ello la \u201cinversi\u00f3n de la pulsi\u00f3n matricida en figura materna mort\u00edfera es m\u00e1s dif\u00edcil, acaso imposible\u201d (<sup><a href=\"https:\/\/www.scielo.org.mx\/scielo.php?script=sci_arttext&amp;pid=S1870-11912019000100110#B42\">Kristeva, 1997, p. 31<\/a><\/sup>). La autora afirma que el car\u00e1cter mort\u00edfero de la madre se ve impedido debido a la identificaci\u00f3n, pues \u201c\u00bfc\u00f3mo puede Ella ser esta Erinia sedienta de sangre cuando yo soy Ella (sexual y narcis\u00edsticamente), Ella soy yo?\u201d (<sup><a href=\"https:\/\/www.scielo.org.mx\/scielo.php?script=sci_arttext&amp;pid=S1870-11912019000100110#B42\">Kristeva, 1997, p. 31<\/a><\/sup>). As\u00ed, la mujer se encuentra anudada a la madre que debe ser destruida, por ello \u201cel odio que le tengo no se ejerce hacia afuera sino que se encierra en m\u00ed\u201d (p. 31). Luego de este derrotero te\u00f3rico, Kristeva afirma que \u201cel homosexual comparte esta misma econom\u00eda depresiva: es un melanc\u00f3lico exquisito, cuando no se libra a la pasi\u00f3n s\u00e1dica con otro hombre\u201d\u00a0<sup><a href=\"https:\/\/www.scielo.org.mx\/scielo.php?script=sci_arttext&amp;pid=S1870-11912019000100110#B42\">(Kristeva, 1997, p. 31<\/a><\/sup>).<\/p>\n<p>Estas afirmaciones no s\u00f3lo contienen la homofobia capaz de inscribir la homosexualidad en el campo de la melancol\u00eda, sino que tambi\u00e9n adjudican toda melancol\u00eda a una separaci\u00f3n inadecuada de la madre. La comparaci\u00f3n entre la identificaci\u00f3n melanc\u00f3lica de la mujer y el var\u00f3n homosexual sugieren que, para Kristeva, el var\u00f3n homosexual es una mujer (heterosexual), y en tanto que mujer se identifica con, e introyecta, el cuerpo de su madre. En la mirada psicoanal\u00edtica de Kristeva, el var\u00f3n homosexual encierra dentro de \u00e9l, identificatoriamente, a su madre y as\u00ed invoca la vieja explicaci\u00f3n de la homosexualidad masculina como el alma de una mujer en el cuerpo de un hombre.<\/p>\n<p>Para Kristeva, la homosexualidad masculina supone un doble confinamiento melanc\u00f3lico. La madre se encuentra presente en el var\u00f3n homosexual y el var\u00f3n homosexual en la imagen de su madre. El var\u00f3n homosexual, en tanto melanc\u00f3lico, \u201coculta una Cosa enterrada viva\u201d, la cual \u201cquedar\u00e1 tapiada en la cripta del afecto indecible, captado analmente, sin salida\u201d (<sup><a href=\"https:\/\/www.scielo.org.mx\/scielo.php?script=sci_arttext&amp;pid=S1870-11912019000100110#B42\">Kristeva, 1997, p. 49<\/a><\/sup>). La pluma de Julia Kristeva encierra al var\u00f3n homosexual en la cripta melanc\u00f3lica, donde la madre configura un objeto sepultado vivo dentro de la identidad normativa que el Edipo promulga.<\/p>\n<p>El retrato que el psicoan\u00e1lisis realiza tanto de la madre como del ni\u00f1o homosexual no es un\u00edvoco.\u00a0<em>La c\u00e1mara lucida<\/em>\u00a0(1990) de Roland Barthes ofrece el punto alternativo que aqu\u00ed queremos considerar. El autor se manifiesta en contra de<\/p>\n<blockquote><p>\u2026tratar la familia como si fuese \u00fanicamente un tejido de obligaciones y de ritos: o bien se la codifica como un grupo de pertenencia inmediata, o bien se hace de ella un nudo de conflictos y de inhibiciones. Dir\u00edase que nuestros sabios no pueden concebir que haya familias en las que las personas \u2018se amen\u2019 (<sup><a href=\"https:\/\/www.scielo.org.mx\/scielo.php?script=sci_arttext&amp;pid=S1870-11912019000100110#B3\">Barthes, 1990, p. 132<\/a><\/sup>).<\/p><\/blockquote>\n<p>En las p\u00e1ginas de esta obra Barthes expone un profundo lamento por la muerte de su madre, pero la felicidad retratada entre \u00e9l (un hijo homosexual) y su madre no se ajusta en nada a los t\u00e9rminos de la melancol\u00eda se\u00f1alada por Kristeva.<\/p>\n<p>Barthes escribe sobre su madre como si fuera una deidad que lejos est\u00e1 de irrumpir ante sus ojos como un ser absorbente y devorador. Nos dice:<\/p>\n<blockquote><p>El tiempo en que mi madre vivi\u00f3 antes que yo, esto es para m\u00ed la Historia [\u2026], mientras que contemplando una foto en la que ella, siendo yo ni\u00f1o, me estrecha contra s\u00ed, puedo rememorar en mi interior la suavidad arrugada del cresp\u00f3n de China y el perfume de los polvos de arroz (<sup><a href=\"https:\/\/www.scielo.org.mx\/scielo.php?script=sci_arttext&amp;pid=S1870-11912019000100110#B3\">Barthes, 1990, p. 118<\/a><\/sup>).