Tres semanas contra el olvido: familias desafían lodo, miedo y agotamiento en la búsqueda de sus desaparecidos
**Entre jornadas reducidas, terrenos hostiles y la incertidumbre permanente, integrantes del Grupo de Búsqueda Coralillo mantienen viva la esperanza de localizar a sus seres queridos y devolverles la dignidad que les fue arrebatada.
Región de Las Altas Montañas, Ver.- Mientras gran parte de la sociedad continúa con su vida cotidiana, decenas de familias veracruzanas libran una batalla silenciosa en cerros, cañales, terrenos abandonados y parajes cubiertos de maleza. Son madres, padres, hermanos e hijos que han convertido el dolor de una desaparición en fuerza para seguir adelante. Durante las últimas tres semanas, integrantes del Grupo de Búsqueda Coralillo, perteneciente al Colectivo Familias de Desaparecidos Orizaba-Córdoba, han recorrido extensas zonas de los municipios de Cuitláhuac y Río Blanco en una incansable búsqueda que se sostiene únicamente por el amor y la esperanza.
Bajo la lluvia, entre lodo, piedras, espinas y caminos prácticamente inaccesibles, las familias han enfrentado condiciones extremas para continuar con la localización de personas desaparecidas. Las jornadas, realizadas del 11 al 13 de mayo en Cuitláhuac, del 20 al 22 de mayo en Río Blanco y nuevamente del 27 al 29 de mayo en ese mismo municipio, representan mucho más que simples operativos de rastreo: son una muestra de resistencia humana frente a una de las crisis más dolorosas que vive el país.
Cada paso dado en el campo implica riesgos constantes. Los integrantes del colectivo deben soportar largas caminatas, agotamiento físico, caídas, lesiones, así como la presencia de víboras y otros animales ponzoñosos que habitan en las zonas de búsqueda. Sin embargo, para quienes llevan años esperando noticias de un ser querido, el cansancio pasa a segundo plano.
“Cuando el amor por un hijo, una hija, un hermano o un padre es tan grande, no existe dolor, clima ni peligro que detenga esta lucha”, expresan integrantes del grupo, quienes aseguran que cada recorrido está impulsado por la esperanza de encontrar respuestas y ofrecer algo de paz a familias que viven con el alma rota.
Además de las dificultades naturales del terreno, los colectivos enfrentan una realidad que complica aún más sus labores: la reducción de los tiempos destinados a las búsquedas.
Lo que anteriormente podía desarrollarse durante una semana completa, actualmente suele limitarse a los últimos días de la semana, situación que obliga a suspender diligencias incluso cuando existen indicios positivos que podrían derivar en hallazgos relevantes.
Para las familias, esta situación significa prolongar la incertidumbre y posponer respuestas que llevan años esperando.
A pesar de ello, los integrantes del Grupo Coralillo continúan colaborando activamente en las tareas de campo. Son ellos quienes participan en la limpieza de terrenos, la apertura de brechas, el retiro de maleza y la realización de pozos de sondeo, labores que muchas veces se desarrollan bajo condiciones sumamente complejas.
Antes de iniciar cada jornada, las familias forman un círculo, se toman de las manos y elevan una oración.
Es un momento de recogimiento en el que piden fortaleza, protección y guía para encontrar a quienes un día fueron arrancados de sus hogares y que continúan siendo esperados por sus seres queridos.
En esas oraciones convergen el dolor, la esperanza y la fe. Hay madres que buscan a sus hijos, hermanos que buscan a sus hermanas y padres que se niegan a aceptar el silencio como respuesta.
“Ya te encontramos, ya estás en casa”, es la frase que sueñan pronunciar algún día.
La espiritualidad se ha convertido en un pilar fundamental para enfrentar el desgaste emocional que implica recorrer lugares donde podrían encontrarse rastros de quienes desaparecieron sin dejar huella.
La búsqueda no comienza cuando las familias llegan al terreno. Detrás de cada salida existe un trabajo previo que pocas veces es visible.
Palas, picos, machetes, rastrillos y vehículos son preparados cuidadosamente antes de cada jornada. Al finalizar, todo debe limpiarse, acomodarse y quedar listo para la siguiente salida.
Para quienes participan en estas labores, las herramientas han adquirido un significado distinto., “Jamás imaginamos sostenerlas, pero hoy se han convertido en una extensión de nuestro amor”.
Cada herramienta representa la posibilidad de encontrar respuestas, remover el silencio y acercarse a la verdad. Son instrumentos que simbolizan el compromiso de seguir buscando hasta localizar a quienes permanecen ausentes.
Uno de los acontecimientos más significativos durante estas semanas ha sido la incorporación de nuevas familias al Grupo de Búsqueda Coralillo.
Aunque la llegada de nuevos integrantes refleja una realidad dolorosa, el aumento de personas desaparecidas y de familias afectadas por esta problemática, también fortalece la red de apoyo que se ha construido entre quienes comparten la misma lucha.
Cada nueva familia aporta fuerza, solidaridad y la convicción de que la búsqueda debe continuar hasta encontrar a todos aquellos que siguen siendo esperados en casa.
Para quienes participan en estas jornadas, la búsqueda va mucho más allá de localizar restos humanos o posibles sitios clandestinos. Buscan respuestas para terminar con años de incertidumbre. Buscan devolver identidad y dignidad a quienes desaparecieron. Buscan que ninguna familia tenga que seguir preguntándose qué ocurrió con sus seres queridos.
Y aunque el cansancio se acumule, aunque las jornadas sean cada vez más limitadas y aunque las condiciones del terreno representen un desafío permanente, la determinación permanece intacta.
Porque detrás de cada búsqueda existe una historia de amor que se niega a rendirse. Mientras haya una madre esperando a su hijo, un padre esperando a su hija o una familia aferrada a la esperanza, las brigadas del Grupo de Búsqueda Coralillo seguirán caminando entre la maleza, el lodo y la incertidumbre.
No buscan por obligación. Buscan porque alguien los espera. Buscan porque cada persona desaparecida merece ser encontrada. Y porque, para estas familias, la esperanza sigue viva.
