Guadalupe Taddei ha sido señalada como la villana del momento, especialmente por parte de los morenistas, tras la revelación de sus supuestos excesos de corrupción. La presidenta Sheinbaum la acusó de traición y ha intentado demostrar que Taddei, quien preside el INE, no tiene vínculos con el partido oficial. Su enfoque ha sido criticado como un intento de desviar la atención de sus propias responsabilidades.
El Gobernador de Sonora, Arturo Durazo, quien ha sido un defensor de Taddei, hizo declaraciones que la complicaron aún más. Durante una rueda de prensa, intentó exonerarla al afirmar que la familia Taddei no es un clan en el gobierno de la 4T, pero terminó mencionando a varios familiares que ocupan cargos importantes, lo que contradice su defensa.
Por otro lado, Alfonso Ramírez Cuéllar, diputado federal y fundador de Morena, ha solicitado que Taddei enfrente consecuencias legales, rompiendo con la tradición del partido de proteger a sus miembros en casos de corrupción.
Las facciones dentro de Morena están utilizando el caso de Taddei para acusar a sus opositores internos, lanzando acusaciones sin pruebas concretas, lo que refleja una estrategia de descalificación. En la región, algunos actores políticos que emergieron en el sexenio anterior buscan posicionarse al involucrar a quienes están cerca del poder actual en supuestos negocios turbios con Taddei.
A medida que se despliegan las acusaciones, la situación revela no solo las irregularidades de Taddei, sino también la desesperación de otros por recuperar un poder que parece haber desaparecido. La historia, sin embargo, no suele ofrecer segundas oportunidades a quienes abusan de su posición.
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