<\/p><\/blockquote>\n<p>En ocasi\u00f3n de encontrar fotos de su madre, poco tiempo despu\u00e9s de su muerte, Barthes narra el impacto de una de ellas: \u201caquella en la que se ve a mi madre, de joven, caminando por una playa de las Landas y en la que \u2018reconoc\u00ed\u2019 su modo de andar, su salud, su resplandor\u201d (<sup><a href=\"https:\/\/www.scielo.org.mx\/scielo.php?script=sci_arttext&amp;pid=S1870-11912019000100110#B3\">Barthes, 1990, p. 116<\/a><\/sup>). El \u201cresplandor\u201d que se desprende \u201cdel rostro amado\u201d (<sup><a href=\"https:\/\/www.scielo.org.mx\/scielo.php?script=sci_arttext&amp;pid=S1870-11912019000100110#B3\">Barthes, 1990, p. 116<\/a><\/sup>) de la madre en la fotograf\u00eda contemplada por Barthes contrasta con la oscuridad temible y mort\u00edfera que envuelve a la figura materna en el\u00a0<em>sol negro<\/em>\u00a0de Kristeva. Barthes concibe a la fotograf\u00eda como<\/p>\n<blockquote><p>\u2026literalmente una emanaci\u00f3n del referente. De un cuerpo real, que se encontraba all\u00ed, han salido unas radiaciones que vienen a impresionarme a m\u00ed, que me encuentro aqu\u00ed [\u2026] la foto del ser desaparecido viene a impresionarme al igual que los rayos diferidos de una estrella. Una especie de cord\u00f3n umbilical une el cuerpo de la cosa fotografiada a mi mirada: la luz, aunque impalpable, es aqu\u00ed un medio carnal, una piel que comparto con aquel o aquella que han sido fotogra fiados (<sup><a href=\"https:\/\/www.scielo.org.mx\/scielo.php?script=sci_arttext&amp;pid=S1870-11912019000100110#B3\">Barthes, 1990, p. 143<\/a><\/sup>).<\/p><\/blockquote>\n<p>La met\u00e1fora maternante presente en la idea de \u201ccord\u00f3n umbilical\u201d que anuda fotograf\u00eda y referente lleva la huella ineludible de sus palabras respecto a las sensaciones suscitadas a partir de una fotograf\u00eda de su madre cuando era ni\u00f1a, al respecto nos dice que \u201cpor descolorida que este, es para m\u00ed el tesoro de los rayos que emanaban de mi madre siendo ni\u00f1a, de sus cabellos, de su piel, de su vestido, de su mirada, aquel d\u00eda\u201d (<sup><a href=\"https:\/\/www.scielo.org.mx\/scielo.php?script=sci_arttext&amp;pid=S1870-11912019000100110#B3\">Barthes, 1990, p. 144<\/a><\/sup>). La mirada de la madre contin\u00faa irradiando luz para su hijo. La cripta oscura recibe el calor de la madre. Barthes nos dice: \u201csuele decirse que, a trav\u00e9s de su labor progresiva, el duelo va borrando lentamente el dolor; no pod\u00eda, no puedo creerlo; pues, para m\u00ed, el Tiempo elimina la emoci\u00f3n de la perdida (no lloro), nada m\u00e1s. Para el resto, todo permanece inm\u00f3vil\u201d (<sup><a href=\"https:\/\/www.scielo.org.mx\/scielo.php?script=sci_arttext&amp;pid=S1870-11912019000100110#B3\">Barthes, 1990, p. 134<\/a><\/sup>). Al hablar de la muerte de su madre, Barthes parece hacer confluir melancol\u00eda y fotograf\u00eda, pero Barthes escapa a la melancol\u00eda que Kristeva diagnostica a los homosexuales. Digamos que Kristeva entiende por melancol\u00eda al desastre que s\u00fabitamente invade al yo a ra\u00edz de una desaparici\u00f3n. Nos dice que<\/p>\n<blockquote><p>\u2026la desaparici\u00f3n de ese ser indispensable contin\u00faa priv\u00e1ndome de la parte m\u00e1s valiosa de m\u00ed misma: la vivo como una herida o como una privaci\u00f3n para descubrir, inclusive, que mi dolor no es sino la postergaci\u00f3n del odio o del deseo de venganza que alimento por aquel o aquella que me traicion\u00f3 o abandon\u00f3 (<sup><a href=\"https:\/\/www.scielo.org.mx\/scielo.php?script=sci_arttext&amp;pid=S1870-11912019000100110#B42\">Kristeva, 1997, p. 10<\/a><\/sup>).<\/p><\/blockquote>\n<p>Pero m\u00e1s sugerente a\u00fan, la ret\u00f3rica de Kristeva anuda identificaci\u00f3n melanc\u00f3lica con incorporaci\u00f3n canib\u00e1lica, pues \u201cel can\u00edbal melanc\u00f3lico [\u2026] traduce esta pasi\u00f3n de tener dentro de la boca [\u2026] al otro intolerable a qui\u00e9n tengo ganas de destruir para poseerlo [\u2026] M\u00e1s vale dividido, despedazado, cortado, tragado, digerido\u2026 que perdido\u201d (<sup><a href=\"https:\/\/www.scielo.org.mx\/scielo.php?script=sci_arttext&amp;pid=S1870-11912019000100110#B42\">Kristeva, 1997, p. 16<\/a><\/sup>). En estos t\u00e9rminos, que hacen de la melancol\u00eda un mecanismo ps\u00edquico que supone un odio matricida, Barthes no es melanc\u00f3lico. \u00c9l no ha aniquilado ps\u00edquicamente a la madre. Incluso esta operaci\u00f3n no parece configurar un requerimiento de su identidad homosexual. Barthes menciona:<\/p>\n<blockquote><p>Puesto que lo que he perdido no es una Figura (la Madre), sino un ser: y tampoco un ser, sino una cualidad (un alma): no lo indispensable, sino lo irremplazable. Yo pod\u00eda vivir sin la Madre (todos lo hacemos, m\u00e1s o menos tarde); pero lo que me quedaba de vida seria por descontado y hasta el final incalificable (sin cualidad) (<sup><a href=\"https:\/\/www.scielo.org.mx\/scielo.php?script=sci_arttext&amp;pid=S1870-11912019000100110#B3\">Barthes, 1990, p. 134<\/a><\/sup>).<\/p><\/blockquote>\n<p>Al referirse a la melancol\u00eda Freud se\u00f1ala que el yo \u201csabe a qui\u00e9n perdi\u00f3, pero no lo que perdi\u00f3 en \u00e9l\u201d (<sup><a href=\"https:\/\/www.scielo.org.mx\/scielo.php?script=sci_arttext&amp;pid=S1870-11912019000100110#B24\">Freud, 1979f, p. 243<\/a><\/sup>). A pesar de que podemos sospechar que Barthes, del mismo modo, puede designar a qui\u00e9n ha perdido pero no lo que ha perdido en ella, es preciso se\u00f1alar que, m\u00e1s bien, las preguntas por el qui\u00e9n y por el qu\u00e9 no son f\u00e1cilmente distinguibles cuando se\u00f1ala: \u201cmi pena proviene del hecho de ser ella quien era\u201d (<sup><a href=\"https:\/\/www.scielo.org.mx\/scielo.php?script=sci_arttext&amp;pid=S1870-11912019000100110#B3\">Barthes, 1990, p. 13<\/a><\/sup>3). Incluso la fotograf\u00eda de su madre cuando era ni\u00f1a en el invernadero anuda ambas dimensiones, es el \u00fanico objeto que, en palabras de Barthes \u201cera perfectamente esencial, certificaba [\u2026] ut\u00f3picamente, la ciencia imposible del ser \u00fanico\u201d (<sup><a href=\"https:\/\/www.scielo.org.mx\/scielo.php?script=sci_arttext&amp;pid=S1870-11912019000100110#B3\">Barthes, 1990, p. 126<\/a><\/sup>).