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Xalapa, Ver., En México, sobrevivir a una quemadura grave es apenas el inicio de una travesía marcada por cicatrices físicas, emocionales y estructurales. Aunque existen centros especializados como el CENIAQ en Ciudad de México, miles de personas enfrentan una segunda batalla: acceder a la rehabilitación posthospitalaria en un sistema fragmentado, centralizado y desigual.
Tras la explosión de una pipa de gas LP en el Puente de La Concordia, decenas de personas fueron hospitalizadas con quemaduras de tercer grado. Algunas presentaban hasta el 98% de superficie corporal quemada. El Instituto Nacional de Rehabilitación (INR) activó sus servicios quirúrgicos, de terapia intensiva y consulta externa, pero la demanda superó la capacidad instalada: apenas 20 camas en subagudos, dos quirófanos y tres consultorios para todo el país.



