- Se alzan ciudadanos exigiendo seguridad, campesinos, productores, presidentes municipales, transportistas y maestros con diversas causas ¿Qué pasa?
28.11.2025. Ciudad de México.- La serie de revueltas sociales que se han registrado en México en los últimos meses, desde bloqueos carreteros hasta irrupciones en sedes gubernamentales, revela una nueva fase de movilización ciudadana que atraviesa los tres niveles de gobierno.
Estos episodios no responden únicamente a demandas sectoriales, sino que expresan una reconfiguración del poder social que fue alentada por el propio discurso de la Cuarta Transformación impulsada por Morena, y que hoy desborda los márgenes institucionales que pretendían contenerlo.
Uno de los ejemplos más contundentes fue el paro nacional de campesinos, agricultores y transportistas, quienes durante cuatro días bloquearon carreteras federales y puentes fronterizos en al menos 20 estados del país.
La protesta, articulada en torno a la exigencia de una ley de agua digna, Seguridad en el campo, alto a las extorsiones, precios justos, subsidios al diésel y freno a las importaciones, evidenció no solo la precarización del campo mexicano, sino también la capacidad de coordinación territorial entre sectores históricamente fragmentados.
Lo que distingue esta oleada de movilizaciones es la presencia activa de la generación Z, jóvenes que crecieron bajo el discurso de transformación, justicia social y participación directa.
Acompañados por sus padres y abuelos salieron a las calles para ser reprimidos, muchos de ellos beneficiarios de programas sociales o activistas de ciclos anteriores, esta nueva generación ha comenzado a organizarse en redes locales, digitales y comunitarias, articulando demandas que van desde el acceso a la tierra, a la vivienda, al trabajo, hasta un futuro seguro para poder desarrollarse.
La paradoja que enfrenta el proyecto de la Cuarta Transformación es que su narrativa de empoderamiento popular ha despertado una ciudadanía que ya no se conforma con la representación vertical, ni con los ritmos institucionales.
El pueblo que fue llamado a tomar el poder, hoy exige ejercerlo directamente, incluso cuando eso implica confrontar a gobiernos emanados del mismo movimiento que lo convocó.
En municipios rurales, comunidades indígenas, colonias urbanas y redes estudiantiles, se multiplican los espacios de deliberación autónoma, donde se cuestiona la gestión local, se fiscaliza el gasto público y se exige rendición de cuentas.
Esta dinámica ha generado tensiones con autoridades estatales y federales, que en algunos casos han respondido con criminalización o descalificación política, sin reconocer que se trata de una expresión legítima de soberanía popular.
La Cuarta Transformación, en su afán de democratizar el poder, abrió una puerta que ya no puede cerrar: la del ejercicio directo, territorial y generacional del pueblo organizado. Los estallamientos sociales no son anomalías, sino síntomas de una ciudadanía que ha dejado de esperar y que ahora actúa, exige y transforma desde abajo.