<\/p>\n<p>La madre de Barthes solo existi\u00f3 para \u00e9l, y es eso lo que la fotograf\u00eda como ciencia imposible del ser \u00fanico refleja. De alg\u00fan modo los sentidos desplegados por Barthes disputan la narrativa que el psicoan\u00e1lisis reproduce. La ret\u00f3rica psicoanal\u00edtica codifica bajo categor\u00edas universales a la madre y al var\u00f3n homosexual. El brillo de la melancol\u00eda de Barthes se despliega en la particularidad que la imagen cobra s\u00f3lo frente a la mirada de \u00e9l a diferencia del sol negro de la melancol\u00eda que el psicoan\u00e1lisis instituye.<\/p>\n<\/div>\n<div class=\"section\"><a name=\"idp376608\"><\/a><\/p>\n<p class=\"sec\">A modo de conclusi\u00f3n: la mariconer\u00eda como burla del funcionamiento ed\u00edpico<\/p>\n<p>El entramado ed\u00edpico nos muestra la forma en que la estructura social ofrece el cuerpo de las mujeres, bajo el discurso amoroso, a una econom\u00eda libidinal constitutiva de la masculinidad (<sup><a href=\"https:\/\/www.scielo.org.mx\/scielo.php?script=sci_arttext&amp;pid=S1870-11912019000100110#B50\">Rubin, 1975<\/a><\/sup>;\u00a0<sup><a href=\"https:\/\/www.scielo.org.mx\/scielo.php?script=sci_arttext&amp;pid=S1870-11912019000100110#B15\">Firestone, 1976<\/a><\/sup>;\u00a0<sup><a href=\"https:\/\/www.scielo.org.mx\/scielo.php?script=sci_arttext&amp;pid=S1870-11912019000100110#B46\">Mitchell, 1982<\/a><\/sup>). Como Robert\u00a0<sup><a href=\"https:\/\/www.scielo.org.mx\/scielo.php?script=sci_arttext&amp;pid=S1870-11912019000100110#B53\">Stoller (1968)<\/a><\/sup>\u00a0y Nancy\u00a0<sup><a href=\"https:\/\/www.scielo.org.mx\/scielo.php?script=sci_arttext&amp;pid=S1870-11912019000100110#B13\">Chodorow (2002)<\/a><\/sup>\u00a0dejan en claro, la masculinidad supone el repudio de la feminidad. Sin embargo, este car\u00e1cter reactivo de la masculinidad convive con el mandato normativo de la consecuci\u00f3n de la heterosexualidad. De esta forma,\u00a0<em>ser<\/em>\u00a0var\u00f3n re\u00fane dos elementos en disputa que se cristalizan en el enlace libidinal con el otro sexo altamente amenazante. El resultado, como hemos sugerido antes, es el amor rom\u00e1ntico. Una modalidad amorosa contaminada con formas variadas de violencia que evitan que el enlace con lo femenino al que nos enfrenta la heterosexualidad obligatoria (<sup><a href=\"https:\/\/www.scielo.org.mx\/scielo.php?script=sci_arttext&amp;pid=S1870-11912019000100110#B49\">Rich, 1980<\/a><\/sup>) no sea fuente de emasculaci\u00f3n. El dominio y la objetalizaci\u00f3n de las mujeres configuran la estrategia para mantener claras las fronteras de la masculinidad. Si tenemos en cuenta estas coordenadas, el homosexual mis\u00f3gino se empe\u00f1a por afirmar su masculinidad. Debido al no cumplimiento del mandato de la heterosexualidad, el homosexual legitima su pertenencia al territorio de la masculinidad afirmando la estrategia disponible: la misoginia.<sup><a href=\"https:\/\/www.scielo.org.mx\/scielo.php?script=sci_arttext&amp;pid=S1870-11912019000100110#fn7\">7<\/a><\/sup>\u00a0El var\u00f3n homosexual negocia su identidad en los t\u00e9rminos ed\u00edpicos. Por un lado rechaza a su madre en tanto objeto de elecci\u00f3n sexual. Por otro lado no se identifica con ella, pues eso resulta feminizante. Entonces, el var\u00f3n homosexual, en tanto que var\u00f3n, articula su identidad masculina a partir del repudio hacia lo femenino, y esto es independiente respecto a la elecci\u00f3n homosexual de objeto.<\/p>\n<p>Judith\u00a0<sup><a href=\"https:\/\/www.scielo.org.mx\/scielo.php?script=sci_arttext&amp;pid=S1870-11912019000100110#B11\">Butler (1993)<\/a><\/sup>\u00a0se\u00f1ala que las identificaciones circulantes en el\u00a0<em>complejo de Edipo<\/em>\u00a0responden a direcciones que los juegos de poder imprimen al deseo. As\u00ed el Edipo ya no es pensado como un hito estructural individual, sino un dispositivo de producci\u00f3n patriarcal de subjetividades. Ahora bien, \u00bfqu\u00e9 sucede cuando la no consecuci\u00f3n de la heterosexualidad por parte del ni\u00f1o no se lleva a cabo bajo la ret\u00f3rica ed\u00edpica del odio hacia la madre? Como ya hemos sugerido, Roland Barthes permite pensar un giro al respecto. Nos habla de su madre como una mujer irremplazable. En tanto ser \u00fanico que, en su singularidad, exist\u00eda s\u00f3lo para \u00e9l, su madre parece devenir en su mujer ideal, irremplazable. Barthes puede asumir la singularidad de su madre y permitirnos pensar en un complejo v\u00ednculo que no reintroduce el t\u00e9rmino madre en tanto objeto de amor y esposa que la heteronormatividad ed\u00edpica promueve. Barthes se convierte, incluso, en madre de su madre. Se\u00f1ala:<\/p>\n<blockquote><p>Al final de su vida [\u2026] mi madre estaba d\u00e9bil [\u2026]. Durante su enfermedad yo la cuidaba [\u2026], se hab\u00eda convertido en mi ni\u00f1a, identific\u00e1ndose para m\u00ed con la criatura esencial que era en su primera foto [\u2026]. Ella, tan fuerte, que constitu\u00eda mi Ley interior, yo la viv\u00eda para acabar como si fuese mi ni\u00f1a [\u2026], si, despu\u00e9s de haberse reproducido como otro que s\u00ed mismo, el individuo muere, habi\u00e9ndose as\u00ed negado y sobrepasado, yo, que no hab\u00eda procreado, hab\u00eda engendrado en su misma enfermedad a mi madre. Muerta ella, yo ya no ten\u00eda raz\u00f3n alguna para seguir la marcha de lo Viviente superior (la especie). Mi particularidad ya no podr\u00eda nunca m\u00e1s universalizarse (<sup><a href=\"https:\/\/www.scielo.org.mx\/scielo.php?script=sci_arttext&amp;pid=S1870-11912019000100110#B3\">Barthes, 1990, pp. 127-128<\/a><\/sup>).