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El cuidado limita oportunidades y perpetúa desigualdad en mujeres mexicanas

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El cuidado limita oportunidades y perpetúa desigualdad en mujeres mexicanas

Las responsabilidades de cuidado afectan las oportunidades de estudio y empleo de las mujeres en México. El Centro de Estudios Espinosa Yglesias (CEEY) advierte que estas labores no solo sostienen la vida cotidiana de millones de familias, sino que también perpetúan la pobreza.

En el marco del Día Internacional del Trabajo Doméstico, que se conmemora cada 22 de julio, el CEEY hizo un llamado a la creación de un Sistema Nacional de Cuidados. Este sistema es crucial para garantizar el acceso a la seguridad social de las personas cuidadoras, ya que el cuidado es un factor clave que frena la movilidad social en el país.

El informe titulado “Movilidad social y cuidados: un vínculo inseparable” revela que la organización del cuidado impacta significativamente las oportunidades de vida. Las responsabilidades de cuidado afectan el tiempo disponible, el acceso al empleo, la educación y el bienestar físico y emocional de quienes las realizan, una carga que recae mayormente sobre las mujeres.

Mónica Orozco Corona, investigadora asociada del CEEY, destacó que por cada hora de trabajo remunerado se requiere otra hora de trabajo doméstico y de cuidados. Esta realidad, aunque invisible para la economía, es esencial para el funcionamiento de las actividades productivas.

Los datos del CEEY muestran que quienes asumen tareas de cuidado enfrentan más obstáculos para mejorar su situación económica. Entre las personas que nacieron en hogares de bajos recursos, el 73% de las cuidadoras permanece en los dos estratos más bajos de ingresos, en comparación con el 64% de quienes no realizan estas labores. Solo el 3% de las cuidadoras logra alcanzar el nivel económico más alto.

Además, el estudio estima que al menos el 44% de la desigualdad en los ingresos se debe a factores fuera del control de las personas, siendo el cuidado un contribuyente del 9%. Entre quienes realizan labores de cuidado, las condiciones de origen explican el 52% de la desigualdad de ingresos, frente al 37% en quienes no cuidan.

La investigación también indica que las responsabilidades de cuidado limitan la educación y el empleo. Las personas cuidadoras cuyos padres solo cursaron la primaria tienen menos probabilidades de alcanzar estudios profesionales. La participación laboral se ve afectada, especialmente en el cuidado de adultos mayores o cuando la persona es la cuidadora principal.

El informe resalta que el 76% de las personas cuidadoras son mujeres, y casi la mitad de ellas está fuera del mercado laboral. Además, los roles de género se transmiten entre generaciones: el 37% de las hijas de mujeres dedicadas al trabajo de cuidados no remunerado terminan realizando la misma actividad, mientras que esta proporción es solo del 0.4% entre los hombres.

La falta de servicios públicos de cuidado profundiza la desigualdad y mantiene a las familias en condiciones de pobreza. Las personas en localidades con servicios de cuidado tienen más probabilidades de mejorar su situación económica. Contar con servicios para adultos mayores o personas con discapacidad incrementa en un 53% la posibilidad de que las cuidadoras salgan de los estratos de menores ingresos.

El CEEY concluye que construir un Sistema Nacional de Cuidados es una medida de justicia social para las mujeres y una estrategia necesaria para reducir la desigualdad, fortalecer la movilidad social y garantizar el derecho de todas las personas a cuidar, recibir cuidados y autocuidarse.

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