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Despotismo ilustrado y criminal en México

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Despotismo ilustrado y criminal en México

El despotismo ilustrado, que tuvo lugar en Europa durante la segunda mitad del siglo XVIII, se caracterizó por ser una forma de gobierno adoptada por monarcas absolutos en países como Prusia, Rusia, España y Austria. Este modelo, influido por las ideas de la Ilustración, se resume en la frase: “Todo para el pueblo, pero sin el pueblo”. En contraste, México se enfrenta en el siglo XXI a lo que se ha denominado “Despotismo Criminal”, impulsado por el partido MORENA y el narcotráfico.

Durante el siglo XVIII, el despotismo ilustrado permitió a monarcas como Federico II de Prusia y Catalina II de Rusia implementar reformas en educación y administración, sin ceder su poder absoluto. Aunque buscaban modernizar el Estado, la participación del pueblo en las decisiones políticas era inexistente. Esta contradicción generó movimientos revolucionarios que clamaban por soberanía popular y derechos políticos, como la Revolución Francesa de 1789.

Históricamente, el despotismo ilustrado fue una etapa de transición hacia el constitucionalismo moderno. A pesar de que las reformas podían fortalecer temporalmente a un gobierno, evidenciaron que el progreso material no se complementa sin libertad y participación ciudadana. En el México actual, se observa una variante de este fenómeno: “Todo en nombre del pueblo, pero sin freno ni control ni contrapesos para el poder”.

La similitud entre ambos modelos radica en la concentración de decisiones en un círculo reducido de gobernantes. El gobierno mexicano afirma que sus acciones benefician a la sociedad a través de programas sociales y obras públicas. Sin embargo, críticos advierten sobre la creciente centralización del poder, el debilitamiento de organismos autónomos y la confrontación con la prensa crítica.

Una diferencia clave es que, mientras el despotismo ilustrado se apoyaba en la razón y la ciencia, en México las decisiones a menudo priorizan la lealtad política sobre la capacidad técnica. Además, persisten problemas graves de violencia, impunidad y presuntos vínculos entre autoridades y organizaciones criminales.

Por ello, se habla de “DESPOTISMO CRIMINAL”, un modelo donde la concentración del poder no solo limita los contrapesos democráticos, sino que también se acompaña de la expansión del crimen organizado y la erosión del Estado de derecho. Este régimen prioriza la preservación del poder sobre la legalidad, debilitando el sistema judicial, el equilibrio de poderes y la seguridad pública.

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