<\/p><\/blockquote>\n<p>Como ya hemos indicado, al mismo tiempo, Barthes nos dice: \u201cel tiempo en que mi madre vivi\u00f3 antes que yo, esto es para m\u00ed la Historia\u201d (<sup><a href=\"https:\/\/www.scielo.org.mx\/scielo.php?script=sci_arttext&amp;pid=S1870-11912019000100110#B3\">Barthes, 1990, p. 118<\/a><\/sup>). Revertir la relaci\u00f3n con su madre, siendo \u00e9l mismo madre de su madre devenida ni\u00f1a, le permite recuperar ese tiempo y as\u00ed garantizar que su madre, a\u00fan cuando fue ni\u00f1a, fue siempre su madre y nadie m\u00e1s. La madre parece configurar un ideal que responde a lo que Jessica\u00a0<sup><a href=\"https:\/\/www.scielo.org.mx\/scielo.php?script=sci_arttext&amp;pid=S1870-11912019000100110#B5\">Benjamin (1995)<\/a><\/sup>\u00a0ha conceptualizado como\u00a0<em>amor identificatorio.<\/em><sup><a href=\"https:\/\/www.scielo.org.mx\/scielo.php?script=sci_arttext&amp;pid=S1870-11912019000100110#fn8\">8<\/a><\/sup>\u00a0La l\u00f3gica complementaria que establece la distinci\u00f3n ed\u00edpica entre\u00a0<em>ser<\/em>\u00a0-identificarse con- y\u00a0<em>tener<\/em>\u00a0-elegir como objeto amoroso a- expone sus l\u00edmites cuando mostramos otras alternativas al posicionamiento del var\u00f3n homosexual mis\u00f3gino<sup><a href=\"https:\/\/www.scielo.org.mx\/scielo.php?script=sci_arttext&amp;pid=S1870-11912019000100110#fn9\">9<\/a><\/sup>. Cuando\u00a0<em>ser<\/em>\u00a0y\u00a0<em>tener<\/em>\u00a0colisionan, las posibilidades son otras. En este contexto, propongo la figura\u00a0<em>Marica<\/em>\u00a0para pensar, al menos, una de las formas posibles que irrumpen a partir de este cortocircuito. Adem\u00e1s, tambi\u00e9n podr\u00eda argumentarse que lejos de ser mis\u00f3gina la\u00a0<em>Marica<\/em>\u00a0es feminista. Y es eso lo que explica la idealizaci\u00f3n de la madre como recurso para apartarla del circuito en el que deviene objeto<sup><a href=\"https:\/\/www.scielo.org.mx\/scielo.php?script=sci_arttext&amp;pid=S1870-11912019000100110#fn10\">10<\/a><\/sup>.<\/p>\n<p>La\u00a0<em>Marica<\/em>\u00a0no se vincula en t\u00e9rminos de elecci\u00f3n de objeto con su madre, simplemente porque para la\u00a0<em>Marica<\/em>\u00a0la madre no es un objeto. La\u00a0<em>Marica<\/em>\u00a0no ama a su madre, al menos no lo hace bajo los t\u00e9rminos ed\u00edpicos donde amar significa\u00a0<em>tener<\/em>. En este sentido, mediante la idealizaci\u00f3n de la madre, la\u00a0<em>Marica<\/em>\u00a0purga el componente de dominaci\u00f3n y odio hacia las mujeres que el patriarcado impone como requerimiento para\u00a0<em>ser<\/em>\u00a0var\u00f3n y amar a las mujeres. La\u00a0<em>Marica<\/em>\u00a0no odia a las mujeres, no es un requerimiento para ella, porque las\u00a0<em>maricas<\/em>\u00a0no son varones. Y justamente porque no las odia jam\u00e1s aceptar\u00eda los t\u00e9rminos hegem\u00f3nicos a partir de los cuales el v\u00ednculo amoroso se hace posible. En su texto\u00a0<em>Sobre la m\u00e1s generalizada degradaci\u00f3n de la vida amorosa<\/em><sup><a href=\"https:\/\/www.scielo.org.mx\/scielo.php?script=sci_arttext&amp;pid=S1870-11912019000100110#B22\">Freud (1979d)<\/a><\/sup>\u00a0expone, justamente, la degradaci\u00f3n del objeto sexual como condici\u00f3n de todo amor.<\/p>\n<blockquote><p>Es posible que la inclinaci\u00f3n, tan a menudo observada, de los hombres de las clases sociales elevadas a elegir una mujer de inferior extracci\u00f3n como amante duradera, o aun como esposa, no sea m\u00e1s que la consecuencia de aquella necesidad de un objeto sexual degradado, con el cual psicol\u00f3gicamente se enlaza la posibilidad de la satisfacci\u00f3n plena (<sup><a href=\"https:\/\/www.scielo.org.mx\/scielo.php?script=sci_arttext&amp;pid=S1870-11912019000100110#B22\">Freud, 1979d, p. 179<\/a><\/sup>).<\/p><\/blockquote>\n<p>La\u00a0<em>Marica<\/em>\u00a0se retira de un circuito en el que amar a la madre, y a todas las mujeres, supone degradarla. La\u00a0<em>Marica<\/em>\u00a0es feminista radical. La\u00a0<em>Marica<\/em>\u00a0combate contra las relaciones de poder que organizan el amor rom\u00e1ntico (<sup><a href=\"https:\/\/www.scielo.org.mx\/scielo.php?script=sci_arttext&amp;pid=S1870-11912019000100110#B15\">Firestone, 1976<\/a><\/sup>).<\/p>\n<p>Seguramente porque la\u00a0<em>Marica<\/em>\u00a0no es un var\u00f3n vemos hasta qu\u00e9 punto la identificaci\u00f3n con lo femenino no es discordante para su posici\u00f3n. Incluso hemos visto como Barthes deviene madre. Barthes no es homosexual. Barthes es una\u00a0<em>Marica<\/em>. S\u00f3lo la mirada de Barthes es capaz de captar a su madre en su singularidad, y suspender el papel forzado que, en tanto mujer, se le impone en el marco de un orden patriarcal inevitablemente heterosexual.