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Cien años de la Guerra Cristera en México

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Cien años de la Guerra Cristera en México

El año 2026 marcará el centenario del inicio de la persecución religiosa en México, impulsada por el gobierno del presidente Plutarco Elías Calles. Este conflicto, conocido como la Guerra Cristera o Cristiada, comenzó en los primeros años de la posrevolución, tras la Revolución Mexicana que estalló el 20 de noviembre de 1910. La Cristiada tuvo su primer periodo intenso entre 1926 y 1929, seguido de un segundo periodo menos significativo entre 1931 y 1935.

La relación entre la Iglesia y el Estado en México ha sido históricamente compleja. Desde el siglo XV, el papado y la Corona hispánica firmaron acuerdos sobre asuntos en América. En el siglo XVIII, se comenzaron a explorar posturas anticlericales, y hace 259 años, Carlos III expulsó a la Compañía de Jesús. Durante la independencia, José María Morelos estableció que la nación sería “católica, apostólica y romana”, manteniendo esta identidad hasta la Constitución de 1857, que redujo la influencia de la Iglesia en el Estado.

El conflicto se intensificó durante el segundo mandato de Calles, quien buscó aplicar de manera estricta el artículo 130 de la Constitución de 1917, que regulaba las actividades del clero. Este periodo coincidió con la fundación de la Unión Soviética, un contexto de polarización ideológica. El secretario de Gobernación, Adalberto Tejeda Olivares, no logró contener la crisis, que desembocó en una guerra civil de casi tres años.

La *Ley Calles*, expedida el 14 de junio de 1926, limitó severamente la influencia de la Iglesia, estableciendo restricciones como el registro obligatorio de sacerdotes y la prohibición de escuelas católicas. La respuesta de la Iglesia fue inmediata: el 31 de julio de 1926, se suspendió todo culto público y se cerraron los templos en el país, medida que se mantuvo hasta 1929. El Papa Pío XI condenó la política de Calles y alentó a los católicos a resistir.

La Liga Nacional Defensora de la Libertad Religiosa organizó boicots y reunió dos millones de firmas en protesta. Ante la falta de respuesta del gobierno, el conflicto escaló a una guerra civil que dejó entre 70,000 y 100,000 muertos, principalmente en Jalisco, Guanajuato, Michoacán y Zacatecas. Los cristeros lucharon bajo el lema “Viva Cristo Rey y Santa María de Guadalupe”, convencidos de que defendían su fe contra un Estado opresor.

Figuras como San Rafael Guízar y Valencia, quinto obispo de Veracruz, se destacaron por su valentía pastoral, manteniendo el Seminario en funcionamiento clandestinamente y guiando a su comunidad en tiempos difíciles.

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