<\/p>\n<p>La\u00a0<em>Marica<\/em>\u00a0escapa a la taxonom\u00eda que el Edipo prev\u00e9 para sus salidas fallidas. El\u00a0<em>complejo de Edipo<\/em>\u00a0en Freud es potente en tanto explica -bajo la misma l\u00f3gica que separa dicot\u00f3micamente identificaci\u00f3n y elecci\u00f3n de objeto- la producci\u00f3n de heterosexualidad -alineaci\u00f3n normativa del deseo- y la producci\u00f3n de homosexualidad -alineaci\u00f3n abyecta del deseo. La posici\u00f3n\u00a0<em>Marica<\/em>\u00a0cortocircuita los t\u00e9rminos de esta l\u00f3gica subyacente. El resultado: una localizaci\u00f3n identitaria que no abraza la misoginia propia de la masculinidad hegem\u00f3nica y tampoco despliega la elecci\u00f3n de objeto heterosexual. La mujer, es este caso, no es objeto de amor de la\u00a0<em>Marica<\/em>. V\u00eda idealizaci\u00f3n salvaguarda a la mujer del destino objetal, y as\u00ed queda al margen de la trampa hetero-patriarcal que exige a los varones desidentificarse de sus madres y repudiar lo femenino, y, al mismo tiempo, vincularse amorosamente con mujeres para el logro de la heterosexualidad. La\u00a0<em>Marica<\/em>\u00a0no asume ninguno de estos dos elementos en pugna que confluyen en la masculinidad, y que permanecen en la base de una forma de amor que se resuelve en violencia, degradaci\u00f3n y dominio hacia las mujeres -lo que Jessica\u00a0<sup><a href=\"https:\/\/www.scielo.org.mx\/scielo.php?script=sci_arttext&amp;pid=S1870-11912019000100110#B5\">Benjamin (1995)<\/a><\/sup>\u00a0se\u00f1ala como una modalidad de amor anterior a la operaci\u00f3n del\u00a0<em>complejo de Edipo<\/em>, cuando era posible desplegar el amor hacia lo que uno desea ser, en t\u00e9rminos del deseo de un sujeto hacia otro sujeto significado como alteridad y tomado, al mismo tiempo, como referente identificatorio.<\/p>\n<p>Debido a que la\u00a0<em>Marica<\/em>\u00a0cuestiona la divisi\u00f3n edipica entre\u00a0<em>ser<\/em>\u00a0y\u00a0<em>tener<\/em>, su posicionamiento identitario excede al binario masculino-femenino. No es mujer, pero lo femenino forma parte de sus insignias identificatorias. Nos es var\u00f3n, pero su localizaci\u00f3n subjetiva no se resuelve cabalmente en una\u00a0<em>performace<\/em><sup><a href=\"https:\/\/www.scielo.org.mx\/scielo.php?script=sci_arttext&amp;pid=S1870-11912019000100110#fn11\">11<\/a><\/sup>\u00a0de la femineidad. La\u00a0<em>Marica<\/em>\u00a0es una identidad de borde en la que las identificaciones cruzadas entre los g\u00e9neros permiten deshacer la rigidez de los ordenamientos convencionales. Si un observador externo puede identificar destellos de masculinidad en una\u00a0<em>Marica<\/em>, aquello que identifica es masculinidad como significante vac\u00edo -ahora devenido\u00a0<em>Marica<\/em>, como efecto de la depuraci\u00f3n de la misoginia reactiva y de la heterosexualidad obligatoria.<\/p>\n<p>La figura de la\u00a0<em>Marica<\/em>\u00a0que aqu\u00ed se propone no existe en tanto identidad coherente y estable. Tampoco los atributos que aqu\u00ed adjudicamos a la\u00a0<em>Marica<\/em>\u00a0son el resultado de hechos hist\u00f3rico-vivenciales f\u00e1cticamente acaecidos. No se trata de un conjunto de ciertas vivencias que determinan una identidad diferente y m\u00e1s sofisticada -la\u00a0<em>Marica<\/em>&#8211; con relaci\u00f3n a la norma social. La\u00a0<em>Marica<\/em>\u00a0es una identidad pol\u00edtica. Los t\u00e9rminos que aqu\u00ed delimitamos son el intento de generar un relato, una narrativa, socialmente disponible, que opere como marco de subjetivaci\u00f3n alternativa. La disponibilidad de otros relatos hace posible que tal materialidad significante pueda ser utilizada para una resignificaci\u00f3n pol\u00edtica. Paco Vidarte se\u00f1ala que \u201cser sujeto marica, convertirse en marica, no es algo dado previamente [\u2026]. Nuestro porvenir radica en identificarnos como [\u2026] maricas\u201d (<sup><a href=\"https:\/\/www.scielo.org.mx\/scielo.php?script=sci_arttext&amp;pid=S1870-11912019000100110#B55\">Vidarte, 2010, pp. 67, 69<\/a><\/sup>). La marica resulta inconsistente ante la l\u00f3gica binaria del\u00a0<em>ser<\/em>\u00a0y\u00a0<em>tener<\/em>\u00a0que enlaza los g\u00e9neros de forma complementaria. Ante el Edipo \u201cser marica [\u2026] no tiene ning\u00fan sentido. [\u2026] somos absurdos, incomprensibles [\u2026]. La obsesi\u00f3n por la identidad, por llenarnos de sentido, por hacernos un capital te\u00f3rico es una exigencia que viene de su lado\u201d (<sup><a href=\"https:\/\/www.scielo.org.mx\/scielo.php?script=sci_arttext&amp;pid=S1870-11912019000100110#B55\">Vidarte, 2010, p. 70<\/a><\/sup>).<\/p>\n<p>Nos alejamos de la afirmaci\u00f3n freudiana que se\u00f1ala que: \u201cEn su cuarto o quinto a\u00f1o de vida, el peque\u00f1o ser humano a menudo est\u00e1 hecho, y no hace sino sacar a luz poco a poco lo que ya se encontraba en \u00e9l\u201d (<sup><a href=\"https:\/\/www.scielo.org.mx\/scielo.php?script=sci_arttext&amp;pid=S1870-11912019000100110#B25\">Freud, 1979g, p. 324<\/a><\/sup>). Lejos de esto, afirmamos la postura de Piera\u00a0<sup><a href=\"https:\/\/www.scielo.org.mx\/scielo.php?script=sci_arttext&amp;pid=S1870-11912019000100110#B2\">Aulagnier (1991)<\/a><\/sup>, quien nos brinda un modelo de subjetividad abierta, en continuo devenir. No s\u00f3lo la apertura es al futuro, sino al pasado. Aulagnier adjudica al sujeto la posibilidad de realizar un trabajo de una\u00a0<em>puesta en historia,<\/em><\/p>\n<blockquote><p>Gracias al cual un tiempo pasado y, como tal, definitivamente perdido, puede continuar existiendo ps\u00edquicamente en y por esa autobiograf\u00eda, obra de un Yo que s\u00f3lo puede ser y devenir prosigui\u00e9ndola de principio al de su existencia. Autobiograf\u00eda no solamente jam\u00e1s terminada, sino en la cual, los cap\u00edtulos que se cre\u00edan definitivamente acabados, pueden prestarse a modificaciones, ya sea a\u00f1adiendo nuevos p\u00e1rrafos o haciendo desaparecer otros (<sup><a href=\"https:\/\/www.scielo.org.mx\/scielo.php?script=sci_arttext&amp;pid=S1870-11912019000100110#B2\">Aulagnier, 1991, p. 442<\/a><\/sup>).<\/p><\/blockquote>\n<p>Si es posible construirse un pasado, es importante la disponibilidad de otros modos de\u00a0<em>ser<\/em>\u00a0que admitan la multiplicidad deseante, no mis\u00f3gina. En esta direcci\u00f3n la\u00a0<em>Marica<\/em>, no es la expresi\u00f3n de una identidad cristalizada en la infancia, m\u00e1s bien se ofrece como un posicionamiento \u00e9tico-pol\u00edtico que involucra un rechazo a las relaciones de dominaci\u00f3n propias del patriarcado. La politizaci\u00f3n de la propia sexualidad es posible mediante una resignificaci\u00f3n pol\u00edtica de nuestras identificaciones (<sup><a href=\"https:\/\/www.scielo.org.mx\/scielo.php?script=sci_arttext&amp;pid=S1870-11912019000100110#B9\">Butler, 1990<\/a><\/sup>). Hasta aqu\u00ed se ha sugerido una narrativa a disposici\u00f3n de aquel trabajo,<\/p>\n<blockquote><p>merced al cual el tiempo pasado y perdido se transforma y contin\u00faa existiendo ps\u00edquicamente con la forma de discurso que le habla, de la historia que lo guarda en la memoria, que permite al sujeto hacer de su infancia ese \u2018antes\u2019 que preservar\u00e1 una ligaz\u00f3n con su presente (<sup><a href=\"https:\/\/www.scielo.org.mx\/scielo.php?script=sci_arttext&amp;pid=S1870-11912019000100110#B2\">Aulagnier, 1991, p. 444<\/a><\/sup>).<\/p><\/blockquote>\n<p>Pero si contar con una historia en necesario para nuestra posici\u00f3n subjetiva presente, nuestro pasado no es p\u00e9treo y determinante. Las narrativas all\u00ed cristalizadas no son inmunes a la potencia pol\u00edtica de revisar nuestra identidad. Despu\u00e9s de todo el sujeto es capaz de poner en historia y memoria su propio devenir, trabajo \u201cgracias al cual se construye un pasado como causa y fuente de su ser\u201d (<sup><a href=\"https:\/\/www.scielo.org.mx\/scielo.php?script=sci_arttext&amp;pid=S1870-11912019000100110#B2\">Aulagnier, 1991<\/a><\/sup>, p. 444). Hasta aqu\u00ed una invitaci\u00f3n a identificarnos con este libreto subversivo, no ed\u00edpico.<\/p>\n<\/div>\n<\/div>\n<div id=\"article-back\" class=\"back\">\n<div><a name=\"references\"><\/a><\/p>\n<p class=\"sec\">\n<p class=\"sec\">Referencias bibliogr\u00e1ficas<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p class=\"ref\"><a name=\"B1\"><\/a>Atkinson, Ti-G. (1974).\u00a0<em>Amazon Odyssey<\/em>. New York: Links Books. [\u00a0<a>Links<\/a>\u00a0]<\/p>\n<p class=\"ref\"><a name=\"B2\"><\/a>Aulagnier, P. (1991). 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Esto se debe a que el foco de indagaci\u00f3n son los ni\u00f1os varones.<\/p>\n<\/div>\n<p><a name=\"fn2\"><\/a><\/p>\n<div class=\"fn\"><a name=\"fn2\"><\/a><sup>2<\/sup>En psicoan\u00e1lisis el t\u00e9rmino\u00a0<em>objeto<\/em>\u00a0se utiliza para nominar otras personas, que, desde el punto de vista del sujeto, s\u00f3lo cobran existencia como representaciones objetales pertenecientes al mundo interno. Como el punto de vista adoptado es la teor\u00eda feminista, el t\u00e9rmino\u00a0<em>objeto<\/em>\u00a0cobra pleno sentido en este art\u00edculo, ya que la nominaci\u00f3n utilizada por la teor\u00eda psicoanal\u00edtica se vuelve sintom\u00e1tica del lugar al que las mujeres, en general, y la madre, en particular, son relegadas en el contexto social patriarcal. Como se afirmar\u00e1, la l\u00f3gica complementaria del\u00a0<em>complejo de Edipo<\/em>\u00a0entre Sujeto y Objeto no es ajena a la construcci\u00f3n de las identidades, tampoco a c\u00f3mo interviene en este proceso la distribuci\u00f3n desigual de poder y reconocimiento entre varones y mujeres (<sup><a href=\"https:\/\/www.scielo.org.mx\/scielo.php?script=sci_arttext&amp;pid=S1870-11912019000100110#B4\">Benjamin, 1988<\/a><\/sup>).<\/p>\n<\/div>\n<p><a name=\"fn3\"><\/a><\/p>\n<div class=\"fn\"><a name=\"fn3\"><\/a><sup>3<\/sup>Se podr\u00eda objetar que la propuesta aqu\u00ed presente supone que toda identidad homosexual es naturalmente mis\u00f3gina. Sin embargo, aqu\u00ed se\u00f1alamos la necesidad de poner en tensi\u00f3n cr\u00edtica la hegemon\u00eda de ciertos relatos te\u00f3ricos que se traducen en dispositivos de intervenci\u00f3n en materia de salud mental. Por lo tanto, se trata de una revisi\u00f3n epistemol\u00f3gica a nivel te\u00f3rico, un proyecto netamente pol\u00edtico tendiente a generar un contra-relato que dispute la hegemon\u00eda de un punto de vista privilegiado que alimenta la inferiorizaci\u00f3n y exclusi\u00f3n de franjas poblacionales densamente pobladas. Tambi\u00e9n se podr\u00eda se\u00f1alar que la perspectiva del art\u00edculo est\u00e1 \u2018sesgada\u2019, pero afirmamos la imposibilidad de distinguir lo te\u00f3rico de lo pol\u00edtico y enfatizamos la presencia de cualquier sesgo, no como un problema a superar, sino como forma de afirmar el car\u00e1cter situado de todo conocimiento.<\/p>\n<\/div>\n<p><a name=\"fn4\"><\/a><\/p>\n<div class=\"fn\"><a name=\"fn4\"><\/a><sup>4<\/sup>Como se ver\u00e1 m\u00e1s adelante, este punto es clave en el recorrido, pues, en un contexto social patriarcal, los efectos desmaculinizantes de la no consecuci\u00f3n de la heterosexualidad conducen al homosexual a reafirmar su masculinidad y, as\u00ed, enfatizar el componente mis\u00f3gino que define a lo masculino como repudio de lo femenino.<\/p>\n<\/div>\n<p><a name=\"fn5\"><\/a><\/p>\n<div class=\"fn\"><a name=\"fn5\"><\/a><sup>5<\/sup>En sentido estricto, y tal como sugiere Judith Butler (1990), cualquier identidad, hetero u homo, encuentra dificultades para encontrar un sitio pleno y coherente en el interior de alguna de las categor\u00edas gen\u00e9ricas con las que contamos. Sin embargo\u00a0<sup><a href=\"https:\/\/www.scielo.org.mx\/scielo.php?script=sci_arttext&amp;pid=S1870-11912019000100110#B37\">Scott Goldsmith (1995)<\/a><\/sup>\u00a0capta acertadamente la especificidad del conflicto entre alguien que no se ha identificado con\u00a0<em>ser<\/em>\u00a0mujer, en t\u00e9rminos de identidad de g\u00e9nero, y con la dificultad de identificarse plenamente con\u00a0<em>ser<\/em>\u00a0var\u00f3n. Pues la heterosexualidad forma parte constitutiva de los mandatos normativos a cumplir para formar parte leg\u00edtimamente de la masculinidad (Butler, 1997).<\/p>\n<\/div>\n<p><a name=\"fn6\"><\/a><\/p>\n<div class=\"fn\"><a name=\"fn6\"><\/a><sup>6<\/sup>Judith Butler (1990, 1993, 1997) expone de forma convincente c\u00f3mo el campo normativo impone restricciones al flujo er\u00f3tico e identificatorio. Algunas posibilidades identitarias, como destinos de la identificaci\u00f3n, est\u00e1n forcluidas de entrada. A\u00fan as\u00ed, aclara, estos objetos er\u00f3ticos prohibidos y, por lo tanto, perdidos, son introyectados melanc\u00f3licamente por el sujeto y preservados ps\u00edquicamente. Por lo tanto, el n\u00facleo de las identidades siempre contiene las posibilidades er\u00f3ticas normativamente sancionadas.<\/p>\n<\/div>\n<p><a name=\"fn7\"><\/a><\/p>\n<div class=\"fn\"><a name=\"fn7\"><\/a><sup>7<\/sup>La misoginia -repudiar lo femenino para que la masculinidad no se contamine con lo femenino- es el precio que el var\u00f3n homosexual paga al patriarcado para ser reconocido en su masculinidad. Si el var\u00f3n homosexual queda al margen de la heteronorma debido a su identidad sexual, la misoginia le permite no quedar al margen del g\u00e9nero. En la balanza patriarcal la misoginia pesa lo suficiente como para satisfacer el anhelo integracionista que el var\u00f3n, herido por su homosexualidad, busca enf\u00e1ticamente. Parece convincente suponer que la misoginia, entendida como mandato constitutivo de la masculinidad, en sus diferentes niveles, configura una premisa de mayor pregnancia que el cumplimiento del mandato de la heterosexualidad a la hora del establecimiento de la masculinidad hegem\u00f3nica.<\/p>\n<\/div>\n<p><a name=\"fn8\"><\/a><\/p>\n<div class=\"fn\"><a name=\"fn8\"><\/a><sup>8<\/sup>El concepto de\u00a0<em>amor identificatorio<\/em>\u00a0configura una herramienta para atacar la complementariedad Sujeto-Objeto que la rigidez de la estructura ed\u00edpica instala. Benjamin detecta que el amor ed\u00edpico se basa en la estricta separaci\u00f3n entre\u00a0<em>ser<\/em>\u00a0y\u00a0<em>tener<\/em>, que perpet\u00faa el tab\u00fa de\u00a0<em>tener<\/em>\u00a0el objeto como el que uno\u00a0<em>es<\/em>\u00a0-separaci\u00f3n que instituye la heterosexualidad.<\/p>\n<\/div>\n<p><a name=\"fn9\"><\/a><\/p>\n<div class=\"fn\"><a name=\"fn9\"><\/a><sup>9<\/sup>El homosexual mis\u00f3gino puede entenderse como un posicionamiento subjetivo a partir del cual el enlace er\u00f3tico entre varones se articula en los t\u00e9rminos del\u00a0<em>complejo de Edipo<\/em>\u00a0convencional. Incluso cuando tenemos lo que se nos proh\u00edbe tener, es decir cuando elegimos un objeto er\u00f3tico culturalmente sancionado, el patriarcado reingresa -mediante la fuerza de la diferenciaci\u00f3n entre\u00a0<em>ser<\/em>\u00a0y\u00a0<em>tener<\/em>\u00a0que la l\u00f3gica ed\u00edpica instala- una matriz subjetiva que torna al sujeto inteligible, aunque m\u00e1s no sea mediante categor\u00edas connotadas negativamente como la de\u00a0<em>Homosexual<\/em>.\u00a0<sup><a href=\"https:\/\/www.scielo.org.mx\/scielo.php?script=sci_arttext&amp;pid=S1870-11912019000100110#B39\">Guy Hocquenghem (2009)<\/a><\/sup>\u00a0denomina a esto\u00a0<em>edipizaci\u00f3n del deseo<\/em>\u00a0homosexual, que arroja como resultado la\u00a0<em>identidad homosexual<\/em>, labrada a partir de las mismas estrategias sociales normalizadoras. Judith Butler (1990) entiende esta estrategia como la imposici\u00f3n de la\u00a0<em>matriz heterosexual<\/em>, de la que el\u00a0<em>complejo de Edipo<\/em>\u00a0es un engranaje clave.<\/p>\n<\/div>\n<p><a name=\"fn10\"><\/a><\/p>\n<div class=\"fn\"><a name=\"fn10\"><\/a><sup>10<\/sup>El campo de la literatura ofrece m\u00faltiples escenas de\u00a0<em>Maricas<\/em>\u00a0frente a la idealizaci\u00f3n de la Madre, en particular, y de la representaci\u00f3n de las divas del cine, en general. Manuel Puig, en el\u00a0<em>Beso de la mujer ara\u00f1a<\/em>\u00a0(2000) retrata el afecto profundo entre una Marica -Molina- y su madre, la mujer de su vida. Entre los relatos publicados bajo el t\u00edtulo\u00a0<em>Los ojos de Greta Garbo<\/em>, el autor ofrece un di\u00e1logo titulado \u201cSi, era bella como una diosa\u201d en el que dos Maricas lamentan la muerte de la actriz hollywoodense Silvana Mangano. Una de ellas dice: \u201c\u00bfQu\u00e9 tengo que ver yo con esa mujer tan refinada, tan hermosa y satisfecha? Yo soy una marica de pueblo, gorda, pelada y sin ning\u00fan talento especial [\u2026] \u00bfpor qu\u00e9 esta muerte me conmueve tanto?\u201d (Puig, 1993, pp. 77-78).<\/p>\n<\/div>\n<p><a name=\"fn11\"><\/a><\/p>\n<div class=\"fn\"><a name=\"fn11\"><\/a><sup>11<\/sup>\u00a0<sup><a href=\"https:\/\/www.scielo.org.mx\/scielo.php?script=sci_arttext&amp;pid=S1870-11912019000100110#B53\">Robert Stoller (1968)<\/a><\/sup>, y otros tantos te\u00f3ricos que optan por utilizar el\u00a0<em>complejo de Edipo<\/em>\u00a0como clave te\u00f3rica explicativa, suponen que el g\u00e9nero o la sexualidad son la expresi\u00f3n de un n\u00facleo identitario previo y determinante. Aqu\u00ed se opta por la noci\u00f3n performativa teorizada por Judith Butler para se\u00f1alar que no hay sustancia previa a los sutiles actos corporales que realizan imitativamente (Butler, 1990) o citacionalmente (Butler, 1993) el g\u00e9nero, y fundan, de forma retroactiva, la idea de un soporte o fundamento estable y prediscursivo. La figura de la\u00a0<em>Marica<\/em>\u00a0se inscribe en esta perspectiva te\u00f3rica que se\u00f1ala la interioridad psicol\u00f3gica como una realidad virtual altamente regulativa, instaurada y mantenida mediante juegos de poder -en los cuales participa el psicoan\u00e1lisis y sus identidades pretendidamente fundacionales y estables.<\/p>\n<\/div>\n<\/div>\n<div class=\"foot-notes\"><a name=\"fn13\"><\/a><\/p>\n<div class=\"fn\"><a name=\"fn13\"><\/a><strong>TRADUCCI\u00d3N:<\/strong><\/p>\n<p>Ariel Mart\u00ednez,\u00a0<em>Universidad Nacional de La Plata<\/em><\/p>\n<\/div>\n<p><a name=\"fn14\"><\/a><\/p>\n<div class=\"fn\"><a name=\"fn14\"><\/a><strong>C\u00d3MO CITAR:<\/strong><\/p>\n<p>Mart\u00ednez, A. (2019). Del homosexual mis\u00f3gino a la m<em>arica<\/em>\u00a0feminista. Aportes para una desidentificaci\u00f3n pol\u00edtica m\u00e1s all\u00e1 del Edipo.\u00a0<em>Culturales<\/em>, 7, e457. doi:\u00a0<a href=\"https:\/\/doi.org\/10.22234\/recu.20190701.e457\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">https:\/\/doi.org\/10.22234\/recu.20190701.e457<\/a><\/p>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<div class=\"foot-notes\">\n<div class=\"history\">\n<p>Recibido: 17 de Abril de 2019; Aprobado: 25 de Octubre de 2019; Publicado: 18 de Diciembre de 2019<\/p>\n<\/div>\n<div class=\"author-notes\"><a name=\"fn12\"><\/a><\/p>\n<p class=\"fn-author\"><strong>Ariel Mart\u00ednez<\/strong><\/p>\n<p class=\"fn-author\">Argentino. Doctor en Psicolog\u00eda por la Universidad Nacional de La Plata; Especialista en Educaci\u00f3n en G\u00e9neros y Sexualidades por la UNLP; Licenciado y Profesor en Psicolog\u00eda por la UNLP. Profesor en la Facultad de Humanidades y Ciencias de las Educaci\u00f3n y en la Facultad de Psicolog\u00eda de la UNLP. Investigador del Centro Interdisciplinario de Investigaciones en G\u00e9nero (CInIG), perteneciente al Instituto de Investigaciones en Humanidades y Ciencias Sociales (IdIHCS, UNLP\/CONICET). Sus temas de inter\u00e9s e investigaci\u00f3n son: la intersecci\u00f3n entre psicoan\u00e1lisis y pensamiento feminista, estudios de g\u00e9nero y teor\u00eda Queer. Sus publicaciones recientes son: (2018). Medusa y el espejo c\u00f3ncavo. La raigambre normativa de la violencia sobre el cuerpo.\u00a0<em>Universitas Philosophica<\/em>, 35(71); (2018).\u00a0<em>Identidad y cuerpo en la trama del sujeto sexo-generizado: del psicoan\u00e1lisis norteamericano a Judith Butler<\/em>. La Plata (Argentina): Universidad Nacional de La Plata. Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educaci\u00f3n (Biblioteca Humanidades; 40).<\/p>\n<\/div>\n<\/div>\n<div class=\"license\">\n<p>\u00a0Este es un art\u00edculo publicado en acceso abierto bajo una licencia Creative Commons<\/p>\n<\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>* Por Ariel Mart\u00ednez1* Una cr\u00edtica de algunos aportes que la teor\u00eda psicoanal\u00edtica postula sobre la homosexualidad masculina. El presente art\u00edculo ofrece una cr\u00edtica de algunos aportes que la teor\u00eda psicoanal\u00edtica postula sobre la homosexualidad masculina. 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